¿Dónde está Nadia Rojas?

A Nadia Rojas la rescataron de una red de trata pero volvió a desaparecer. Su mamá, sus amigos y los docentes de su escuela, apuntan al Estado como responsable. La sociedad lo reclama: qué aparezca Nadia Rojas.

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“A mí me dijeron que a su hija no había que seguir buscándola porque se había ido con un noviecito” le dice un periodista de policiales en la televisión de cable a Elena Rojas. Ella, con la mirada fija lo escucha, pero no le responde, mantiene el cartel en su pecho con la foto de su hija sonriente, tal vez así alguien que esté mirando pueda reconocerla y ayudarla a escaparse o ayudarla a volver, a su barrio, a su casa.

El periodista espera una devolución de su comentario, ella solo encoge los hombros, respira, sin ocultar su angustia y sigue mostrando la foto. Desde el 9 de junio pasado, fecha de la primera desaparición de Nadia, tuvo que escuchar todo tipos de comentarios o juicios morales sobre ella, amenazas que se tradujeron incluso en una golpiza en la calle, que le apuntaran con un arma, para que desestime la denuncia que realizó, nada le importa, solo encontrar a su hija de 14 años: “voy a seguir hasta las últimas consecuencias”.
El caso de Nadia Lizet Rojas no solo deja en descubierto el manejo mafioso de las redes de trata en diferentes zonas de Capital y Gran Buenos Aires, sino también la falta de políticas y la incapacidad del Estado para contener a las víctimas del flagelo. A este combo de impunidad, se suma la estigmatización y machismo de los medios de comunicación para tratar el tema, exponiendo y culpando a la víctima.

El caso de Nadia Lizet Rojas no solo deja en descubierto el manejo mafioso de las redes de trata en diferentes zonas de Capital y Gran Buenos Aires, sino también la falta de políticas y la inhabilidad del Estado para contener a las víctimas del flagelo.

Nadia tiene 14 años, es buena estudiante y compañera, una alumna “tranqui” como la describen sus propias amigas y profesoras. Desapareció dos veces, aun cuando el Estado y la Justicia debían resguardar por su integridad física, al momento, su paradero es desconocido.

LA PRIMERA VEZ

El pasado 9 de junio, cuenta Elena, caminó unas cuadras con su hija, le dio un beso y se despidió, ella siguió su camino a la escuela N° 1 “René Favaloro” en Lugano. Nadia, que tenía que ensayar una obra para el acto escolar donde tendría el rol de la heroína Juana Azurduy, no volvió más. El banco de su aula quedó vacío y sus compañeros no quisieron ocuparlo. Fueron los primeros en pedir: hicieron banderas, canciones con consignas, todo lo que estaba a su alcance para hacer conocer el caso, al enterarse de la noticia empezaron a protestar en la esquina del colegio.

Desde ese día, toda la comunidad educativa se involucró en el pedido por su aparición y para alertar sobre casos de trata en la zona, de esta manera, profesores, directivos, compañeros y organizaciones sociales realizaron manifestaciones para pedir por Nadia y, así, cobrar visibilidad.

“En su primera desaparición desde la escuela nos organizamos. Como pudimos, hicimos denuncias públicas. Lamentablemente tenemos mucha experiencia en toda la zona. Hicimos cortes de calles en la esquina de la escuela, organizamos una asamblea. Todas las semanas hay denuncias de chicas que desaparecieron, en estos casos sabemos que tienen que llegar a la luz pública e incluso para visibilizarnos cortamos Callao y Corrientes” comenta Ana, docente de Nadia.

Toda la comunidad educativa se involucró en el pedido por su aparición.

A partir del caso de Nadia, los docentes organizaron una red que incluía organizaciones del barrio, familiares. Esta experiencia es similar a la que organizaron vecinos en el Bajo Flores, lugar donde también señalan como conflictivo y “liberado” para las redes de trata.

El caso de Nadia, según comentan sus docentes, no es un caso aislado en las zonas Villa Lugano y el Bajo Flores, zona sur de Capital Federal. “Hay muchas carencias en la zona y muchas veces se acercan o intentan captar a las víctimas a partir de una propuesta falsa de trabajo, un acercamiento supuestamente amoroso. La cuestión social es fuerte, la idea del secuestro en una Trafic muchas veces no es la que se da, sino que viene escondido en propuestas sutiles que las pibas muchas veces aceptan”.

La desaparición Nadia fue un antes y un después para los vecinos. Fue la primera vez que se movilizaron por una desaparición. Si bien ya hubo muchas marchas por temas relativos a violencia contra las mujeres, en este caso la organización viene también a reemplazar una ausencia estatal: “La comisaría está de adorno. No se hace cargo. Tres policías por cuadra pero no cuidan a los jóvenes”, dijo una de las vecinas a los medios en la marcha en Callao y Corrientes.

La policía relativizó la desaparición cuando las compañeras y docentes denunciaban, le respondían “Seguro se fue con un novio”, “era conflictiva y seguro se peleaba con la madre”, cuenta una de las vecinas. “Nosotras sabemos que hay casos de trata en la zona, lo vivimos y padecemos, siempre le están pasando cosas a las pibas y nadie hace nada, por eso nos organizamos, acá hay redes”.

El abogado de la familia de Nadia Rojas, Federico Vicente aseguró que hay elementos que indican que la desaparición se trató de un caso de trata. Y eso fue lo que volcó en el recurso que presentó ante la Cámara para discutir la decisión del juez federal Rodolfo Canicoba Corral, quien se declaró incompetente. “Según él, sería sólo cuestión de desaparición de una menor, así que consideró que el expediente lo tenía que llevar la Justicia nacional. Pero el fiscal Delgado ni nosotros estuvimos de acuerdo, así que recurrimos. Para nosotros hay un montón de elementos en la causa que dan a entender que estamos frente a una red de trata”, postuló Vicente.

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La causa comenzó a ser investigada por la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 57, a cargo de Anselmo Castelli, y quedó registrada en el Juzgado N° 50 dirigido por Carlos Manuel Brunard. Al principio, las diligencias de la investigación estuvieron a cargo de la Comisaría del barrio de Lugano, la 52, la que, se sospecha, está vinculada a los hechos que suceden en el boliche “El Basilón” de Liniers, al que la familia y los docentes miran con más atención a la hora de hipotetizar sobre el destino de Nadia. Luego, el juez “decidió trabajar” con la División Delitos contra la Salud, perteneciente a la Superintendencia de Investigaciones de la Policía de la Ciudad, señaló el abogado.
Brunard trasladó la causa al fuero federal al coincidir con el fiscal Castelli en el análisis de los elementos que integraban el expediente que, según ellos, indican que Nadia fue víctima de una red de trata de personas con fines de explotación sexual vinculada a “El Basilón”, un boliche de Liniers.

Entre las pruebas reunidas figura un caso previo, aportado por la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), de una nena que sufrió abusos en el boliche ubicado en Avenida General Paz 10838, numerosas veces clausurado en ocasiones anteriores. “Nadia fue vista por última vez el 9 de junio. De la casa no se llevó ropa, no se llevó los documentos. Está captada. No puede volver a su casa porque, como mínimo, la tienen amenazada”, añadió el abogado.

Según relata su mamá, Nadia le había comentado algo de todo lo que sucede allí con los chicos y chicas que acuden fin de semana tras fin de semana: venta de drogas y prostitución, además de escuchar música, bailar y divertirse.

Las sospechas sobre lo que ocurrió con Nadia dejaron en descubierto el recorrido de “captación” de adolescentes que gira en torno al “Basilón”: “Les ofrecen hacer presencia por dos pesos, luego pasan a ser camareras, de ahí las tientan para hacer bailes eróticos y vender estupefacientes; el último paso es la prostitución”, enumeraron fuentes judiciales que, además, señalaron que “a las nenas las amenazan con que van a lastimar a sus familiares si cuentan algo”. El expediente en manos de Canicoba Corral no tuvo actividad de ningún tipo, aseguró Vicente.

Después de estar treinta y dos días desaparecida, el 12 de julio, la rescataron en Parque Patricios, con una bolsa de residuos en la mano, un poco aturdida y en shock por la situación vivida. Desde entonces, un equipo de Minoridad se hizo cargo de la adolescente. “La buscamos de manera intensa, y la pude recuperar no me pudo o no me quiso contar nada, no hablamos mucho del tema al principio solo nos abrazamos, yo estaba feliz de tenerla viva y a la vez muy preocupada porque esté bien. Se la llevaron a un centro cerrado por protección, después de esto la tuve en dos ocasiones y solamente por una hora, me dijeron que era por su seguridad y que la iban a cuidar, pero no hicieron nada de eso” relata Elena Rojas, sollozando.
LA SEGUNDA DESAPARICIÓN DE NADIA

El pasado jueves 3 de agosto, Nadia Rojas volvió a desaparecer del refugio al que había sido trasladada por orden de la justicia federal. La familia y organizaciones sociales y políticas indignadas por lo que ocurrió se manifestaron apenas conocieron la noticia el viernes 4 frente a los Tribunales de Comodoro Py: culparon al Estado que “debía custodiarla” y aseguraron que la joven, vinculada a una red de trata, estaba siendo amenazada, incluso cuando le confesó a su madre que tenía miedo.

_dsc2973 Miembros de la red aseguraron que, previo a su segunda desaparición, Nadia había empezado a relatar a los psicólogos lo que había vivido el mes que estuvo fuera de su hogar. Por eso el juez pidió el traslado a un hogar de puertas cerradas. Las direcciones de estos lugares no son públicas y el objetivo es poder resguardar a las víctimas.

Nadia habló de abusos y también llegó a identificar personas. A pesar de todas las promesas a su madre de un mayor resguardo, la adolescente volvió a desaparecer: “Cómo se va a escapar si estaba bajo el cuidado de ellos y en un lugar seguro”, se preguntó su mamá en una entrevista con Télam.

El pasado jueves 3 de agosto, Nadia Rojas volvió a desaparecer del refugio al que había sido trasladada por orden de la justicia federal.

Amanda Martín, secretaria adjunta del gremio docente Ademys, quien acompañó las marchas de la familia de la adolescente para exigir su aparición dijo: “Nos resulta muy sugestivo que cuando se empieza a avanzar en la causa y Nadia puede hablar, desaparece. Por eso hacemos un señalamiento a la Justicia, al Estado en su conjunto, que es responsable de la situación. Nuestra denuncia es fuerte porque es fuerte lo que pasa en el barrio”.

Desde el 3 de agosto, Nadia continúa desaparecida sus vecinos y su mamá siguen reclamando su aparición con vida, sus compañeras esperan que vuelva a su banco, en su colegio, en el barrio. Esperan que no se convierta en un número frio en una estadística, un caso más de los que se viven en la villa, una piba menos. Reclaman un Estado presente y un Poder Judicial que verdaderamente proteja a las víctimas.

Lula Gonzalez

Lula Gonzalez

Es periodista. Nació en Salta y vive en Buenos Aires. Cursó estudios de periodismo en ETER, escuela de comunicación.

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