Una Reforma que no apasiona

La muchas veces prometida reforma tributaria fue discutida hace unas semanas por Nicolás Dujovne y el chileno Arenas de Mesa. Los argumentos del ministro argentino advierten lo lejos que estamos de una reforma progresiva en materia fiscal. 

nota-1457220-macri-dujovne-dura-pelea-contra-funcionarios-kirchneristas-hacienda-794569José Natanson, en su nota de opinión publicada en Página 12 “El Macrismo no es un golpe de suerte”, reavivó el debate sobre la caracterización de Cambiemos en el espacio ideológico. Mucho se ha escrito al respecto. El director de Le Monde Diplomatique llevo al clímax la discusión entre los detractores del gobierno y quienes defienden sus políticas. Natanson logro lo que hoy parece imposible en la práctica periodística: no conformó a nadie de los que están de un lado u otro de la “grieta”.

El periodista argumenta allí que :“Cambiemos expresa una nueva derecha: democrática, dispuesta a marcar diferencias económicas con la derecha noventista, y socialmente no inclusiva pero sí compasiva”, haciendo mención al sostenimiento de los programas sociales del kirchnerismo como la Asignación Universal o el Plan Progresar.

Quizás sea por esto que en materia económica resulte más difícil la ubicación de Cambiemos dentro de tal cuadrante ideológico. Más aún si tenemos presente las declaraciones de economistas ultra-liberales como José Luis Espert y Javier Milei, quienes a diario entretienen a los televidentes corriendo por “derecha” al presidente Macri.

Se podrán esperar algunas modificaciones aisladas que conserven la matriz actual de tributación con sus privilegios: es decir, una “reforma” conservadora llevada a cabo por un gobierno que, en la comparación regional, podemos calificar tranquilamente como “neoliberal”.

Sin duda resulta infructuoso y un anacronismo (así lo deja en claro de manera brillante Natanson) hacer un paralelismo entre el gobierno de Mauricio Macri y el del ex presidente Carlos Menem. En tal sentido, Cambiemos no es tajantemente un regreso a los noventa. No solo las condiciones del mundo son otras – y son hoy un fuerte limitante-, sino también estructuralmente el país es diferente al recibido por el menemismo a finales de los  años 80. Como se suele decir en el ámbito científico: llegar a esta conclusión requiere forzar los hechos hasta que confiesen.

Si dejamos por un momento de lado el ombliguismo que habitualmente practicamos los argentinos, y observamos lo que sucede en el mundo, podremos efectuar una comparación con otros gobiernos que actualmente se encuentran en ejercicio del poder y así poder darle un marco ideológico que nos permita comprender en cierta medida al nuestro. Esto puede verse con claridad si abordamos un tema central a la economía como es el de la reforma tributaria.

El miércoles 23 de agosto participé en la conferencia “Sostenibilidad Fiscal y Reformas Tributarias en América Latina” organizada por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), que tuvo como expositores al Ministro de Hacienda de la Nación, Nicolás Dujovne, y al ex Ministro de Hacienda de Chile, Alberto Arenas de Mesa.

Arenas de Mesa fue el responsable de llevar adelante la prometida reforma tributaria de la Presidenta Socialista de Chile, Michele Bachelet, en el año 2014 y actualmente se desempeña como asesor regional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

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En su exposición de poco más de media hora hizo una detallada descripción de la coyuntura de América Latina y el condicionamiento que tiene la misma para cualquier reforma que se pretenda encarar.

Explicitó los objetivos que tuvo la reforma tributaria en el vecino país, los cuales me parece importante mencionar sin entrar por ahora en la discusión de si lograron ser alcanzados. Estos fueron: aumentar la recaudación, disminuir la evasión y mejorar la distribución del ingreso. Para ello se realizaron modificaciones en los impuestos directos (los que gravan a las personas y las empresas), se aumentaron los tributos que gravan las transacciones financieras, y se incrementaron los incentivos al ahorro y a la inversión de las pymes.

En definitiva, para Arenas y el actual Gobierno de Chile el sistema tributario no es neutro ni debe serlo. Es un instrumento de la Economía Política para disminuir la desigualdad en un continente que tiene el triste récord de ser uno de los más desiguales de la Tierra.

Cuando se analiza la exposición de nuestro Ministro de Hacienda, las diferencias son notables y se evidencian a simple vista. En primer lugar, no puedo dejar de mencionar que Nicolás Dujovne aún parece tener puesto el traje de columnista del diario La Nación. Esto lo digo porque lo que uno espera de un ministro no es una mera descripción de la realidad sin sustento estadístico. Creo estar en lo correcto al esperar de un Ministro de la Nación la enunciación de objetivos concretos y claros, en definitiva cuantificables, que formen parte de un programa económico capaz de ser auditado.

Dejando de lado la rigurosidad y solvencia técnica -o falta de ella- de la exposición de Dujovne, el ministro en funciones no dijo nada trascendente respecto a la futura reforma tributaria de la que tanto se viene hablando desde su asunción por el mes de enero de 2017.  Simplemente se limitó a señalar su preocupación por el déficit fiscal (en este punto aseguró que no se puede resolver de otra forma que no sea gradual) y la necesidad de combatir los paraísos fiscales.

Además anunció el envió al Congreso de un nuevo pacto fiscal con las provincias que pondría un tope al gasto público local. También recalcó que Argentina tiene un sistema tributario “desordenado y volátil”. En este sentido dijo que se necesita discutir una reforma tributaria de manera “desapasionada que ponga el acento en la eficiencia y neutralidad del sistema”: eliminando exenciones, generalizando alícuotas y disminuyendo la presión tributaria respecto del PBI.

Durante la gestión de Cambiemos se inició un proceso gradual de extinción del impuesto a los bienes personales, se derogaron las retenciones a la minería y se eximieron del pago de ganancias la distribución de dividendos.

Aquí me quiero detener. ¿Es posible un sistema tributario neutro? O mejor dicho: ¿es deseable un sistema tributario que no influya en las decisiones económicas de las personas y las empresas?

Claramente se observa una marcada diferencia de visión con respecto a la posición del economista Alberto Arenas de Mesa y su reforma tributaria chilena. Una diferencia ideológica en cuanto a la concepción de la economía y su relación con la política.

A partir de la publicación de El Capital en el Siglo XXI (FCE, 2014), best seller del economista francés Thomas Piketty, quedo demostrado que el capitalismo tiende a la concentración de la riqueza. En este sentido, los tributos (fundamentalmente los impuestos directos) deben ser una cuestión medular a discutir para asegurar una sociedad menos desigual.

Los impuestos condicionan la vida de las personas hasta en la decisión económica más insignificante que ellas toman. En el sistema capitalista en el que vivimos, son el instrumento -quizás el único o al menos el más potente- que tiene garantizado el Estado por la Constitución Nacional para limitar el ejercicio del derecho de propiedad en beneficio del bienestar social. La creencia de que los tributos deben ser “neutros” es en esencia una premisa de la ortodoxia económica.

Desde la Comisión de Economía del Partido Socialista creemos que el sistema tributario debe propiciar las actividades productivas en detrimento de las rentísticas alentando la producción y el trabajo; privilegiar el consumo popular en lugar del consumo suntuoso que habitualmente demanda divisas; desalentar las actividades nocivas para la salud y el ambiente y castigar los monopolios y toda otra práctica que lesione la competencia.

En nuestro país, el impacto de la carga tributaria recae fundamentalmente sobre la clase media. Como bien saben los dueños de las pymes y los consumidores, tenemos un sistema tributario anti-empresa y sostenido en los impuestos indirectos que gravan el consumo. Cualquier estudiante novel de Ciencias Económicas sabe que esto último trae como consecuencia un sistema regresivo.

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Teniendo presente este punto de vista, resulta interesante continuar con la comparación de visiones poniendo el ojo en los conceptos que no estuvieron presentes en la exposición de Dujovne y sí en la de Arenas. En ninguno momento nuestro ministro menciona a la progresividad. Esta se asienta en un principio fundamental de la tributación últimamente olvidado: la capacidad contributiva. Vale aclarar que este principio no se funda como muchos creen en la solidaridad, sino que se sustenta en la premisa de que quienes más tienen son los que más se ven beneficiados por los servicios del Estado, quien es, en definitiva el encargado de asegurar la protección de la propiedad privada. Hacer cumplir este derecho tiene un costo: quienes más tienen más deben pagar.

Dujovne tampoco habló de los impuestos directos. De manera contraria Arenas de Mesa afirmó que “el impuesto a la renta en América Latina requiere un cambio estructural, […] necesitamos discutir los impuestos directos”, y concluyó: “hoy en América Latina los impuestos indirectos (por ejemplo el  IVA) representan más de la mitad de la recaudación, esto debe ser invertido”.

Podrán pensar que hay cierto prejuicio en el análisis, pero la evidencia empírica de los cambios en materia tributaria introducidos por el gobierno el año pasado explican por sí solas las omisiones del ministro Dujovne. Se inició un proceso gradual de extinción del impuesto a los bienes personales, se derogaron las retenciones a la minería y se eximieron del pago de ganancias la distribución de dividendos.

Dejando de lado la rigurosidad y solvencia técnica -o falta de ella- de la exposición de Dujovne, el ministro en funciones no dijo nada trascendente respecto a la futura reforma tributaria de la que tanto se viene hablando.

Finalmente pude hacerle una consulta a nuestro Ministro de Hacienda. Teniendo en cuenta que el presidente Mauricio Macri en sus discursos pone el eje en la igualdad de oportunidades, la cultura del trabajo y la construcción de una sociedad basada en el merito; le pregunte como evaluaba la restitución del impuesto a la herencia en argentina (eliminado en 1976). Su respuesta fue la siguiente “el impuesto a la herencia es un instrumento interesante, muy justo para la teoría pero muy fácil de eludir para los sectores más ricos”. En definitiva fue un no concluyente y un reconocimiento implícito de la ineficiencia del Estado para controlar a los más poderosos. Como explica Natanson: “el macrismo es un caso asombroso de herederos meritócratas”.

La mayoría de los países desarrollados tienen impuesto a la herencia: Reino Unido, Francia, España ¡incluso Estados Unidos! Estos países cuentan con un tributo que grava la transmisión gratuita de bienes. Pero no solo estas naciones privilegiadas del globo lo usan como instrumento para reducir la desigualdad y propiciar la movilidad social: en nuestra región Chile, Ecuador y Uruguay también lo tienen legislado.

En síntesis, queda claro que, cuando corremos el velo del marketing y comparamos experiencias latinoamericanas progresistas que son exitosas, la reforma que “sugiere” el Ministro de Hacienda lejos esta de ser un cambio profundo que mejore la progresividad y aliente la producción. En todo caso, se podrán esperar algunas modificaciones aisladas que conserven la matriz actual de tributación con sus privilegios. Es decir, una “reforma” conservadora llevada a cabo por un gobierno que, en la comparación regional, podemos calificar tranquilamente como “neoliberal”.

Javier Vicens

Javier Vicens

Licenciado en Economía (Universidad Nacional de Río Cuarto). Docente de Nivel Medio en la Provincia de Córdoba. Miembro de la Comisión Técnica de Economía del Partido Socialista.

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