Natalia Aruguete: “Las redes sociales obligaron a los medios a hablar de Santiago Maldonado”

La investigadora explica cómo las comunidades virtuales se resistieron a la imposición de agenda y terminaron imponiendo la agenda a los medios tradicionales, que durante varios días se resistían a cubrir la desaparición de Santiago Maldonado.

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En estos días Natalia Aruguete y Ernesto Calvo publicaron en la revista Anfibia, un análisis respecto al fenómeno del comportamiento de las personas a través de las redes sociales que llevaron a los medios y al propio gobierno a abandonar los intentos de distracción y ninguneo del caso Santiago Maldonado. En ese informe explicaron cómo las burbujas de informaciones en las redes sociales, a través de consignas vinculadas con Santiago Maldonado, modificaron la agenda mediática. En su texto resaltan que asistimos “a algo similar al surgimiento de una forma de democracia representativa en las redes sociales, donde no hay igualdad de voces pero donde los usuarios votan con sus computadoras, tabletas y teléfonos, para imponer sus preferencias, demandan que se den a publicidad los eventos que consideran mediáticamente relevantes”. En este diálogo brinda más precisiones sobre la polarización en las redes, a la que considera determinada por su propia estructura, y sobre cómo los usuarios rompen con ella en función de determinados temas.

Ustedes señalaron que en una arena dominada por celebrities mediáticas, por políticos y organizaciones de medios tradicionales, la actividad espontánea en las redes sociales vulneró la capacidad del poder de fijar la agenda.

Las redes sociales son muy jerárquicas y producen una profunda concentración de la información, lo que equivaldría a echar por tierra el mito de la democratización de la información en las redes sociales. Pero eso no es así, de ninguna manera. Por ese motivo es que el caso Maldonado es singular. Eso no significa desconocer que, también en este caso, hubo determinadas jerarquías en términos de cierta instalación de temas o de mensajes que surgían de actores políticos importantes y que se esparcía alrededor de la red, esto ocurrió: las “autoridades” siguen siendo las mismas: de un lado Roberto Navarro o Cristina Fernández de Kirchner; Jorge Lanata o Patricia Bullrich en otra comunidad. Lo cierto es que cuando surgen cuestiones polémicas las redes sociales polarizan, por ahí significa que se arman “barrios cerrados” donde los usuarios dialogan entre ellos. Es decir que yo retuiteo a aquella persona con la que coincido ideológicamente, en términos de las perspectivas, de las creencias que tenemos, de la forma de entender la realidad.

Eso es lo que se denomina “burbujas” en las redes sociales ¿no?

Sí. Pero nosotros vemos allí polarización política, en términos de la discusión que se da en la red. Este diálogo, este intercambio de mensajes, termina en una polarización que se traduce en el armado de comunidades donde hay usuarios que producto de esta burbuja de información se comunican entre ellos y no interactúan con otros usuarios con los que no coinciden. Esto tiene dos motivos: por un lado un motivo más estructural o macro, o de funcionamiento del algoritmo del funcionamiento de las redes sociales que también denominamos “cámara de eco”, es decir toda aquella información que uno expresa y deja como huella en sus perfiles, o en aquellos mensajes que retuitea, a los que likean, etc; luego vuelven como una “cámara de eco”, como un espejo, y hace que coincida y solamente me encuentre con información que es consistente con eso que estoy pensando. Eso en términos estructurales se llama “cámara de eco”, en una mirada macro.

Y eso es facilitado por los mismos algoritmos de búsquedas que utilizan los programas de las redes.

No solo facilitado, es promovido. Producen esto y no hay posibilidades de saltarlo, excepto en contadas excepciones donde haya influencia estratégica de gente que esté pensando acerca de esto y logre pasarse de comunidad. De otro modo en su mundo solo hay una porción muy pequeña de la que está circulando en la red. En la medida que me encuentre con esa información voy difundiendo y propagando esa información que es consistente conmigo. Así es como se arman estos barrios cerrados o comunidades virtuales. Lo que hubo acá, producto de esta polarización política, fue el armado de dos comunidades contrapuestas que no dialogaban entre ellas, pero que dialogaban entre los usuarios que estaban al interior de esas comunidades y es allí donde se arma esa burbuja de información. Lo que contribuye a eso, desde una mirada más micro y subjetiva, es lo que denominamos disonancia cognitiva, es decir: yo me encuentro con aquella información que coincide conmigo pero, a su vez, tengo disonancia cognitiva en la medida que acepto la información con la que coincido, y eludo aquella información que me genera disonancia, que no coincide con mis convicciones. De manera que borro amigos de Facebook porque me están molestando, porque odio lo que están diciendo.

Estos días han sido muy prolíficos en ese sentido.

Así es. A mí misma me pasó: el otro día bloqueé a uno porque me estaba “chuceando”, y me dije “basta con esta agresión”. Porque además algunas redes, como twitter es una red de bronca, esto es más literal…

¿Es más salvaje ese tipo de agresión en Twitter que en Facebook?

Creo que sí. Y eso porque 140 caracteres te obligan a ser muy contundente en algunas cuestiones y es más de denuncia. El “face” tiene otros componentes pero tampoco podemos saberlo con exactitud, porque el Twitter es público y Facebook no lo es, no se puede acceder a toda la información. Twitter es más informativo, de denuncia, más de bronca. En ese sentido “la red Maldonado” cumplía con esa lógica: polarización política y concentración de información. Pero lo que nos llevó a analizarlo es que los medios tradicionales entraron tarde al diálogo político de la red, porque empezaron tarde a publicar y a cubrir el tema: la denuncia es el 1º de agosto y los medios ingresan el 4 de agosto. Y además no fue ese día en que empezaron a ser tomados y embebidos en los mensajes de los usuarios, sino que fue a partir del fin de semana, incluso del lunes posterior. Es cierto que cuando Clarín publica esa nota donde habla de “el artesano” –nota que tuvo mucha repercusión porque además ninguneó el nombre de Santiago Maldonado–, hubo un aumento muy importante a partir del 7 u 8 de agosto de links embebidos en los mensajes de los usuarios, es decir cuando los mensajes de los usuarios insertan en sus posteos links a medios tradicionales.

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“Las redes sociales no son el discurso de la sociedad. En las redes no hay grieta sino polarización política en función del tema que se discuta.”

En las primeras jornadas solo cubrieron el tema los medios alternativos y de la región, y que fue la presión social la que llevó a que los medios lo incorporen.

Sí, fueron los medios alternativos y regionales los que cubrieron desde temprano, pero ocurre que no son autoridad en las redes sociales. En este punto no se puede considerar como influencers de conversaciones que se dan en las redes. Tienen un alcance limitado, porque además el tipo de cobertura que hacen es de tipo de problemáticas locales, habla de lo que ocurre en ese lugar. Entonces el alcance que tienen, como jerarquía de autoridades en la red es menor, no tiene influencia notable. Pero cuando los medios de alcance nacional empiezan aparecer embebidos en esos mensajes, también aparecen en sus comunidades, con aquellas que son consistentes ideológicamente. Página/12 tiene una presencia consistente y en crecimiento mantenido en las comunidades de la oposición, pensada esta comunidad como quienes se oponen en sus mensajes a las ideas del actual Gobierno; por otro lado Clarín, La Nación, Perfil, Infobae empiezan a aparecer en las comunidades cercanas a las ideas del Gobierno, aunque esa aparición en las comunidades de Gobierno fue más tardía y creció más lentamente. Esto se da por dos motivos: el tipo de cobertura que propone Página/12, muy consistente con las ideas de las comunidades de la oposición, estos barrios cerrados, es mucho más sostenida y prolífica; pero además porque el proceso de construcción narrativa en la comunidad de la oposición siempre es mucho más fuerte e intensa que en la comunidad de Gobierno. Hay un mantra en la comunidad de Twitter que dice que “es difícil ser oficialista en Twitter”. Es una red que se ofende, de denuncia; ser oficialista es atajar mensajes, por lo que es difícil que se produzca un fuerte intercambio en ese marco.

Desde la teoría del agenda-setting, los medios influyen decisivamente en la oportunidad e importancia de los temas de discusión en la sociedad. ¿Qué rol cumplen las redes sociales entre las tres esferas (medios, política y sociedad) que están en vinculación y presionándose para influirse mutuamente?

Cuando surge la discusión al respecto, siempre aclaro que las redes sociales no son el discurso de la sociedad. Así como las redes sociales no son el espacio para expresarse democráticamente todos con todos –porque al interior de las redes sociales fueren cual fueren, participan esas tres esferas– cuando decía que Twitter es una red muy jerárquica donde tenés autoridades –que son los autores de los tuit originales que son profusamente retuiteados– suelen ser políticos: hay una aristocracia tuitera. También están los medios tradicionales al interior de las comunidades. Ahí tenés las agendas mediáticas influyendo y dialogando con los usuarios de la plebe en las comunidades, instalando agendas; Cristina Fernández de Kirchner es una de las principales autoridades en la comunidad de la oposición hablando de Maldonado. O Roberto Navarro. Son las autoridades de la oposición, están dialogando y siendo propagados por el retuiteo de otros usuarios, de manera que ahí estamos viendo un juego, un diálogo de todas las agendas. Lo que ocurrió con el caso Maldonado es que fue tal el intercambio que hubo respecto de una propuesta común y consensuada en la narrativa que se expresaba que los medios que más querían evitar hablar de este tipo de cosas porque querían encuadrarlo de determinada manera, tuvieron que salir a la arena para ponerlo en sus páginas y pantallas. El análisis de este trabajo era ver cómo dialogaban estas tres agendas en la “red Maldonado”.

“Con el caso Santiago Maldonado fue tal el intercambio en las redes que los medios –que más bien querían evitar hablar de este tema– tuvieron que salir a la arena para ponerlo en sus páginas y pantallas”.

Decías que en las redes y especial Twitter es complejo hacer oficialismo ¿en qué lo registran?

En general el intercambio de mensajes que suelen ubicarse en las comunidades opositoras es mucho mayor, a veces hasta lo duplica a las oficialistas. En el trabajo hicimos una comparación de los hashtag: uno es #CristinaCínica y el otro #SantiagoMaldonado o #Aparición, si se mira la densidad que tiene el color amarillo en #CristinaCínica es mucho menor que el azul (que ponemos como comunidad de la oposición) en el caso del #SantiagoMaldonado (ver gráfico). Entonces lo que decimos ahí es que el volumen y la cantidad de tuit y retuit en la comunidad de la oposición siempre es mayor que en la comunidad de Gobierno.

graficoTanto el actual como el anterior gobierno han intentado colonizar las redes a través de call center, ejércitos de trolls u otras denominaciones, y hubo denuncias mutuas en ambos sentidos. ¿Qué nivel de incidencia real tienen esos grupos para torcer el rumbo de una tendencia?

En el caso de Maldonado en la comunidad de gobierno, la principal autoridad es un troll, es una cuenta fake, una cuenta falsa. Sin embargo esa autoridad quedó dentro de su comunidad y no porque sea una cuenta falsa, sino porque su mensaje era consistente con las creencias de esa comunidad. Esa cuenta falsa probablemente no habría podido crear agenda o influir narrativamente en la otra comunidad porque no sería consistente con las cogniciones de esa otra comunidad. Por eso no creo que un troll genere o cambie el rumbo de la narrativa de una comunidad hacia la otra. Yo soy empleada del CONICET, y aunque no era del grupo más encumbrado de la organización de la toma del CONICET el año pasado, participé de la toma, participé virtualmente y teníamos mucha gente que nos agredía, nos escrachaba. Pero al interior de nuestra comunidad no cambiaron la narrativa ni la legitimidad que teníamos como investigadores, no torcieron la idea que nuestra comunidad ideológica virtual tenía sobre lo que estaba ocurriendo, y eso que ahí hubo un ejército bastante interesante.

Es decir que los trolls embarran la cancha, hacen ruido pero no cambian el estado de la opinión.

La estructura algorítmica es mucho más fuerte, las condiciones estructurales en las redes son mucha más fuerte que cualquier propuesta subjetiva o de agencia, como para que un individuo (o muchos) tuerzan eso. No sé si todos lo pensamos igual, yo soy más estructuralista en mi mirada. Por eso planteamos que si bien desde los usuarios ciudadanos se forjó una agenda convencional de los medios, no dejo de mirar la concentración que hay en las redes, de las jerarquías.

También registran que en el universo de las redes, ante determinado episodios (como el de Santiago Maldonado) no hay lugar a matices: la tristemente célebre grieta se expresa con mucha intensidad.

Yo no pensaría acá a la grieta del modo que se la promueve mediáticamente. Lo que hay acá es polarización política, que tiene dos motivos: uno de ellos es que los propios algoritmos de las redes nos conectan con determinadas cuestiones o mensajes, entonces aquí la llamada grieta no se da porque yo sea intolerante o porque el gobierno anterior nos llenó la cabeza con “Clarín miente”: es una diferencia estructural, forma parte de la estructura orgánica de las redes sociales, no es tan subjetivo. Es decir que las redes polarizan. Ahora bien, en el caso de la red 2×1, por ejemplo, la polarización política no se dio de acuerdo a los algoritmos de la red. Había una grandísima cantidad de usuarios que estaban desafiliados de esa polarización.

Es decir que esa polarización también varía en función del tema que se ponga en cuestión. Porque en el caso del 2×1 había encuestas que mostraban que cerca del 90 por ciento de los encuestados la rechazaban, incluso el grueso de los votantes del Gobierno.

Sí. Incluso en el caso del “Ni una menos” ni siquiera hay dos comunidades: hay un gran consenso, más aun que en el 2×1. El gráfico mostraba una gran masa común.

“Con frecuencia los medios tradicionales se ubican en la mitad de entre ambas comunidades: en temas como el tarifazo, el caso Maldonado o el 2x 1, los medios se corren hacia el centro. Las redes permiten forjar ese tipo de cuestiones”.

Ustedes señalan que, una vez que los medios tradicionales empiezan a cubrir el caso, la gente comienza a embeber esos posteos, pero sin comprar todo el discurso de esos medios, sino que también lo filtran en función de la pertenencia a cada uno de esos grandes campos. Entonces una persona opositora puede embeber una nota de La Nación o Clarín en la medida que esa nota está refutando algo presentado por ese mismo medio previamente.

Sí, de hecho la nota “del artesano” muchos la embebimos discutiéndola. Y además muchas veces observamos que los medios tradicionales se ubican en la mitad de entre ambas comunidades. No ocurrió lo mismo con Nisman, cuando se hizo el análisis de la red Nisman, los medios tradicionales como Clarín y La Nación estaban muy corridos hacia el centro de la comunidad de la oposición de aquel entonces. En temas como el tarifazo, en el caso de Santiago Maldonado, en Ni Una Menos o el 2×1, los medios están un poco más corridos hacia el centro, porque ambos sectores los embeben por el mismo motivo: algunos porque avalan esa información y otros la discuten. En ese sentido las redes permiten forjar ese tipo de situaciones.

 

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Natalia Aruguete es periodista e investigadora del CONICET, colaboradora de Le Monde Diplomatique y Página 12, entre otros medios. Docente en la Universidad Nacional de Quilmes y Universidad Austral, magister en Sociología Económica, y doctora en Ciencias Sociales egresada de la UNQ. Sus investigaciones se centran en los estudios de las agendas mediáticas, políticas y públicas. Es autora de El poder de la agenda. Política, medios y público (Biblos, 2015). Esta entrevista se realizó en el programa “En la Víspera” (Radio Nacional Concepción del Uruguay).

 

Entrevista de Américo Schvartzman y Valentín Bisogni.

Redacción de La Vanguardia

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