Mafalda y el voto De Vido (o debido)

El debate, y posterior votación, acerca de la destitución o no del ex-ministro Julio de Vido dividió las aguas entre las fuerzas de izquierda. Aquí analizamoexpulsion-de-vidos los pormenores de esa diferencia.  

sesion-diputados-expulsion-julio-de-vido-1920-11En las redes hay una extendida e interesante polémica sobre el voto de “la izquierda” ante la expulsión del ex ministro Julio De Vido. 

Las comillas que usé en “la izquierda” dan para largo, pero vale apuntar que utilizar esa expresión en referencia a un bloque legislativo no hace justicia a la dispersa gran familia de la izquierda argentina. Es una cuestión tan básica que inquieta tener que aclararlo: “la izquierda” es mucho más amplia que el trotskismo –al cual no debería ningunearse porque no se llega a ocupar cuatro bancas en el Parlamento argentino por azar; pero la misma cantidad de bancas tiene el Partido Socialista, que también es izquierda y que encabeza la coalición de gobierno en una de las principales provincias del país.

No dudo de que esa metonimia (considerar a un sector de la izquierda como “toda la izquierda”) resulta útil a determinados sectores. Y debe ser interesante analizar a quién le sirve más. Pero mientras tanto, sería más razonable hablar de “izquierda revolucionaria” e “izquierda reformista”, diferenciación que da cuenta de la diferencia más relevante en sus respectivos discursos. Al menos para quienes en sus descripciones de lo real procuran conservar alguna fidelidad a los hechos descriptos.

Sobre todo en tiempos de tanta confusión como los actuales, todo indica que se requiere bastante más que “manos limpias y uñas cortas”.

Esta vez –como muchas otras– esas dos izquierdas no coincidieron en su voto en el parlamento: unánime, el bloque del PS votó a favor de la separación del ex ministro más poderoso del gobierno anterior, que es también el diputado con más cantidad de acusaciones formales en la historia del Parlamento. Lo fundamentó con argumentos sencillos: “No hay grietas para enfrentar a la corrupción, hay respuestas firmes hoy y siempre. Nuestro bloque votará por la expulsión de Julio De Vido, en contra de la corrupción y a favor de la ciudadanía”.

Por su parte, el bloque al que los medios presentan como “la izquierda” (el FIT) explicó su posición contraria a partir de cuatro argumentos (muy rápidamente, ellos son: 1. Es una maniobra política para encubrir otras medidas del gobierno. 2. Es la justicia la que debe actuar contra De Vido. 3. Sienta un precedente que podría usarse para expulsar a cualquier otro legislador. 4. Va en contra de principios constitucionales). En suma, se pueden subsumir en la intención de no ser funcionales al macrismo gobernante (para quienes les interese profundizar, aquí en este link los demolió un adherente crítico a ese mismo espacio. Quienes crean que hay problemas constitucionales, pueden también leer este link en el que un eminente constitucionalista de izquierda, como lo es Roberto Gargarella, asegura que no).

mafaldaLo que aparentan no advertir es aquello que hace más de cuarenta años Mafalda le explicó a Miguelito en el chiste de Quino que reproduzco. Las estadísticas y las situaciones particulares tienen esa obvia singularidad: si de un lado se puede ser funcional al Gobierno, del otro lado es posible serlo al kirchnerismo. Y es que no siempre son viables la abstención o el voto en blanco.

(Entre paréntesis: no creo que se pueda hacer una analogía entre la posición prescindente en el balotaje –en este caso sí coincidente de ambas izquierdas– con las votaciones específicas a las que obliga la labor parlamentaria. Es como comparar la decisión de casarse con la de limpiar la casa. En cualquier caso, quienes insistan en hacerla quizás se vean obligados a decidir si se equivocaron entonces o se equivocan ahora).

Sin importar en qué parte de la gran familia de la izquierda uno esté inscripto, la cuestión ética es el capital más poderoso de fuerzas políticas y sociales que tienen en su historia un compromiso irreductible con la solidaridad y la igualdad.

Otro aspecto me llama la atención desde hace tiempo, y lo veo aflorar de nuevo en estos días. Se trata de la relativización de las cuestiones éticas en la lucha política y social. La idea de que hay mucho de “moralina” o de “puritanismo” en las posiciones que reclaman condena para quienes le robaron al pueblo (no deja de ser divertida la acusación de “juanbejustismo” que cruzaron entre sí, a raíz de esta votación, sectores de la “izquierda dura”, como un insulto, probablemente hermético para los no iniciados).

Puedo entender que las cuestiones éticas se menosprecien en los partidos tradicionales (que en su cinismo se espantan por las tropelías del ajeno, y jamás del propio; de hecho en esa actitud coinciden Carrió y Taiana, por caso), pero cuesta más cuando lo afirman quienes se consideran seguidores de Marx.

Parecen obviar que la crítica marxiana al capitalismo reside en un cuestionamiento moral: la apropiación de la producción del proletario que da lugar a la acumulación primaria del capital. El robo del burgués al obrero es la base ética de la acusación socialista al capitalismo, en cualquiera de sus vertientes.

votacion

Sin importar en qué parte de la gran familia de la izquierda uno esté inscripto, la cuestión ética es el capital más poderoso de fuerzas políticas y sociales que tienen en su historia un compromiso irreductible con la solidaridad y la igualdad, el respeto por lo público, el cuidado de lo que es de todos, el apego a ciertas normas que no se basan en las leyes vigentes de cada época y sociedad sino en principios más elevados, que tienen siglos de lenta construcción. Aquello que alguna vez fue la moral obrera, y que aparece en tantos relatos ejemplares, de militantes que eran capaces de pasar hambre pero no tocar la plata del sindicato o del partido. Eso que algunos con desprecio llaman “juanbejustismo”.

Parece claro (dolorosamente claro) que eso no alcanza para que el pueblo –la ciudadanía, las clases oprimidas, los sectores subalternos, según como se lo desee llamar– apueste mayoritariamente a esas fuerzas para avanzar en una transformación social. Sobre todo en tiempos de tanta confusión como los actuales, todo indica que se requiere bastante más que “manos limpias y uñas cortas”. Pero difícilmente el camino para lograrlo pueda pavimentarse sobre el desprecio de esos principios o el abandono de esas conductas.

 

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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