Caral, mi madre y las preguntas milenarias

Hace veinte años la humanidad redescubrió Caral, la ciudad más antigua del continente, y aun casi desconocida. La autora de este texto se asombra al conocerla de la mano de su madre.

img_7504Miro una foto de madre embarazada. Es en blanco y negro. Ahí estoy yo, dentro de mi madre. Mi madre, mujer de las ciencias y trabajadora apasionada. En un momento está con colegas y amigas en la Comisión Nacional de Energía Atómica midiendo “la distribución de dosis de radiación en un fantoma antropomorfo”; al momento siguiente, madre se sube a su bicicleta y se va a los escenarios a ser una y muchas con su grupo de teatro comunitario. Después pedalea al encuentro de las risas con sus nietos. Y otro tiempo después madre inicia viajes de curiosa. Safaris fotográficos se llaman. Con espíritu aventurero e inquieto se lanza a destinos inesperados. Madre de alma intrépida probablemente heredada de abuela santiagueña rebelde, la menor de siete hermanos.

Madre se fascina con conocer y descubrir lugares recónditos, lejos de lo obvio y más cerca de lo propio. Así madre viaja a Catamarca y Cartagena; a Formosa y a la costa santacruceña. Yo, hija feliz, orgullosa y agradecida de ser descendencia suya. Sangre de su vientre. Entraña de su seno. Esta vez madre viaja al Perú, a la selva amazónica y al desierto, a las misteriosas líneas de Nazca y a la reserva de Paracas. Y también descubre Caral, un hallazgo reciente. Es la ciudad más antigua que se conoce en nuestro continente, y la segunda (¡la segunda!) ciudad más antigua del mundo –la más antigua de todas está en Asia.

Caral se aparece ante los ojos del mundo hace relativamente poco (en 1994), y entonces sacude los cimientos de nuestra propia historia como especie. Aparece ante nuestros ojos gracias a una señora; arqueóloga ella, curiosa y aventurera: Ruth Shady que en 1997 presentó sus hallazgos en el libro La Ciudad Sagrada de Caral-Supe en los albores de la civilización en el Perú. Ruth, mujer de las ciencias… como mi madre.

Caral sacude los cimientos de nuestra historia como especie y lo hace gracias a una señora, arqueóloga ella, curiosa y aventurera: Ruth Shady.

img_7500Sacude nuestros cimientos porque hace 5.000 años estaban estos ñatos de Caral y ya dominaban mucho; manejaban diestramente muchas de las cosas que se creía habían sido fruto de la inventiva inca. Sesenta y seis hectáreas tiene Caral, y el equivalente al ábaco que se llamaba quipu, según nombre incaico; pero se inventó en Caral primero. Los caralenses lo inventaron pues. Los caralenses curiosos y tenaces… como mi madre.

Un salto explicativo para mencionar que 6.000 años atrás contando desde hoy la especie humana inventaba la escritura en alguna parte del globo. Ese invento que nos revolucionó para siempre y permitió registrar tanto los granos que cargaba cada quien, cuanto nuestros pensamientos para preservarlos a través del tiempo. La escritura. Esa forma de combatir la mortalidad.

Al parecer tuvieron buena relación con grupos vecinos los ñatos de Caral. Peleadores no eran; por el contrario, amigables. La señora arqueóloga y curiosa encontró muchas cosas para contarnos sobre lo que pasó en Caral. Se encontraron restos de instrumentos musicales y telas por ejemplo (instrumentos hechos con piedra, semillas y hueso animal), pero ningún rastro de armas. Había telas y arte, y nada de violencias. Curiosos los caralenses… Intercambiaban productos con pescadores pero no guerreaban los de Caral.

Se supone que se fueron por algún desastre natural, aunque no hay dato cierto de aquello, solo conjeturas. Sin embargo, antes de ese éxodo se dice de esta tribu que vivió aproximadamente 1.000 años allí, y se cree que desarrollaron técnicas de construcción zarpadas, rituales para los dioses y avances en producción.

Abajo, cerca del valle, vivían los pobres, cerca del valle que se inundaba seguido, así que muchos la quedaban.

Pero lo (in)creíble –lo más llamativo de todo– es que arriba vivían los ricos, y abajo, cerca del valle, en construcciones más simplonas, vivían los pobres. Trabajaban y vivían en el valle, y traían sobre sus hombros el agua y lo que cosechaban (seguramente frutos arrancados de los árboles). Cerca del valle se inundaba seguido, así que muchos ñatos y ñatas de Caral la quedaban probablemente.

img_7529Hace 5.000 años la distribución de la riqueza. Hace 5.000 años la división de clases. Hace 5.000 años la fe, creer en algo más que en nosotros mismos. Hace 5.000 años. Somos ellos y ellas. Somos todos.

Y me pregunto entonces si seguimos empujando sueños imposibles. Si acaso somos –como especie– seres compasivos y crueles que como el escorpión no podemos evitar crear vida y destruirla a un tiempo.

Caral, tierra de fértiles preguntas.  Madre sabia que abre mente y caminos.

 

Fotos: Diana Feld

Más sobre Caral, en este link

 

Ana Florencia Lindenboim

Ana Florencia Lindenboim

Dramaturga egresada de la EMAD dirigida por Mauricio Kartún. Actriz, y directora, dicta el taller “De la escena al espectador” en el Programa Cultural en Barrios (GCBA). Es traductora e intérprete. Colabora en Revista Lucarna escribiendo reseñas y críticas teatrales. http://www.flowylinden.com.ar/

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