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Las bolas sobre la mesa

La vasectomía -no invasiva e indolora- en primera persona: el autor de esta columna cuenta cómo es poner el cuerpo, “poner las bolas sobre la mesa -como lo definimos con los compañeros de experiencia-, convencidos de que nuestra decisión va a mejorar nuestra relación con nuestras compañeras y nos va a hacer más iguales”.

vasectomia
¿Cuánto de mi hombría pasa por mis huevos? ¿Tenerlos bien grandes es clave? ¿Seré menos hombre si me los tocan? ¿Perderé mi hombría si no puedo tener más hijos?

Ésas y muchas otras preguntas aparecieron en la larga charla que tuvimos los seis hombres que nos conocimos allí, en el hall de espera de la Maternidad “Estela de Carlotto”, en el partido de Moreno (Provincia de Buenos Aires). Casi todos del conurbano profundo, yo el único de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; casi todos sin estudios secundarios ni universitarios, excepto yo. Uno pastor evangelista, otro empleado de una empresa de seguridad, los seis bien diferentes, de distintos lugares y con historias de vida bien heterogéneas. Pero una cosa nos unía, la decisión de hacer algo bien de hombres: una vasectomía. También los motivos de cada uno eran variados como lo éramos esas seis personas. Pero todos giraban alrededor de un eje: hacerle la vida más fácil a las compañeras o esposas.

La operación la realizaron dos médicos de la Maternidad, bajo la supervisión de un especialista del Hospital “El Cruce” de Florencio Varela. Fue realizada en el marco de un programa financiado por el Ministerio de Salud de Nación que actualmente se encuentra suspendido. Este programa buscaba formar profesionales capacitados en una nueva técnica, no invasiva y totalmente indolora que reemplaza a la anterior técnica que necesitaba de anestesia total y de una cirugía no muy sencilla.

La operación que se nos practicó duró solamente 15 minutos, con anestesia local e incluso buena música (al entrar nos preguntaban que queríamos escuchar) y charla distendida mientras me toqueteaban los huevos. Al final salimos caminando y nos fuimos a nuestras respectivas casas, yo manejando el auto y el resto en colectivo.

Los seis nos reencontramos unos días después por un control de rutina, todos sentados en la sala de espera, en medio de mujeres panzonas que iban por sus controles de embarazo.

El compañero de Moreno al fondo, jugador de fútbol barrial, nos cuenta lo que sucedió al regresar a su casa. Él les había mencionado su decisión a sus amigos de la pelota: todos sabían qué iba a hacer. Y ahora, como si fuera un velorio, tras la operación, uno a uno iba llegando sus amigos a ver cuán poco quedaba de su hombría.  Y se sorprendían al encontrar al mismo hombre de siempre. Les explicó que la cosa no era para tanto y que también ellos podían solucionar algunos problemas con esta pequeña intervención.

Fuimos hablando de lo importante que es que, por primera vez en la vida, ellas no tuvieran que poner el cuerpo y, también por primera vez en la vida, lo empecemos a hacer nosotros.

Otro compañero vasectomizado nos contó que, para eliminar dudas, ya había tenido relaciones con su compañera: todo había salido de primera. Y así, de a uno, con naturalidad, fuimos compartiendo nuestras experiencias. Fuimos hablando de lo importante que era para nosotros y para nuestras compañeras que, por primera vez en la vida, ellas no tuvieran que poner el cuerpo y, también por primera vez en la vida, lo empecemos a hacer nosotros. Como bien lo dijo uno de ellos: “Yo decídi hacerme la vasectomía porque la quiero y nos queremos, y deseamos disfrutar de nuestra sexualidad en forma plena y sin problemas”. Nos contó que su señora se recuperaba del parto de su sexto hijo, no podía tomar anticonceptivos y el DIU le había provocado una infección. Por su lado, él no soportaba los preservativos.

Sí. Así de simple: poner el cuerpo nosotros, poner las bolas sobre la mesa -como lo definimos con los compañeros de experiencia-, convencidos de que nuestra decisión va a mejorar nuestra relación con nuestras compañeras y nos va a hacer más iguales.

También aprovechamos para averiguar algunos datos: el año pasado fuimos solamente 97 hombres contra miles de mujeres que pusieron sus cuerpos a una operación mucho más dolorosa como la ligadura de trompas. Apenas 97 hombres.

Somos miles los que nos golpeamos el pecho clamando por igualdad entre hombres y mujeres… pero a la hora de los hechos, nos escondemos detrás de ellas, para no poner el cuerpo. Para no poner las bolas sobre la mesa.

Espero que el año que viene, vos que leés esto, seas uno más en esta experiencia.

 

Marcelo Pascal

Marcelo Pascal

Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA). Asesor del bloque de Diputados y Diputadas Socialistas.

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