Cecilia y las estrellas

Cecilia Payne-Gaposchkin fue una pionera. Una de esas personas que dan el primer paso y, con él, abren las puertas a todos los que vienen atrás. En este caso, los que vinieron atrás –o, mejor dicho, en adelante- fueron las mujeres científicas. Podría decirse sin exagerar que luego de Payne Gaposhkin -y al menos en el ámbito académico norteamericano- ser mujer y ser científica dejó de ser algo tachado de imposible.

Acc 90-105, Box 16, Folder Biogs. PAU - PD; Seated at desk. From back: "Miss Cecilia H. Payne - Harvard Obs. Astron."

Cecilia Helena Payne era inglesa. Nació en el año 1900 un día 10 de mayo, en la ciudad de Wendover. Curiosa desde niña y de un increíble talento, tenía muchos intereses: botánica, química, taxonomía, física. Fue en esta última donde se desenvolvió a lo largo de toda su vida.

Según cuentan sus biógrafos, Cecilia se inclinó finalmente por la física tras escuchar una conferencia de Sir Arthur Eddington acerca de la relatividad y la astronomía. Eddington no era cualquier científico: se trataba nada menos del primero en haber conjeturado que la temperatura del sol era de unos 15 millones de grados, argumento que no convencía a la comunidad científica de la época. Tanto él como Gamow sostenían, además, que el Sol estaba compuesto mayoritariamente por elementos pesados. En ese momento, ni Cecilia ni nadie lo sabía, pero fue exactamente esto lo que ella había venido a cambiar: el Sol no está compuesto mayoritariamente por elementos pesados, sino todo lo contrario. Cecilia demostraría que el Sol, todas las estrellas e incluso el Universo en su totalidad está compuesto muy mayoritariamente por hidrógeno y es, con ello, el elemento más abundante del cosmos. Un giro absolutamente radical. Su tesis sería calificada como la tesis doctoral “más brillante jamás escrita en astronomía”[i]. Pero, así y todo, Cecilia no la tuvo nada fácil.

VIDA

Tras decidirse por la física, Cecilia Payne ganó una beca para estudiar en el Newnham College, perteneciente a la Universidad de Cambridge, en 1919. Apoyada por su familia, que no se opuso a su carrera científica, se recibió, pero no le fue otorgado título alguno, a pesar de haber ganado una beca por su talento y demostrar todas las aptitudes necesarias.

¿La razón? Cambridge no otorgaba el título a mujeres (comenzó a hacerlo recién en 1948).

Cecilia Payne no sólo fue una notable científica y una inspiración para otras mujeres, sino que además su tarea pedagógica dejó huella.

Lo cierto es que, aún habiéndose recibido de astrónoma, Cecilia no tenía opciones laborales en Inglaterra, de modo que en 1923 se mudó a los Estados Unidos, donde conoció a Harlow Shapley, director del Observatorio de la Universidad de Harvard. Shapley había sido nombrado director tras la muerte de Edward Charles Pickering. Pickering se había dedicado al estudio de los espectros estelares y como director del observatorio fue el impulsor de un proyecto particular: consistía en contratar a mujeres astrónomas que se especializaran en el tema. El proyecto de Pickering tuvo mucho éxito y formó a numerosas científicas de renombre (entre ellas Williamina Fleming, Antonia Maury, Annie Jump Cannon o Henrietta Swan Leavitt, entre otras), lo cual no impidió que fuera objeto de burlas y apodos, como “El harén de Pickering”. Era una época donde no se tomaba en serio a las mujeres. No obstante, Pickering persistió. Su grupo fue tan importante que quedó en los anales de la historia científica y se lo conoció también, de modo más respetuoso y acorde a las circunstancias, como “Las computadoras de Harvard”. Como Pickering, Shapley fomentó el ingreso de mujeres y, bajo su supervisión y tras la creación de un programa de becas, contrató a Cecilia Payne para que trabajara en el observatorio. Gracias a esto, Cecilia se convirtió en la segunda mujer en hacerlo, tras los pasos de Adelaide Ames.

Con el impulso de su nuevo trabajo y de la ayuda de Shapley, Payne escribió su tesis doctoral en el Radcliffe College, en 1925. Fue esta tesis la que revolucionó el campo de la astronomía, con nada más que 25 años. Pero tuvo que sortear algunos problemas antes: su tesis fue supervisada por Henry Norris Russell, un astrónomo de renombre, quien, sorprendido por los chocantes resultados, le recomendó que retocara sus conclusiones y, de algún modo, no afirmara lo que Payne estaba afirmando: que el Sol no estaba compuesto por materiales pesados similares a los de la Tierra, sino mayoritariamente por hidrógeno. Las conclusiones de Payne contradecían frontalmente la postura aceptada de la época, y no tuvo más opción que modificar su tesis. Con el tiempo, el propio Henry Russell arribaría a la misma conclusión que Payne, en 1929, y si bien fue debido a su insistencia que se terminó por aceptar el resultado, Russell reconoció justamente que fue Cecilia Payne quien había hecho la contribución. Irónicamente, muchos años más tarde, en 1976, Cecilia recibiría un premio muy importante: el premio Henry Norris Russell.

DOCTORADO Y DESPUÉS

Si bien trabajaba en un observatorio, Cecilia no era considerada una astrónoma, y su cargo era el de “asistente técnica” del director, Harlow Shapley. Payne debió permanecer en esa posición desde 1927 hasta 1938, lo cual fue una causa frecuente de frustraciones cecilia-paynepara ella, debido a que era un cargo muy mal pago. Cecilia quería, además, ser llamada por su nombre: astrónoma. Con su insistencia y gracias a la ayuda de Shapley, logró que en 1938 se le reconociera su condición. Su carrera científica se desarrolló principalmente en Harvard, donde permaneció hasta sus últimos días, aun a pesar de los obstáculos, como por ejemplo que ninguna de sus clases fuera registrada hasta 1945. Lo cierto es que así como tuvo trabas también tuvo reconocimientos: en 1943 fue elegida miembro de la Academia de Artes y de Ciencias de EEUU y, en 1954, Donald Menzel fue nombrado director del Observatorio de Harvard y trató de ayudarla y mejorar su posición. En 1956 lo logró y Cecilia fue ascendida a profesora titular, convirtiéndose así en la primera mujer en ser nombrada profesora titular en el Departamento de Artes y Ciencias de Harvard. Más adelante, tras ser elegida miembro de la dirección del Departamento de Astronomía, se convirtió también en la primera mujer en dirigir un departamento en Harvard.

Con el doctorado obtenido por Cecilia Payne y sus posteriores nombramientos: ser mujer y ser científica dejó de ser una mala combinación de palabras.

Gracias a la dirección de Harlow Shapley y al posterior nombramiento de Sheridan, el observatorio de Harvard ya era un lugar de oportunidades y de referencia para las mujeres con ambiciones científicas, pero con el doctorado obtenido por Cecilia Payne y sus posteriores nombramientos, ser mujer y ser científica dejó de ser una mala combinación de palabras.

Cecilia Payne no sólo fue una notable científica y una inspiración para otras mujeres, sino que además su tarea pedagógica dejó huella: formó a brillantes alumnos como Helen Sawyer Hogg, Joseph Ashbrook, Frank Drake and Paul W. Hodge, todos ellos importantes astrónomos, y siguió trabajando hasta después de su retiro, en 1966, en el Observatorio Astrofísico Smithsoniano. Fue luego nombrada Profesora Emérita de Harvard y publicó numerosos libros y artículos, además de recibir numerosos premios, muchos de los cuales incluyeron el honor de ser la primera persona –no sólo la primera mujer- en recibirlos, como por ejemplo el Premio Annie J Cannon, en 1934; o ser una de las pocas personas que reciben un premio durante sus estudios de grado, como su nombramiento en la Real Sociedad Astronómica, en 1923, cuando aún estaba en Inglaterra. Por si esto fuera poco, incluso un asteroide lleva su nombre: el asteroide 2039 Payne-Gaposchkin.

Tras una vida dedicada a la ciencia y a inspirar a miles de jóvenes con inclinaciones científicas, Cecilia falleció en 1976, un día de diciembre, en Cambridge, no ya en Inglaterra, sino en Massachussets, Estados Unidos.

 

[i] Según afirmó Otto Struve, en 1962

Esteban Sargiotto

Esteban Sargiotto

Licenciado en Letras y periodista. Es colaborador especial de La Vanguardia.

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