La importancia de llamarse Freddie Mercury

A 71 años de su nacimiento, el recorrido de un cohibido nene africano hasta empezar a convertirse en una estrella de rock

freddie_frontCuando se habla de lugares con historia, indudablemente Zanzíbar merece un apartado. No existe una isla con ese nombre, en realidad es un archipiélago, formado por las islas de Unguja, Mnemba, Tumbatu, Mafia y otras pequeñas islas e islotes. Sin embargo, la principal es Unguja. Tiene como capital a Stone Town y es conocida con el nombre de isla de Zanzíbar. Esta zona pertenece a Tanzania y lleva más de 20.000 años poblada. Uno de sus momentos de auge fue cuando supo ser una parada de viajeros que recorrían África, Arabia e India. Tuvo dos dominios prolongados: primero los portugueses y luego el Imperio Británico. Desde 1913, y durante 50 años, serían estos últimos quienes designarían a las autoridades del lugar.

Todo estalló en diciembre de 1963, cuando Zanzíbar recibió la independencia por parte de Reino Unido, transformándose en una monarquía constitucional. Lo que se suponía una era de estabilidad desembocó en un derrocamiento al mes siguiente. El mismo contó con miles de muertos y obligó a muchos residentes a abandonar la isla. Entre ellos, se encontraba la familia Bulsara.

En marzo de 1964, el matrimonio entre Bomi y Jer Bulsara tomó la decisión de mudarse al Reino Unido. Con ellos, viajaron los dos hijos: Farrokh de 17 años y Kashmira de 11. Para dicha aventura contaron con pasaporte británico, dadas las labores del padre (trabajaba en el Tribunal Supremo del Gobierno Británico). Nunca fueron ricos, pero vivían cómodamente navegando dentro de las aguas de la clase media. Antes de llegar a Europa, el hijo había asistido St. Peter´s Boy’s School, un colegio pupilo en la India. Allí aprendió todo lo que un internado británico podía proveer entonces: deportes (atletismo, boxeo, tenis de mesa), arte (pintura) y música. Fue ahí donde el muchacho logró integrar su primer grupo. Se llamó “The Hectics” y tuvo vida entre 1958 y 1962. En ese período abundaron las fiestas y bailes escolares. El tímido Bulsara jamás salía del piano y maravillaba a todos con su habilidad de reproducir canciones que acababa de escuchar. En ese período ya había adoptado el apodo que le pusieron en la institución educativa: era “Freddie” para todos, inclusive para sus padres.

o-freddie-mercury-photos-facebookSu carácter bonachón y poco descollante estaba relacionado, entre otras cosas, con su formación religiosa. En su familia eran parsis, devotos del zoroastrismo; una de las religiones más viejas con raíces en la antigua Persia. La enseñanza de Zaratustra es esencialmente optimista, ya que afirma que no es difícil elegir lo que es bueno. Su doctrina se centra en las cuestiones relativas a la naturaleza espiritual y moral del hombre, y trata de explicar la condición humana, así como el encuentro del Bien y el Mal. Para Kashmira Bulsara, esa fe impulsó el éxito que tuvo su hermano. Según ella, muchos de los rasgos distintivos de Freddie provenían de ahí, como su “perseverancia, ética laboral y deseo de perseguir un sueño”

Su carácter bonachón y poco descollante estaba relacionado, entre otras cosas, con su formación religiosa. En su familia eran parsis, devotos del zoroastrismo; una de las religiones más viejas con raíces en la antigua Persia.

“El cielo y el infierno”, “el día del juicio final”, “los ángeles y demonios”, así como la idea de “Satanás”, son conceptos que provienen del zoroastrismo. Su idea central se basa en la lucha constante entre la luz y la oscuridad. No es de sorprenderse que el joven arrastrara una cantidad significativa de dualidades. Su homosexualidad (prohibida en Tanzania) y la necesidad de reprimirla. Su costado retraído conviviendo con el perfil descollante de artista que pugnaba por ver la luz. Empezaba a despedirse de Farrokh Bulsara.

Este cambio comenzó a materializarse cuando los Bulsara hicieron pie en Feltham, al oeste de Londres. Ahí el primogénito comenzó a estudiar arte, tras torcer la idea primigenia de sus padres en base a pura insistencia. Tras un breve curso, ingresó al Ealing College of Art. En esa institución estaba un -hasta ahí- ignoto Pete Townsend, que luego triunfaría con The Who.

Un rasgo saliente que le recuerdan compañeros de aquel entonces es su intención continua de disimular sus dientes. Tenía cuatro de más que hacían presión sobre el resto, empujándolos hacia afuera. Esta malformación se llama “dientes supernumerarios”. Intentaba disimularlo con su labio superior y tiempo después, con su famoso bigote. Siempre lo acomplejó, pero no lo suficiente como para operarse. Temía que eso afectara su voz.

Para 1969 ya se había animado a cantar en vivo con su banda “Wreckage”, ejecutando todos esos movimientos excéntricos con los que sorprendería al mundo en Live Aid dieciséis años más tarde. Aunque la audiencia era prácticamente nula y su performance vocal no destacaba, Freddie actuaba como quien se sabe una estrella.

El año anterior, unos estudiantes del Imperial College habían formado la banda “Smile”, tras reclutar a un baterista “del estilo de Ginger Baker”. Desde entonces, el joven Bulsara los había seguido y ambicionaba sumarse a ellos, sin obtener consenso. Ahí fue cuando conoció a Brian May y Roger Taylor.

Nadie lo ubicaba como Farrokh. Para todos era Fred o Freddie. Poco había contado sobre India o Zanzíbar y apenas si había hablado de considerarse persa. Exhibía algunos arrebatos en su personalidad, pero seguía siendo un chico tranquilo. Distinto de aquel que subió a un escenario y se movió con fervor.

Formó otros grupos que no tuvieron éxito. Les decía a los miembros de Smile que “debían ser más extrovertidos” y era mirado de reojo por esos estudiantes-músicos que le tenían simpatía, pero no estaban fascinados por su talento. Mientras hacía su camino, seguía convencido de sumarse a esa agrupación

Al año siguiente, cuando se disolvió, volvió a la carga. Brian May confesaría luego: “Tuvimos un pálpito. En un primer momento no nos pareció que fuera un buen músico. Era muy salvaje y poco sofisticado. Sólo vimos a alguien con una confianza y un carisma increíbles. Y nos gustó.”

Queen's Freddie Mercury in 1982Con esa misma determinación, el cantante convenció a sus dos compañeros de llamar a la banda “Queen”. Costó, pero la idea de un nombre corto y “majestuoso” logró imponerse. Ahí mismo fue cuando su vida dio otro vuelco: a su apodo “Freddie” le colocó el apellido Mercury hasta el final de sus días. Probaron varios bajistas hasta encontrar al indicado: John Deacon se sumó en 1971. Para entonces, aquel chico que apenas se hacía notar en un internado indio, había diseñado el logo de la banda. Usó un ave fénix, que aparecía también en el emblema de su vieja escuela, y que representaba el resurgimiento y la eternidad. Toda una premonición de lo que estaba por venir.

Lionel Pasteloff

Lionel Pasteloff

Periodista. Se especializa en política y cultura.

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