AMIA: la memoria que no puede descansar

Se cumplen 23 años del atentado a la mutual judía AMIA, la herida sigue abierta y el grito unívoco por justicia resuena entre familiares y sobrevivientes de uno de las tragedias más terribles que sufrió la Argentina. Los recuerdos están intactos y la sensación de que la Justicia no dio respuesta está presente en familiares y sobrevivientes.

acto-amia-1920-14

MEMORIA DEL PRESENTE

“Después de 23 largos años lo que se siente es desazón. Hoy la impunidad le está ganando a la justicia y a la razón y creemos que, desde hace muchos años, no se está poniendo toda la voluntad política para que la Justicia tenga pruebas y quiénes son los responsables del atentado. Por otro lado, nunca se estudió la conexión local, lo cual nos desilusiona porque no se está investigando. A nivel personal, el hecho de ser sobreviviente del atentado (que nadie debería pasar) me genera una responsabilidad extra que es la de luchar por justicia. Pensemos que ya hay generaciones que ya han nacido después del 18 de julio y unas de las misiones que tenemos muchos familiares y víctimas es ejercitar la memoria. Contar lo que pasó y no olvidar que hubo dos atentados -el de la Embajada de Israel y el de AMIA- para que hechos de esta envergadura no vuelvan a ocurrir nunca más”, sostiene Hugo Fryszberg, sobreviviente.

“Para nosotros el 18 de julio son todos los días del año. Cada vez que se da un nuevo aniversario en la comunidad general se potencia el recuerdo y el reclamo, pero para nosotros los familiares de personas que fallecieron en el atentado son todos los días de nuestras vidas” afirma Luis Chichewsky, familiar de una de las víctimas del atentado.

LOS AVANCES DE LA CAUSA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

Frente a la consulta sobre los avances de la causa durante el último gobierno kirchnerista y las gestiones del actual, Chichewsky lamentó: “ La causa no tiene avances significativos, no pasa con quien ejerce el gobierno. Lo que ocurrió en todo momento fue la politización de la causa, que fue, por ende, lo que hizo que la causa esté en este momento en cero de nuevo”. Chichewsky centra sus críticas fundamentalmente sobre el Poder Judicial, aunque resalta que en 23 años los avances fueron pequeños, tal como “la aparición del fallecido número 85, los nuevos ADNs”.

“Para nosotros el 18 de julio son todos los días del año. Cada vez que se da un nuevo aniversario en la comunidad general se potencia el recuerdo y el reclamo, pero para nosotros los familiares de personas que fallecieron en el atentado son todos los días de nuestras vidas” afirma Luis Chichewsky.

“Tanto en los años del kirchnerismo como con el gobierno de Macri no están haciendo mucho por que la causa avance. La Justicia es la que tiene que hacer y no debería tener injerencia el poder político, pero en los últimos tiempos el poder político lo único que hizo fue encubrir a sus ‘amigos’. Como por ejemplo el por entonces Jefe de Gobierno Mauricio Macri designó como Jefe de la Policía Metropolitana al “Fino Palacios”, a pesar de nuestras advertencias solo recibimos maltratos y difamaciones y nos tildaron de opositores políticos. Al final teníamos razón. La política entorpeció la causa, lo mejor que pueden hacer es dar los recursos para que las fiscalías tengan acceso a los archivos secretos y poder catalogarlos y ver las diversas conexiones locales” afirma Hugo Fryszberg, en su calidad de sobreviviente y, desde entonces, incansable luchador contra la impunidad.

EL RECUERDO DE ESE DÍA

(FILE) A man walks over the rubble left after a bomb exploded at the Argentinian Israeli Mutual Association (AMIA in Spanish) in Buenos Aires, 18 July 1994. Argentinian prosecutors formally charged Iran and the Shiite militia Hezbollah 25 October 2006 in the 1994 bombing of the Argentine Jewish Mutual Associationa in Argentina, which killed 85 people and injured 300. Prosecutors called for the arrest of top Iranian authorities at the time, including then-president Akbar Hashemi Rafsanjani. Next July 18 marks the 20th anniversary of the attack. AFP PHOTO/ALI BURAFI

Chichewsky recuerda ese día como si fuera ayer y no puede evitar emocionarse, todos los días revive detalle a detalle del momento en que su vida cambió para siempre, como un designio caprichoso y trágico del destino.

De esa manera detalla: “Los que estaban en el edificio de AMIA eran mi señora y mi hija Paola de 23 años. Era el primer día de vacaciones de ella. Paola era estudiante de Derecho en la Universidad dada la cantidad de trabajo que teníamos ese día en AMIA, le pedimos que vaya a dar una mano”. El tono de voz de Luis cambia cuando empieza a describir a su hija: “Era nuestra hija del medio, era chiquita y tenía una fuerza y energía tremenda, era como una locomotora, lo que se proponía lo conseguía. A veces la gente naturaliza el número 85 al hablar de los muertos del atentado, pero se olvida que detrás de eso había personas con proyecciones, con sueños que ese día se esfumaron”.

Hugo Fryszberg relata el día del atentado con minuciosos detalles, los olores, las sensaciones y el terror.

“Un sobreviviente de AMIA es una persona que estaba en el momento justo en el lugar de la tragedia. Después de lo que vivió, lleva cicatrices imperceptibles y que nunca van a cerrarse” expresa Hugo Fryszberg.

“Yo era subjefe de personal de AMIA, ese día era lunes, entré a las 8 de la mañana a mi trabajo, tenia mi despacho en el segundo piso. A las 9:53 de la mañana escuché un estruendo y pensé que había ocurrido una explosión en el aire acondicionado. A los dos segundos se escuchó un estruendo mucho más fuerte. Hubo ruidos de mamposterías, vidrios, el techo se agrietó todo” rememora sin titubear Fryszberg.

El oficinista, por instinto, se agarró de la cabeza, se tiró abajo del escritorio, tras los estruendos solo vino una paz, un silencio y un denso humo negro. Fryszberg recuerda los olores: en ese momento el humo se llenó de una pestilencia ácida, los peritos posteriormente indicarían que era el amoníaco de los componentes de la bomba que estalló lo que lo provocaron.

“Había muchos gritos, desesperación. Vi un boquete gigante, faltaban 50 o 60 metros. El edificio ya no estaba, bajé por una escalera y salí por un patio en el contrafrente del edificio por una medianera. El panorama era dantesco. Los edificios no tenían frente, estaban pelados. Ahí me di cuenta de lo que había pasado, estaba vivo. Salí por Uriburu, deambulé por Pasteur, había muertos tirados en el piso. Era un caos total. Por cuestiones laborales. regresé al lugar, a buscar documentos. Cuando bajaba por una escalera entré a mi oficina y antes de agarrar lo que me pedían vi el portarretrato de mis dos hijos de 6 y 3 años, fue mi retorno a la vida, lo abracé, lo besé y logré mi cometido”.fryszberg-hugo

Fryszberg recuerda que en ese momento sentía un frío sepulcral y después de hacer reconocimientos por orden de sus jefes en el Hospital de Clínicas, se retiró y tomándose el subte, se retiró a su domicilio. “Al otro día tuve que volver a trabajar al lugar porque todos los empleados del sector estaban muertos” sentencia con crudeza.

“Un sobreviviente de AMIA, o de cualquier atentado, es una persona que estaba en el momento justo en el lugar de la tragedia. Después de lo que vivió, lleva cicatrices imperceptibles y que nunca van a cerrarse”. Las cicatrices de Hugo son las mismas que las de Luis. Las mismas que las de cientos de familiares y víctimas. Cicatrices que aún duelen. Y duelen más por los 23 años que dura la impunidad. Frente a ello, la memoria no puede descansar.

Lula Gonzalez

Lula Gonzalez

Es periodista. Nació en Salta y vive en Buenos Aires. Cursó estudios de periodismo en ETER, escuela de comunicación.

Sin Comentarios

No se permiten comentarios

 

La Vanguardia. Noticias y debates desde la izquierda democrática

Seguinos en

Si querés colaborar con La Vanguardia escribinos a [email protected]
Un comité editorial evaluará tu texto.