El consenso necesario para cambiar de modelo

El gobierno de Mauricio Macri se ha propuesto un cambio en el paradigma de crecimiento económico. ¿Cuáles son los problemas de este modelo? ¿Podemos apostar a otro que sea justo, equilibrado y sustentable?

stanley-destacadaHASTA AQUÍ, LOS ÚNICOS BROTES VERDES BENEFICIARON A LOS ARBOLITOS

La llegada al gobierno del Ingeniero Mauricio Macri trajo consigo un cambio de paradigma en materia de crecimiento económico. Ciertamente, el consumo no hubiera podido seguir motorizando la economía, pues el mismo se respaldaba en un populismo extremo (tarifas rezagadas, tipo de cambio diferenciado y corralito cambiario, medidas arbitrarias que afectaban la industria y el comercio, etcétera) que no daba para mucho más. El “final de fiesta” también evidenció lo poco que se había hecho en infraestructura -y lo mucho que se había despilfarrado en materia de obra pública. Así, cuando el nuevo gobierno planteó cambiar de paradigma, la oposición al mismo resultó mínima.

Lamentablemente, las decisiones de inversión requieren de la persuasión (de aquel que detenta el capital para realizarla) tanto como un periodo para que la misma madure. Pero, dado lo “tirano” del tiempo y lo apremiante de las necesidades, el apresuramiento puede inducir a instalar nuevas debilidades. Dicho sesgo se agudiza en función de la baja propensión al ahorro que exhibe nuestro país. Por ello, cuando se intenta mejorar la tasa de inversión el gobierno de turno debe recurrir al ahorro externo. Ello implica seducir a los inversores extranjeros (permitirles obtener una rentabilidad por sus negocios), para así lograr que inviertan en el país. Sin embargo, la seducción del gobierno debe ser medida, evitando que se terminen otorgando beneficios o garantías en exceso.

Desde el gobierno han surgido una serie de versiones del porqué, pese a “realizar todos los deberes”, las inversiones aún no llegan. En sintonía electoral, se insiste que los resultados de Octubre serán determinantes para ver si los inversores apuestan por el país (o bien eligen quedarse fuera). Para que esto suceda, el PRO y sus socios de Cambiemos deben ganar las elecciones. Discursos de este tenor surgen en cada elección de medio término -dado que quien gobierna siempre resulta en teoría el único capacitado para mantener al país en la senda del crecimiento.

stanley1En el último año Argentina ha comenzado a recibir fondos del exterior. Pero una parte importante de los inversores arriban atraídos por la renta financiera: surgida del diferencial entre tasas de interés y las expectativas del tipo de cambio futuro. Dicho motivo surge con más fuerza cuando los agentes perciben que el gobierno no intervendrá el mercado cambiario -y el desajuste persiste. Así, luego de transformar sus dólares en pesos y destinando el resultante a la compra de LEBACs, un inversor podía obtener una rentabilidad anual en dólares nada despreciable. Dicho mecanismo, reconocido bajo el nombre de “carry trade” en la city (o bien, bicicleta financiera), resulta muy atractivo y, ciertamente, implica un menor riesgo que hundir capitales en la economía real[1].

En el último año Argentina ha comenzado a recibir fondos del exterior. Pero una parte importante de los inversores arriban atraídos por la renta financiera: surgida del diferencial entre tasas de interés y las expectativas del tipo de cambio futuro.

La llegada de capitales induce a la apreciación cambiaria, lo cual perjudica la competitividad del sector transable tanto como desalienta la inversión de riesgo (básicamente atadas a exportaciones no tradicionales). Así, el otorgar todo el peso a la política monetaria puede terminar imponiendo un patrón de inversiones sub-óptimo. Pero este tipo de mecanismo puede también  terminar imponiendo un patrón institucional sub-óptimo. Ello porque le impone al gobierno conceder ante los inversores (reducir su espacio de política), de lo contrario cualquier intento de regulación (aún cuando es infundado) podría generar un retiro de fondos masivo.

Más allá del rendimiento que obtienen en el corto plazo, la falta de inversores interesados en el largo plazo (“brotes verdes con raíces inteligentes”) no se debe tanto a las señales que puede generar una elección legislativa sino más a la falta de consensos respecto al tipo de país que, mayoritariamente, queremos los argentinos. Esta última aseveración puede sonar muy rimbombante, aunque intentaremos despejar las dudas en los párrafos que siguen.

INVERSIONES QUE NO LLEGAN Y CONSENSOS QUE NO LOGRAN SURGIR

stanley2Supongamos que lleguen empresarios interesados en invertir en la economía real. Aunque auspicioso, dicho arribo tampoco garantiza un sendero sustentable de desarrollo. A modo de ejemplo, puede que las garantías tienten a un español a invertir en la industria de juegos de azar. Es bien sabido que instalar un casino crea un número importante de empleos directos e indirectos -incluidos actividades non-sanctus. Ciertamente, y para muchos, dicho tipo de inversión resulta altamente cuestionable. Un cuestionamiento similar podría hacerse sobre aquellas inversiones que (directa o indirectamente) terminan afectando al medio. La actividad minera resulta un ejemplo característico, pero también podría pensarse en la actividad petrolera. Los perjuicios serán mayores cuanto menos regulada se halle la actividad. Si este es el caso, el Estado terminará asumiendo mayores pasivos ambientales que los esperados[2]. En definitiva, no debemos correr tras los inversores, sino analizar cuáles los sectores donde su contribución puede resultar beneficiosa y salir a buscarlos.

No debemos correr tras los inversores, sino analizar estratégicamente cuales los sectores donde su contribución puede resultar beneficiosa y salir a buscarlos.

Ello nos obliga a pensar estratégicamente, tanto como a buscar consensos. Los líderes políticos no deben moverse al ritmo de los modelos económicos, favoreciendo tal o cual escuela de pensamiento de manera cíclica. No podemos caer en otorgar garantías excesivas a los inversores foráneos, tal como las otorgadas bajo el gobierno de Carlos Menem. Paradójicamente, el mismo tipo de exceso se observó en la administración Kirchner, ahora favoreciendo a las empresas chinas. Cabe acotar que el gobierno actual, originalmente crítico acérrimo de tales contratos, terminó acordando.

En ocasiones anteriores hemos planteado la importancia que tiene para la economía de un país el logro de consensos. Ello involucra un tedioso proceso de negociación, que obliga a las distintas partes a ceder. Pero la instituciones resultantes, obviamente distantes del ideal y ciertamente bastante imperfectas, tienen más posibilidades de ser perdurables. Aquellas que vienen impuestas -sea a través de un decreto o fruto de una mayoría legislativa circunstancial-, se muestran débiles y es escaso el interés por preservarlas una vez que el auge se disipa. Todo nuevo gobierno se cree fundacional, por lo que negociar consensos se torna dificultoso.

DEL PORQUÉ DE LOS VICIOS, Y UNA SOLUCIÓN (PARCIAL Y TEMPORAL) A LOS MALES

La incapacidad de ahorrar que muestra nuestra sociedad explica, en gran medida, por qué salimos a buscar fondos de manera desesperada. Ciertamente, muchos de los capitales que se acercan en realidad retornan: son repatriados cuando los inversores confían en la macroeconomía. Pero la confianza puede resultar efímera, y por ello mucho de los fondos se dirigen al circuito financiero y no a beneficiar la economía real.

aee13a3dd2621fdafb7e815a3e4bb657oLa apertura de la cuenta de capital tiende a agudizar dicho problema. Obviamente, la solución no pasa por volver a cerrarla, aunque eventualmente sí en mantener una apertura selectiva. A menudo observamos un patrón cíclico, donde los capitales financieros llegan pero también se retiran con gran facilidad. Ello afecta al tipo de cambio, convalidando una fuerte apreciación cambiaria al momento de la entrada[3]. En definitiva, dicho patrón impone costos, externalidades que afectan al conjunto de actores económicos, y así justifica la imposición de algún tipo de traba a los capitales de corto plazo. La ultima crisis financiera vino a validar este tipo de política, anteriormente considerado un despropósito por muchos. Actualmente, hasta el FMI ha reconocido su utilidad, particularmente en las denominadas economías emergentes[4]. La presencia de controles tiene un doble efecto: incrementa el margen de maniobra del gobierno, al tiempo que reduce los riesgos financieros que genera una mayor volatilidad -aspecto que más afecta a los países emergentes.

La incapacidad de ahorrar que muestra nuestra sociedad explica, en gran medida, el porqué salimos a buscar fondos de manera desesperada.

Controlar la cuenta de capital permite reducir tanto el riesgo macro como institucional. Obviamente dicho tipo de política no debe pensarse como una panacea, ni tampoco su implementación puede diseñarse a perpetuidad. Pero sí puede ser de utilidad para alcanzar mayor estabilidad en la senda del crecimiento, y no que el mismo muestre un carácter espasmódico. A medida que el país avance y su sistema financiero se solidifique, entonces la apertura resultará posible. Tal ha sido la experiencia entre los asiáticos -aún cuando muchos de dichos países aún mantienen importantes restricciones sobre los flujos de corto plazo[5].

LOS ACUERDOS A LARGO PLAZO

El liderazgo es un rasgo decisivo en nuestra cultura política. Dicha característica no resulta novedosa, pero si convierte en efímero cualquier tipo de consenso. En nuestro país ha resultado difícil de sostener (no de alcanzar) una visión compartida sobre el tipo de modelo que coloque a la economía sobre un sendero de desarrollo sustentable.

En nuestro país resulta difícil de sostener una visión compartida sobre el tipo de modelo que coloque a la economía sobre un sendero de desarrollo sustentable.

El contexto actual plantea un escenario novedoso, tanto en lo político como en lo económico, pero también en lo demográfico. Dicho nuevo contexto hará que la demanda de minerales, alimentos, agua y energía se expanda en el futuro inmediato. Y nuestro país deberá estar atento para aprovechar dicho momento. Y ello implica actuar estratégicamente sobre la política de inversiones: no podemos dejar dicha elección sea resuelta fuera [6]. Para que esto ocurra resulta necesario que (fruto del consenso) el Estado dictamine cuales son los sectores sobre los que considera conveniente promocionar la inversión (sea privada o pública, local o extranjera) tanto como reglamentar la misma en aquellos sectores donde la llegada de capitales puede infundir perjuicios (o directamente bloquear su llegada). Como planteábamos en un artículo previo “Resulta importante recordar los costos que impone el insertarnos al mundo sin que medie una estrategia detrás, como también las restricciones que pronto surgen cuando adoptamos un programa económico insostenible”.

 

 

[1] También ingresan fondos como contrapartida del endeudamiento de los agentes económicos locales – en particular, aquí la referencia es a la deuda externa que asume el Estado. Por diversas circunstancias, justificables muchas de ellas, el gobierno ha decidido emitir deuda a fin de suavizar el ajuste económico que, en caso contrario, se hubiera requerido.

[2] También, en caso que la mayoría de los capitales se dirijan a sectores intensivos en recursos naturales puede terminar generando una apreciación cambiaria con efectos perniciosos sobre la industria. Este mecanismo se conoce bajo el nombre de “enfermedad holandesa”, el cual terminó afectando a muchos países de la región en la última década.

[3] La masiva entrada de capitales de tipo “golondrina” termina afectando al tipo de cambio, por lo que algunos autores han denominado a este fenómeno como “Financial Dutch Disease” (ver Margaret Myers and Carol Wise editors “The Political Economy of China and Latin America Relations in the New Millenium” Routlege 2016.

[4] International Monetary Fund (2012a) “Liberalizing Capital Flows and Managing Outflows – Background Paper”, 16 March / International Monetary Fund (2012b) “The Liberalization and Management of Capital Flows: An Institutional View”, 14 November.

[5] Leonardo E. Stanley “Emerging Market Economies and Financial Globalization: Argentina, Brazil, China, India and South Korea” Anthem Frontiers of International Political Economy. Anthem Press, London – New York – New Delhi (January 2018).

[6] Patricio Mateo Carmody, “Buscando Consensos al Fin del Mundo: Hacia una Política Exterior Argentina con Consensos (2015-2027). CARI / Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales – KAS / Fundación Konrad Adenauer Stiftung. Buenos Aires, 2015.

Leonardo Stanley

Leonardo Stanley

Investigador en el Departamento de Economía del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES). Miembro de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP). Especialista en desarrollo económico, recursos naturales y sustentabilidad.

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