María Riot: puta y feminista

Existen, sí. Las niegan y repudian, pero ellas se plantan. Buscan visibilizarse y conseguir derechos. Cuestionan, interpelan, dividen: incluso a importantes sectores del movimiento feminista que busca abolir la prostitución.

5903dedee2032_1420_Las “putas feministas” son un movimiento complejo, atravesado por discusiones de rigor moral, filosófico y político.  En ese universo, nuevas referentes se plantan y buscan ser la voz de las “trabajadoras sexuales”. Los cuestionamientos hacia ellas no cesan. En una sociedad capitalista y, sobre todo, patriarcal: ¿trabajar con tu cuerpo surge por necesidad o por disfrute? ¿es empoderamiento? ¿facilita o habilita la trata de personas?

María Riot es prostituta, trabaja desde los 21 años y, además, es actriz pornográfica: “Empecé con webcams. Antes de eso tuve trabajos comunes, en un call center, además tenía dos trabajos para poder ir a la facultad. Pero trabajaba para subsistir y, encima, viajar mucho, porque no vivía en Capital y con una carrera muy cara como Diseño de Indumentaria. Todo me costaba” cuenta.

Su “salida del closet laboral”, dar a conocer su modo de vida y el apoyo incondicional que le diera su familia, fueron un incentivo para empezar a militar los derechos de las trabajadoras sexuales.

“No fue fácil. Cuando recién empecé me sentía muy hipócrita conmigo misma, de que mis padres no sepan de que vivía, pero por suerte vi otros casos, como el de Georgina Orellano, y la aceptación que tiene por parte de su hijo y me animé, lo conté y fue un alivio. Fue también empezar a concebirme como una trabajadora más y también, a partir de esto, saber que somos un colectivo que tiene muchas demandas y debe ser escuchado”.

“La contradicción es ser feminista y no apoyar la lucha de derechos de las trabajadoras sexuales. En un mundo capitalista, todos los trabajadores ponen el cuerpo, nosotras utilizamos nuestra genitalidad”.

María se autopercibe como una “puta feminista”, lo que para muchas personas parece una contradicción. Lo asume como una manifestación que es, por supuesto, también política.

“Para muchos sectores parece que existirían feministas buenas y las malas. La rama abolicionista de este movimiento siempre pretende invisibilizarnos e incluso nos denostan con descalificaciones a nuestra persona, pero existimos y queremos también tener derechos” dice Riot que, junto a Georgina Orellano, se convirtieron en las voces más visibles de este sector. Nucleadas en AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina), buscan un mayor reconocimiento legal a sus derechos y protección frente a la violencia institucional que sufren las prostitutas que trabajan en las calles.

Desde el año 1995, AMMAR se sumó a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), lo que, para ellas, significó el fin de la auto-marginación: “a partir de eso pudimos reconocernos a nosotras mismas como trabajadoras, hoy son casi siete mil trabajadoras afiliadas en todo el país”.

Desde 1997, AMMAR también integra la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex), que tiene como objetivo apoyar y fortalecer a las organizaciones de mujeres trabajadoras sexuales en la defensa y promoción de sus derechos humanos. La Red está integrada  por organizaciones de 15 países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Republica Dominicana y Uruguay.

DERRIBANDO MITOS Y PREJUICIOS

20121496_1513855372006160_7875142244537054893_o¿Una prostituta que opta por ser trabajadora sexual puede ser considerada, en sentido estricto, una trabajadora? ¿Se puede ser puta y feminista? ¿Es una víctima más del sistema aunque no se considere como tal? Son estas las preguntas más frecuentes que surgen al intentar desandar y desanudar la complejidad de este tema. María Riot nos cuenta su postura y su verdad.

“La contradicción es ser feminista y no apoyar la lucha de derechos de las trabajadoras sexuales. Si decimos que nuestro cuerpo es nuestra decisión y que todas merecemos vivir sin ser vulneradas, no podemos oponernos a que las mujeres puedan realizar un trabajo que les permite sustentarse sin discriminación y con derechos. En un mundo capitalista, todos los trabajadores ponen el cuerpo, nosotras utilizamos nuestra genitalidad. ¿Por qué no tenemos derechos como cualquier otro?”

“Para muchos sectores parece que existirían feministas buenas y las malas. La rama abolicionista de este movimiento siempre pretende invisibilizarnos e incluso nos denostan”.

La joven de 25 años es influencer en redes sociales y combina su trabajo con su activismo por los derechos de los animales. Recibe muchos elogios y críticas en sus diversas redes sociales y, aunque es una de las voces visibles de la causa de las “putas feministas”, asegura que ocupa ese rol como circunstancia y que es parte de un colectivo. “Recibo críticas, muestras de afecto, de todo. A pesar de la imagen que muchas veces las redes distorsionan, no somos personas privilegiadas, nos cuesta llegar a fin de mes como a todo el mundo y somos trabajadoras. Muchas veces surge un pánico moral por parte de otras feministas, pero son las consecuencias de defender una lucha, y de tomar postura, y plantar una bandera por más derechos. Lo que yo quiero es visibilizar nuestras problemáticas. Yo tuve acceso a educación y a muchas herramientas, nos pasa muchas veces que las compañeras que están en las calles sufren todo tipo de vejámenes. Si la exposición sirve para mostrar eso, es lo que hacemos”.

ESTADO PROHIBICIONISTA

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Para Riot “La lucha contra la trata de personas se tiene que dar desde el Estado, la trata de personas no es lo mismo que el ejercicio libre de la prostitución. Nosotras somos trabajadoras precarizadas, y a nadie se le ocurriría decirle a alguien que trabaja en un taller clandestino que luche contra la trata que hay en su sector (que es muchísimas veces más alto que en la prostitución). Sin embargo, a las trabajadoras sexuales se nos exige que luchemos contra la trata, cuando la realidad es que si existe la trata es porque las putas estamos en clandestinidad y hay personas que se aprovechan de eso para sacar un rédito económico. Habría que ver qué es la trata hoy en día según la ley, qué es lo que cree la gente que es la trata, y si no son las políticas migratorias, la pobreza y la desigualdad donde habría que apuntar para que no exista y no querer eliminar la prostitución. ¿Por qué no van con este cuestionamiento a Fabiana Tuñez, por ejemplo?” se pregunta María Riot y cuestiona el rol de la titular del Consejo Nacional de la Mujer. Aunque aclara: “No idealizamos la prostitución, pero si la consideramos un trabajo, regulado y con derechos”.

 “A las trabajadoras sexuales se nos exige que luchemos contra la trata, cuando la realidad es que si existe la trata es porque las putas estamos en clandestinidad”.

Desde AMMAR denuncian la constante persecución y violencia por parte de la policía: “Tal vez la cara visible soy yo, pero detrás de eso tenemos compañeras que intentan trabajar en la calle, que son sometidas a todo tipo de vejámenes, y son a ellas a las que tenemos que resguardar. Muchas no tienen formación o, por miedo, son amedentradas. Por eso nosotras estamos levantando la voz, porque son sometidas a todo tipo de violencias”.

AMMAR centra sus críticas sobre todo en la Ley de Trata de Personas (26.842) sancionada en el año 2012: “Consideramos que esta ley no es buena, ya que mantiene una postura abolicionista. Crea una falsa idea. Se podría hacer un trabajo desde el Estado, ya que esta ley persigue a las trabajadoras, no al tratante. Con esta ley el gobierno quiere controlar los cuerpos: ¿acaso con punitivismo se va a mejorar o vamos a dejar de existir?”.

Existen y se quieren hacer conocer, luchan por sus derechos y cuestionan lo establecido: “El feminismo  que nosotras planteamos viene a cuestionar. Buscamos un cambio estructural y social donde seamos incluidas. Queremos que sea un movimiento que busque mejorar la calidad de vida de nosotras: las putas”.

Foto 2: Vanix Shanti
Lula Gonzalez

Lula Gonzalez

Es periodista. Nació en Salta y vive en Buenos Aires. Cursó estudios de periodismo en ETER, escuela de comunicación.

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