La deuda y las continuidades estructurales

La deuda es un problema estructural e irresuelto en nuestro país, y no ha hecho más que agravarse durante los últimos años. 

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Aunque los problemas que ocasiona la deuda pública no son generalmente noticia, los tuits de Cristina Fernández de Kirchner y lo publicado sesgadamente en el diario Página 12 han mostrado el peligroso endeudamiento del actual gobierno sin discriminar debidamente las cifras. Por otra parte, los grandes medios, ocasionalmente hacen alguna referencia a las emisiones de bonos, sin mencionar lo que significa el desmesurado crecimiento de las obligaciones externas.

A la emisión de bonos externos del año pasado, que llegó a más de 48.000 millones de dólares, se suman lo resuelto en los Decretos 29, 231 y 334 de este año que autorizaron nuevos endeudamientos que contabilizan 96.600 millones de dólares, donde -como es habitual- el Estado se sometió a la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos y Gran Bretaña, renunciando a la inmunidad de jurisdicción, por ser la práctica común en esta operatoria de bonos soberanos, que ningún país ha cuestionado, y hablo de Bolivia, Uruguay, Ecuador, Venezuela, entre otros.

Es sobradamente conocido lo que ha significado la deuda en nuestra historia, y las condiciones humillantes en las que fue contraída siempre. También las consecuencias para nuestro pueblo, al que se le impone una hipoteca de por vida, ya que hay deuda a vencer por más de 40 años, aunque tal plazo puede resultar teórico, ya que ante la imposibilidad de afrontar todos los pagos, se acude a las refinanciaciones permanentes, y ello supone seguir estirando los plazos, y pagando más intereses.

Es sobradamente conocido lo que ha significado la deuda en nuestra historia, y las condiciones humillantes en las que fue contraída siempre. También las consecuencias para nuestro pueblo, al que se le impone una hipoteca de por vida.

Como contrapartida, se siguen fugando divisas, se sigue especulando con las operaciones financieras ofrecidas por el Banco Central a través de las Lebacs, y la inversión productiva es solo parte de un discurso que no se refleja en la realidad. Hoy la única inversión real es la financiera y especulativa, que no crea puestos de trabajo, que no genera productividad, y que produce ganancias solo para un reducido grupo de miserables que lucran con el trabajo argentino.

Siempre se trata de no hacer demasiada mención a estas cuestiones de la deuda, ya que existen responsabilidades compartidas, debido a que todas las emisiones realizadas el año pasado y el corriente fueron autorizadas por el Congreso Nacional.

La Ley 27.341 de presupuesto, por ejemplo, autorizó al Presidente Macri a emitir deuda por 96.400 millones de dólares. Hasta el 15 de mayo se decidió tomar deuda por 42.000 millones de dólares, así que todavía queda pendiente más del doble de esa cifra.

Corresponde consignar que  que ese endeudamiento fue aprobado en el Senado de la Nación por 59 votos a favor y 8 en contra. La mayoría del FPV votó a favor en ese caso. En la Cámara de Diputados se repitió el escenario: 177 votos a favor, de los cuales había 33 del FPV y del PJ.  En definitiva: la mayoría de ambas Cámaras del Congreso autorizaron este endeudamiento irresponsable.

En los comentarios sobre este tema siempre se omite hablar de la enorme deuda cuasi-fiscal del Banco Central, que el kirchnerismo dejó en 25.000 millones de dólares y que este gobierno ha llevado a la astronómica cifra de 61.000 millones, con tasa de interés promedio del 25.5%, lo que supone una notable oportunidad para ganancias fáciles por parte de los grandes inversores. Para tener una idea del costo de este endeudamiento, que generalmente se omite: el pago de intereses  seguramente alcanzará este año  los 200.000 millones de pesos. En este caso, la deuda cuasi-fiscal excede en 15.000 de dólares las reservas contabilizadas del propio Banco.

En principio, hay una realidad innegable: desde 1984 se está pagando una deuda probadamente fraudulenta en su mayor parte, la mitad de la cual fue originada por empresas privadas, a las que nunca, durante ningún gobierno, se les reclamó lo que el Estado había pagado por ellas. Y a partir de allí, ninguno de los gobiernos constitucionales se preocupó por investigarla, con la solitaria excepción del primer año del gobierno de Raúl Alfonsín.

Ahora se tiran cifras arbitrariamente: la Sra. de Kirchner habla del «endeudamiento macrista», mientras los funcionarios del gobierno hablan de la «deuda heredada» que deben pagar.

Para efectuar algunas precisiones me parece importante puntualizar:

1.- La deuda pública dejada por el gobierno kirchnerista a diciembre de 2015 fue de 240.665 millones de dólares, sin contar los valores negociables vinculados al PBI, que el gobierno anterior se negó a contabilizar, lo que sí hizo este gobierno.

2.- La deuda al 31 de diciembre del 2016 es de 288.447 millones de dólares, con los valores negociables incluidos.

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3.- Las emisiones de deuda realizadas desde diciembre de 2015 hasta mayo de este año importan la suma de 96.674 millones de dólares, de los cuales se pagaron obligaciones contraídas por el anterior gobierno por 70.713 millones de dólares, lo que supone un endeudamiento real para el período de 26.000 millones de dólares, utilizados en gasto corriente, cubrir déficit y, naturalmente, la incontrolada fuga de capitales,

4.- Aparte de vencimientos de capital se pagaron intereses por 21.395 millones de dólares, 10.995 en moneda nacional y 10.400 en moneda extranjera.

5.- Se pagaron a los «buitres» 15.150 millones de dólares, y quedan pendientes alrededor de 8.300 más.

6,- Se emitieron 55.372 millones de dólares en moneda extranjera y 41.303 millones en moneda nacional.

Aunque nadie lo menciona, resulta evidente que el sistema de la deuda perpetua sigue funcionando, con los condicionamientos económicos que ello supone.

7.- Como el ex ministro Kicillof arregló pagarle al Club de Paris 9.500 millones de dólares en cinco años, el actual gobierno ha tenido que abonar una de esas cuotas acordadas. Cabe puntualizar que ese acuerdo extremadamente oneroso no fue discutido, y la Argentina se sometió a las cuentas de los países del Club. Algunos profesores extranjeros me señalaron que, según los funcionarios del Club, la Argentina no había pedido ningún descuento, lo que si se hizo durante la gestión de Alfonsín y de Menem, donde se obtuvieron descuentos y muchos más años de plazo para el pago.

8.- Respecto a la deuda del Club de París es importante consignar que, en un 60%, es deuda originada en la dictadura militar utilizada en compra de armamentos e importaciones no declaradas, resultando inconcebible que todos los gobiernos constitucionales hayan respetado las obligaciones contraídas por ese gobierno ilegítimo.

Como podemos observar, la supuesta solución al problema de la deuda, tan enfatizado a raíz de los canjes del 2005 y del 2005, no se produjo, ya que además de la transferencia de deuda externa a deuda interna, las obligaciones han seguido creciendo aceleradamente, lo que determinará que, a fines del presente año, la deuda llegue a los 300.000 millones de dólares, con el enorme pago de intereses por año que eso significa.

Aunque nadie lo menciona, resulta evidente que el sistema de la deuda perpetua sigue funcionando, con los condicionamientos económicos que ello supone, y que tiene como una evidente contrapartida no invertir las sumas que se pagan por intereses en cuestiones que tienen que ver con prioridades que deberían ser atendidas para tener un mejor estado de bienestar, que se está alejando cada vez más de acuerdo con las cifras que día a día se ponen en evidencia.

Alejandro Olmos Gaona

Alejandro Olmos Gaona

Historiador. Especialista en el tema de la Deuda Externa, asesoró al presidente del Ecuador Rafael Correa. Autor de "la deuda odiosa" (Peña Lillo, 2005). Vicedirector del Instituto de Proyectos de Proyecto Sur.

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