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La cárcel que nos parió

La serie Orange is the new black pone en debate la utilidad de las cárceles. Esta “comedia dramática” habilita a pensar una situación que excede a los Estados Unidos. En Argentina el sistema carcelario dista mucho de resolver los problemas de los reclusos.

centralDeclararse abolicionista es una cuestión de principios. Se discute tanto a la cárcel que podría ser un comodato de debate que parece el cuento de la buena pipa. No termina, se reformula. Pocas veces se pregunta si sirve. La respuesta parece indicar que no.

El cinismo humano empieza con un crimen y termina en su castigo, con otro.

¿Por qué ver Orange is the New Black? Quizás el principal motivo sea porque constituye una radiografía tragicómica de los que son las cárceles norteamericanas y las nuestras.

Alrededor del año 1620, unos calabozos adosados al Cabildo hacían una suerte de recinto para castigar y visibilizar a los delincuentes de la época. Pero el Servicio Penitenciario Federal es un jovencito de apenas de 84 años, sí, nació después que Mirtha Legrand.

El encierro viene siendo sinónimo de castigo. La justicia queda lejos cuando la venganza es protagonista. Nadie creería que se está cuidando la vida de una persona cuando, según afirman los detenidos, desde la alimentación hasta los medicamentos son una suma de genéricos escasos y en mal estado.

Orange is The New Black, en forma de comedia liviana, crea una antesala de guiones y giros ideológicos que rozan con la perfección de la denuncia. Tras varios personajes que representan cada casta social estadounidense, muestran al clan negro, latino y blanco. Tampoco falta la transexual ni las personas con problemas psiquiátricos. Cada estrato sociocultural y económico está detallado.

Orange is The New Black crea una antesala de guiones y giros ideológicos que rozan con la perfección de la denuncia.

En esa lucha por la supervivencia carcelaria se imprimen varios mensajes, el principal: la prisión no sirve. Caducó. La cárcel ha muerto (¿Nietzsche dixit?)

En una serie que podría parecer naif a los ojos de algún dormilón, que usa Netflix de arroró, se discuten la corrupción carcelaria, el abuso de poder, el incumplimiento de los derechos humanos, las causas armadas, los presos inocentes y hasta la circularidad de los privados de su libertad. Sí, la famosa puerta giratoria, pero no entendida como “entran, pero salen”, sino más bien como “son casi siempre los mismos, los que entran y vuelven a entrar”.

PUERTA GIRATORIA

Orange Is The New Black S4

Esta idea se refuerza con la historia de Taystee, una negra abandonada que es adoptada por una traficante de heroína que, al obtener la libertad, decide delinquir para volver a la penitenciaría Litchfield, su segundo hogar. Afuera no tenía dónde vivir. ¿Parece cercano? Lo es. Según el Sistema Nacional de Estadísticas Sobre Ejecución de la Pena (SNEEP) más de 12 mil personas privadas de su libertad son reincidentes.

Al principio de la serie y en el medio dos reclusas, una primero, la otra después, están embarazadas. No hace falta indagar demasiado en el contexto ficcional, tampoco es la idea spoilear. Pero ambas son retenidas en sus celdas hasta que tienen las últimas dilataciones, apenas seis horas después de haber tenido a sus bebés, se los entregan a sus familias y los pueden ver, con suerte, en las horas de visitas.

Por el contrario, en Argentina el sistema penal les permite a las reclusas tener a sus hijos con ellas. Un total de 140 mujeres conviven en la cárcel con sus niños hasta que ellos cumplen 4 años.

En Litchfield, no está permitido ningún tipo de contacto físico. Sin embargo, la vulnerabilidad de los muros hace que las relaciones entre pares proliferen, y los guardias no están exentos. Oficiales que aceptaron el trabajo con preparación nula para afrontar en ese contexto. Violaciones, golpes, vejaciones y amenazas de parte de las autoridades, son repetidas a lo largo de las 4 temporadas. ¿Coincidencia?, ¡bingo!

El Servicio Penitenciario Bonaerense lidera las denuncias. Cómo no recordar cuando el ex vice gobernador Gabriel Mariotto visitó en 2012 la Unidad Penitenciaria 47 del Complejo Penitenciario Conurbano Norte y recibió como souvenir “una gigantesca cuchilla y dos facas y acusaron de proveérselas a dos subdirectores de la Unidad Penitenciaria 47”, según relató Horacio Verbitsky,

TRAGICOMEDIA

argentina-carcelEl ingrediente más exacerbado de esta serie que ha sido categorizada como una “comedia dramática” es la corrupción. El fantasma que recorre el mundo: las cárceles privadas. A través de una empresa llamada Management & Correction Corporation se maneja lo que entra y sale de Litchfield. En la ficción, a la gerencia no le tiembla el pulso a la hora de bajar el presupuesto en alimentos, atención médica, toallas femeninas, infraestructura, y como si eso no alcanzara, duplica el cupo de privadas de su libertad generando un hacinamiento promotor de enfermedades, disputas por espacios y negligencia penitenciaria. ¡Alcoyana-Alcoyana!

El ingrediente más exacerbado de esta serie que ha sido categorizada como una “comedia dramática” es la corrupción.

Volviendo a la cruda realidad, otro caso memorable, acaecido a principios de 2016 fue el de Alejandro Moreira González, que a los 30 años murió de tuberculosis, una enfermedad medieval, en la Unidad 37. Según denunció su abogada Karina Valenti (a quién por un tiempo le prohibieron el ingreso a penales, pero esto ameritaría la escritura de otra nota): “En la presentación se afirmó que `por el accionar arbitrario e ilegítimo de las autoridades provinciales´, este colectivo de personas `estaría sufriendo agravamientos arbitrarios de las condiciones de detención, trato cruel e inhumano´. Entre otras situaciones, se denunciaba la mala alimentación; la superpoblación del Pabellón 1 que tiene dos duchas de las cuales sólo funciona una y apenas tres inodoros para cerca de 70 personas; el maltrato a los internos y a sus familiares durante las visitas; la falta de atención médica y de provisión de medicamentos y las reiteradas obstrucciones al derecho a la educación”.

TRABAJO ESCLAVO

2340624Seguramente quedan afuera muchos puntos de análisis, como el trabajo esclavo (las reclusas cobraban 1 dólar por hora por trabajar en un taller textil instalado en la fábrica para Susurros, una empresa privada). En 2012, en Argentina se presentó una denuncia vinculada a un lavadero industrial donde trabajan 28 personas privadas de la libertad con un salario de $2 por 8 horas de trabajo, donde enfermos mentales de Melchor Romero manipulan por igual material de clínicas privadas, restoranes y hoteles. Los residuos de las clínicas tales como jeringas, gasas ensangrentadas y materia fecal eran clasificados en la Unidad 10, lindante a la Unidad 29. 

El canal Russia Today emitió un informe titulado “Negocio de encarcelar”. Se refiere a las prisiones de Estados Unidos, donde se enuentra el 25% de la población carcelaria mundial. Problemas como hacinamiento, trabajo forzado, falta de educación, administraciones privadas, una población mayoritaria de afroamericanos, y motines, son sólo alguno de los argumentos del informe. Nuevamente cantamos línea en este bingo universal donde los Estados democráticos de casi todo el mundo financian con presupuestos altísimos el encierro de seres humanos.

Uno de los casos sintomáticos en Argentina es el mendocino. En 2016, cada preso le costaba a la provincia cuyana unos 20 mil pesos por mes. Imaginemos en qué condiciones debería estar la penitenciaría y el recluso si ese dinero se administrase como corresponde. Con los impuestos financiamos un supuesto sistema modelo, pero la realidad no muestra más que lo contrario.

Hasta ahí la comedia dramática, o tragicomedia no es más que un cúmulo de anécdotas graciosas, historias atractivas y denuncias. Pero el trasfondo de OITNB es serio, condenable y lastimoso. Su eje podría definirse como: primero chiste, después violación de derechos. La escena final de la última temporada es ejemplificadora de lo que la violencia institucional puede generar. Mírenla. Nada que no conozcamos por estas tierras (Sierra Chica, y otros motines memorables), son la memoria viva de la desidia, el abandono y finalmente lo que la sociedad reclama y aplaude: la venganza.

 

Paula Fortín

Paula Fortín

Periodista. Es locutora radial y especialista en comunicación política. Su twitter es @LaPita14

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