Agrotóxicos, una palabra peligrosa

Una circular del Centro Regional Buenos Aires Norte del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), firmada por su director, ordena a los profesionales de este organismo dejar de utilizar “de manera irrestricta” el término “agrotóxico” en documentos.

agrotoxicos

La circular firmada por el director del Centro Regional Buenos Aires Norte del INTA,el ingeniero agrónomo Hernán J. Trebino, afirma que el uso de esta palabra puede implicar «una posición valorativa negativa que presupone un uso inadecuado o inapropiado de una alternativa tecnológica que bien empleada no debería constituirse en riesgo para la salud humana o ambiental». En lugar de ese término, se exige el uso de expresiones como «productos fitosanitarios» o «agroquímicos». En la misma línea, también se prohibió el uso de nombres o logos de agrupaciones políticas o partidarias.

Este grave hecho de censura preocupa viniendo de una institución como el INTA, que supo ser un bastión para la defensa de una producción agro ganadera, con contenido y ciencia nacionales.

MEJOR NO HABLAR DE CIERTAS COSAS

Los agrotóxicos, perdón, los “productos fitosanitarios” son sustancias químicas tóxicas utilizadas en la agricultura para matar insectos, malezas y hongos que afecten al cultivo.
Uno de los más conocidos es el glifosato, un herbicida creado por la multinacional Monsanto, conocido comercialmente bajo el nombre “Roundup”, producto que irrumpió en nuestro país de la mano de la soja transgénica.

En los últimos años la soja fue el cultivo que más influyó en la economía argentina. El denominado “boom de la soja” comenzó en los años 80, pero fue en 2003 cuando su valor cotizó con un record de 220 dólares la tonelada. Lo que fue una buena noticia para los sectores agropecuarios y económicos, derivó en una pesadilla para poblaciones que en silencio sufren sus consecuencias.

Basado en un informe de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, la Red Universitaria de Ambiente y Salud publicó que en Argentina el consumo de agrotóxicos aumentó un 983% en 25 años: de 38.000 toneladas en 1990 a 370.000 en 2015.
La superficie cultivada se incrementó a un total aproximado de 30 millones de hectáreas, donde el 70% es transgénico, y ya hay 12 millones de argentinos expuestos a estos productos. Al aumentar el uso de los herbicidas, las plantas aumentan su resistencia, por eso donde en 1996 se utilizaban 3 kilogramos por año por hectárea de glifosato, hoy se aplican 12 kilogramos.

Pero el problema con estas sustancias no es solo en la Argentina, si bien es uno de los países donde más se utiliza. En todo el mundo se están viendo las consecuencias del uso desmedido y sin control de este tipo de sustancias. Recientemente un informe de la relatora especial sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, Hilal Elver, responsabiliza a los agrotóxicos por la muerte de 200 mil personas al año y cuestiona la idea de que sin ellos no es posible alimentar a la humanidad.

A esto se suma el reciente fallo del “Tribunal Internacional Monsanto”, que tras varios meses de investigación sobre el desempeño de Monsanto, empresa dedicada principalmente a la venta de semillas transgénicas y glifosato, la encontró culpable del delito de “ecocidio”, además de crímenes de guerra, de violaciones a los derechos a un medio ambiente sano y equilibrado, a la salud y a la alimentación, y de “quebrantar la libertad científica”. (Ver nota “El ecocidio como delito penal internacional”)

En nuestro país estudios recientes llevados a cabo por el SENASA, el CONICET y hasta el propio INTA, demuestran la presencia de estos productos altamente tóxicos en el agua, en los alimentos y hasta en el aire, causando en algunos de los afectados directamente por estas sustancias malformaciones y múltiples enfermedades como epilepsia, anemia hipocrónica y leucemia.

A raíz de todo esto distintas organizaciones llevaron al glifosato a la justicia, donde el fiscal federal en lo Contencioso Administrativo N° 8 Fabián Canda pidió que se dicte una medida cautelar para que se prohíba el uso del glifosato para fumigaciones aéreas y una zona de protección de 5 kilómetros para las fumigaciones terrestres, en relación a los centros poblados, escuelas, pueblos, casas rurales, ríos, lagunas y pozos de extracción de agua subterránea. El funcionario judicial indicó entre otras cosas que “los informes y antecedentes dejan en evidencia, por lo menos, la indubitable peligrosidad de los agrotóxicos a base de glifosato” (Ver nota “Un fiscal federal presentó una cautelar para suspender el uso del glifosato en todo el país”).

Todas estas situaciones, y cientos de otras más que se han dado a lo largo de los años de uso de estos productos tóxicos en nuestro campo, están lejos de ser tapadas o borradas prohibiendo el uso de una palabra. O tal vez la forma de llamarlos implica un posicionamiento ético frente al tema: los que promueven su empleo los llaman fitosanitarios; los que tratan de tener una postura hipotéticamente neutra, agroquímicos y los que luchan contra su uso, agrotóxicos.

 

En base a Página 12 / Fundavida / Infobae / El Disenso / El Argentino
Foto Mario Rovina

Mario Rovina

Mario Rovina

Guardaparque egresado de la Universidad Nacional de Misiones. Fotografo de aves y especialista en ambiente. Integra la Cooperativa de Comunicadores El Miércoles.

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