Odebrecht y la grieta

El megaescándalo global de la corrupción salpica de los dos lados de la “grieta”: el 10% de los sobornos se pagaron en la Argentina. Sin embargo, hubo una gestión en la que Odebrecht no pudo entrar. Porque no todo es lo mismo.

odebrecht

 

Hay un chiste gráfico de Forges, el célebre humorista gráfico español, que cuestiona la idea de que todos los políticos son iguales. Antonio Fraguas de Pablo, multipremiado, firma como “Forges” (que es “Fraguas”, su primer apellido, en catalán), tiene 75 años, una notable actividad creativa y es uno de los intelectuales reconocidos que dieron su apoyo al candidato socialista Pedro Sánchez. ¿Qué tiene que ver con Odebrecht, la corrupción y la supuesta “grieta” argentina? Veamos.

EL GIGANTE BRASILERO

Cuando Norberto Odebrecht tenía 24 años fundó la empresa constructora que lleva su nombre. Tercera generación de ingenieros en su familia de origen alemán, de una época en que aún los ricos y poderosos no evadían el servicio militar obligatorio: cuando salió de allí, en 1944, el joven Norberto creó su propia empresa constructora por sugerencia del banco, para renegociar mejor sus deudas. Casi 50 años después dejó la presidencia en manos de su hijo Emilio, cuando Odebrecht ya era un gigante mundial, y una de las principales empresas de Brasil, con más de 160 mil empleados. Con negocios en ingeniería y construcción, manufactura de productos químicos y petroquímicos y con presencia en todo el continente, en África, Europa y Medio Oriente, el conglomerado tuvo una facturación total de 41 mil millones de dólares en el año 2014. Para tomar dimensión de este gigante brasilero, tres años después el presupuesto anual de la provincia de Buenos Aires es bastante menor a esa cifra: 32 mil millones de dólares.

En la Argentina, Odebrecht construyó su primera obra en 1989, una central hidroeléctrica en Neuquén. Durante los años siguientes tuvo a su cargo la Autopista Acceso Oeste, la ampliación de los gasoductos Libertador San Martín y Neuba II, la ampliación de la capacidad de Transporte Firme de Gas, el sistema de Potabilización del Área Norte, la primera Planta de Reformado Catalítico Continuo en el Complejo Industrial de YPF en Ensenada, el Proyecto Potasio Río Colorado, y el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento.

La facturación anual de este gigante brasilero fue de 41 mil millones de dólares en 2014. Para tomar dimensión, el presupuesto anual de la provincia de Buenos Aires este año es de 32 mil millones.

Y CONCEPCIÓN ABRIÓ LA CAJA DE PANDORA

A fines de la década del 80, casi en la misma época en que comenzó a operar en la Argentina, la empresa creaba una división especial con el nombre de “sector de relaciones estratégicas”, que tenía como objeto ordenar el direccionamiento de sobornos a funcionarios de diferentes países para obtener contrataciones públicas. Una joven mujer llamada Concepción Andrade estaba a cargo de ese departamento “especial”. Pero en 1992 la despidieron, sin saber que Concepción, previsora, se había llevado a su casa los registros de todas esas operaciones ilegales y los guardó durante todos estos años, hasta entregarlos a la Justicia brasileña y a la Comisión del Congreso encargada de la investigación conocida como “LavaJato”.

En diciembre de 2016, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos publicó una investigación sobre Odebrecht, en la que se detalla que en los últimos 15 años la constructora pagó 832 millones de dólares en sobornos en 14 países diferentes de tres continentes, entre ellos la Argentina. Son cerca de ochenta los ex directivos de Odebrecht que, para reducir su castigo, colaboran con la justicia, y en Brasil se cree que hay no menos de 200 políticos implicados en la acusación de sobornos.

El escándalo, quizás el más impactante de la historia del capitalismo en América Latina, salpica a una enorme cantidad de funcionarios y a miles de empresas, que están siendo investigadas por la justicia de diferentes países, en un caso que ya requiere de una colaboración internacional inédita. Presidentes y ex presidentes, ministros, funcionarios, empresarios de las tres Américas, de Europa y de África están bajo la lupa por este mega-caso de corrupción. Además de los conocidos casos de Brasil (que afectan al desprestigiadísimo Michel Temer, el vice de Dilma Rousseff que llegó a la presidencia tras la conspiración que la destituyera poco menos de un año atrás), las denuncias ya involucran a varios mandatarios latinoamericanos, como el peruano Alejandro Toledo, el colombiano Juan Manuel Santos y el panameño Juan Carlos Varela.

En los últimos 15 años la constructora pagó 832 millones de dólares sobornos en 14 países diferentes, entre ellos la Argentina.

EN LA ARGENTINA

Como era de esperar, nuestro país no podía quedar afuera de semejante escándalo. Y con un lindo número: casi el diez por ciento de lo que Odebrecht gastó en total en sobornos lo tuvieron como destino. Según la investigación de los fiscales estadounidenses, entre 2007 y 2014, la empresa gatilló 35 millones de dólares en la Argentina, con “el conocimiento de que esos pagos se harían, en parte, a funcionarios del gobierno”, dice textualmente el informe. Durante las gestiones de los Kirchner, la constructora involucró a más de 100 empresas argentinas.

Sin embargo, el primer coletazo ensució al actual gobierno. En enero de este año el jefe de la inteligencia nombrado por el presidente Mauricio Macri, Gustavo Arribas, fue acusado por recibir dinero de Odebrecht: en 2013 un operador financiero brasileño condenado por la justicia de ese país le transfirió medio millón de dólares. El fiscal Federico Delgado pidió al banco suizo Credit Suisse que informe sobre esas transferencias.

El caso más notable, hasta ahora, es el que involucra a la obra del soterramiento del Ferrocarril Sarmiento: la investigación, a cargo del juez Marcelo Martínez de Giorgi y el fiscal Franco Picardi, trata de determinar si la constructora brasileña pagó coimas para que se le adjudicaran esos millonarios trabajos. En esa obra pública de 3.000 millones de dólares están siendo investigados funcionarios kirchneristas como el ex secretario Ricardo Jaime, quien ya fue condenado en tres causas, y ostenta un récord singular: es el único funcionario del Frente para la Victoria (FPV) que admitió haber recibido coimas. También apareció el nombre de Julio de Vido, porque un estrecho colaborador suyo cuando estaba al frente del ministerio, Roberto Baratta, fue el principal interlocutor de Odebrecht por esos años. Incluso podría vincularse a la ex Presidenta dado que hay al menos dos reuniones oficiales con Marcelo Odebrecht, hoy condenado en Brasil.

Pero lo más llamativo es el cruce de kirchneristas y macristas en la causa, porque también aparece involucrada la constructora IECSA, propiedad del primo de Mauricio Macri, Ángelo Calcaterra, que figura en la lista de empresas más beneficiadas con la obra pública durante los gobiernos del FPV, y que en esta en particular era socia de Odebrecht.

El diez por ciento de lo que Odebrecht gastó en total en sobornos, lo puso en estos pagos: entre 2007 y 2014, 35 millones de dólares en sobornos a funcionarios argentinos.

EL PLAN “DINERO PARA TODOS”

En otras primeras derivaciones del caso, legisladores provinciales cordobeses piden que se investigue la relación del ex gobernador José Manuel de la Sota con los publicistas João Santana y Mónica Moura, condenados a ocho años de prisión por lavado de dinero en el marco del Lava Jato, por 70.000 dólares depositados en una cuenta del Heritage de Suiza por su primera campaña para llegar en 1999 a la Gobernación y por el posible pago de coimas por la fallida licitación en 2008 de los gasoductos troncales.

Odebrecht también aportó, oficialmente, dinero a la campaña presidencial de Mauricio Macri, mediante una de sus controladas, Braskem SA, que a comienzos de 2015 desembolsó 500.000 pesos para respaldar la candidatura del actual mandatario. Según publicó Hugo Alconada Mon en La Nación, dos ejecutivos y un lobbista de la empresa afirmaron, extraoficialmente, que también aportaron a las campañas “de los principales candidatos en 2015”, mencionando a Daniel Scioli, Sergio Massa y Margarita Stolbizer, pero estos supuestos aportes fueron desmentidos de manera tajante por los tres candidatos y no aparecen en los informes de la Justicia electoral.

Massa aparece complicado por otro lado: el fiscal Federico Delgado investiga el financiamiento de una obra que hizo la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) cuando la administraban Amado Boudou y luego Massa. La Auditoría General de la Nación (AGN) informó que desde la ANSES se prestaron unos 890 millones de pesos a AYSA en agosto de 2008, cuando estaba Boudou al frente del organismo previsional. Pero fue durante la gestión de Massa que se realizó el trámite para el préstamo, que resultó llamativo para la AGN y por eso decidió investigarlo: se trata de un organismo público que le presta dinero a una empresa. La hipótesis de los investigadores es que el préstamo, utilizado para pagar el anticipo financiero de la obra a la UTE integrada por Odebrecht y otras empresas, podría haber sido desviado para abonar coimas a funcionarios.

En Brasil, Marcelo Odebrecht, nieto del fundador y condenado a 19 años de prisión, confesó ante la Justicia que aportó dinero en negro para la campaña presidencial de Rousseff y Temer. Detalló que arregló con un dirigente del partido del actual presidente realizar una transferencia ilegal de tres millones de dólares para su partido.

Pero Odebrecht no pudo desembarcar en Santa Fe: diez años atrás, el entonces gobernador Hermes Binner anuló “por sobreprecios” una licitación para construir acueductos.

¿GRIETA? ¿QUÉ GRIETA?

En el funcionamiento de la economía capitalista, la connivencia de personas vinculadas a intereses sectoriales con los distintos poderes del Estado es parte del entramado cotidiano, de la lógica misma de su funcionamiento. Cuando se trata de negocios con el Estado, no hay grieta ni hay problemas éticos, no hay incompatibilidades ni dilemas.

Pero no todo es lo mismo en la política argentina. Hay una provincia en la que Odebrecht quiso y no pudo entrar. Pocos días atrás, lo recordaba la intendenta de Rosario, Mónica Fein: la empresa brasileña no pudo desembarcar en Santa Fe porque diez años atrás, el entonces gobernador Hermes Binner anuló por sobreprecios una licitación que Odebrecht había ganado para construir acueductos en la provincia.

Fein aprovechó el congreso provincial del PS santafesino para marcar la diferencia. “Odebrecht no tiene obras en Santa Fe por la honestidad del socialismo”, dijo la jefa comunal de Rosario. Y completó: “No van a encontrar socialistas vinculados a Odebrecht, como tampoco socialistas que tengan cuentas en Panamá, empresas amigas o conflictos de intereses”, en referencia a Mauricio Macri y sus funcionarios.

A medida que el escándalo de Odebrecht toma escala tricontinental, aquella decisión de Binner se agiganta y permite pensar “fuera de la grieta” . “Hoy se discute la corrupción en el mundo, en el continente, en nuestro país. La corrupción amenaza nuestras democracias y sepulta las bondades del populismo”, dijo Fein. “Llevamos 10.000 días de gobierno en Rosario, en los que el socialismo puede demostrar transparencia y ningún caso de corrupción”.

“Le dijimos no a los sobreprecios en la obra pública, a las máquinas de juego, a las mafias de los medicamentos. Y no van a encontrar ningún socialista que tenga cuentas en Panamá. Los socialistas no se enriquecen con la gestión pública. No tenemos empresas amigas ni conflictos de intereses -siguió Fein-. Nosotros trabajamos con coherencia para resolver los problemas de cada ciudad y pueblo de Santa Fe”. Y recordó lo que decía el fundador del PS, Juan B. Justo: “Seguimos como hace 120 años con las manos limpias y las uñas cortas para enfrentar los desafíos del presente y del futuro”.

forges

Como nos lo recuerda Forges, no todo es lo mismo, que es precisamente lo que quieren los dueños de la riqueza, el poder y el conocimiento.

“Hoy, cuando se discute lo que pasa en la Argentina y Brasil con empresas como Odebrecht hay que tomar decisiones que se basen en la trasparencia y buscar otro camino para hacer obras, con licitaciones más adecuadas para las empresas de nuestro país. Es un camino difícil de transitar, cuestionado por algunos, pero el correcto” porque se trata de “recursos del Estado, que no debe pagar sobreprecios o utilizar mecanismos que no son transparentes para realizar obras”.

No está mal que en el medio de la desesperanza de la sociedad argentina, cuando no se terminan de procesar los escándalos del pasado reciente y a la vez se intenta enfrentar las políticas excluyentes del presente, algunas voces recuerden que no estamos condenados a que la disyuntiva sea eternamente entre corruptos y neoliberales. Que claramente necesitamos otra cosa. Que la grieta apesta. Y que, como nos recuerda el chiste de Forges, no todo es lo mismo, que es precisamente lo que quisieran ellos, los dueños de la riqueza, el poder y el conocimiento.

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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