Riot Grrrls: el matriarcado del rock

Las riot grrrls rompieron la lógica masculina del rock. Le aportaron un componente festivo, crítico, contestatario y feminista que insiste en perdurar.

NEW YORK - 14th JULY: Singer Kathleen Hanna and drummer Tobi Vailfrom American group Bikini Kill perform live on stage with Joan Jett (left) at Irving Plaza in New York on 14th July 1994. (Photo by Ebet Roberts/Redferns)

El movimiento cultural asumido por feministas del rock surgió como respuesta a una retórica generada y respondida por el hombre. El punk y el hardcore fueron corrientes primero políticas y luego musicales. Así que las chicas no dudaron en hacerse una cresta, calzar unos Doc Martens y salir a patear culos. Como corresponde.

«Porque odiamos al capitalismo en todas sus formas y creemos que nuestro mejor logro es compartir la información y mantenernos vivas en lugar de generar ganancias según los estándares establecidos», escribían las Bikini Kill en su Manifiesto Riot Grrrl en 1990. Mantenernos vivas, dicen. Porque nos matan.

riot-grrrl-was-about-much-more-than-music-1437055942La mujer ha tenido diferentes grados de exposición y protagonismo, de sumisión (para Aristóteles, la virtud de la mujer era el silencio) y hasta el esclavismo. En La República, Platón reconoce una misma naturaleza entre ambos sexos y como tal, las mismas oportunidades. Pero fue Hobbes quien mejor, o primero, se expresó con respecto a la igualdad de géneros: cuestionará la autoridad patriarcal destacando al hombre como dominador. Hoy, la polémica Camile Paglia, feminista, atea, lesbiana, no tiene reparo en despreciar al actual feminismo por «culpar a los hombres de todo». Agradece a su entorno familiar ítalo-americano donde los hombres fueron «importantes y amorosos». Hoy dirá que “estridente, egoista y adoctrinador, el activismo gay está completamente carente de una perspectiva filosófica”.

«Porque odiamos al capitalismo en todas sus formas y creemos que nuestro mejor logro es compartir la información y mantenernos vivas en lugar de generar ganancias según los estándares establecidos», escribían las Bikini Kill.

Mientras el rock había sido terreno de varones (Beatles, Stones, Who), frente a la aparición del punk, ese género con conciencia social que se ha expresado ante cualquier forma de injusticia, comienza a nuclear a las mujeres en sus líneas: la Velvet con Nico, Patti Smith, Siouxsie, Debbie Harry con Blondie, The Slits, más largo etcétera.

riot-grrrl-zine1En tiempos donde una nueva forma de feminismo se expresa a viva voz, recordamos a las mujeres del rock que en 1989 escupieron al mundo su verdad, la verdad, y la transformaron en arte. Primero desde la música y haciéndolo extensivo a toda forma de expresión, estas féminas americanas armaron una corriente alternativa al mainstream y de la mano del punk, el brazo armado del rock, se mantienen vivas hasta hoy día. En promedio, jóvenes, blancas -no estrictamente white trash por ser cultas y profesionales cuando no académicas, sí flirteaban con la marginalidad-, feministas se alzaron por la violencia de género y el sexismo sobre todo en la industria discográfica. Cuando la gente dice que riot grrrl era todo blanco no es verdad. En lugares como Nueva York y Carolina definitivamente no era el caso. No quiero borrar a las mujeres de color que fueron gran parte del saber moldear la identidad del riot grrrl y que cuestionaron riot grrrl como un movimiento muy blanco porque claramente les importó lo suficiente para criticarlo. ¿Era la cara de riot grrrl blanca? Sí. ¿Eran muchos de los dibujos en los zines blancos? Sí. ¿Yo los hice? Sí. ¿Me arrepiento de letras como, ‘Comer carne/Odiar a los negros/Es todo la misma cosa’? Sí. Porque no es una manera astuta de hablar de interseccionalidad y me arrepiento. Estoy dispuesta a decir esto públicamente porque creo que es importante ser crecer y mejorar”, decía en 2013 Kathleen Hanna, cantante de Bikini Kill y referente riot grrrl a la revista SPIN.

bkillLas riot grrrls se impusieron como toda minoría, destacando que el arte no es privativo de las clases dominantes y el mundo se hizo eco. Sin ir más lejos -y no geográficamente hablando-, las rusas Pussy Riot enfrentaron la cárcel por burlar al Estado y al mismísimo Putin hace pocos años. Combativas, estas lindas mamushkas arremetieron con su música y su retórica para reclamar lo que es justo: igualdad de condiciones.

Las bandas más emblemáticas del movimiento han sido primero, las Bikini Kill, y siguió con Le Tigre, L7, Babes in Toyland, 7 Year Bitch, Bratmobile quienes dieron el puntapie para que gente como las Lunachicks, Breeders y Veruca Salt lo continuaran. Fuera de los Estados Unidos, España fue el país que más acción directa tuvo en relación a este feminismo de garra.

Las riot grrrls eran feministas que se alzaron contra la violencia de género y el sexismo imperante en la industria discográfica.

Así, indirectamente llegamos a Macky Chuca quien supo ser la cara y voz de los punkrockers Mostros aunque también supo berrear en las bandas Weed Bug y Myrna Minkoff. Escritora, ella, artista argentina de spoken word vive desde hace diecisiete años entre Mallorca, Madrid, Galicia y Portugal. Actualmente se encuentra girando con el Macky O Spoken System, su proyecto de música y performance para el lanzamiento de su último libro, Sótano (Kokapeli Poesía), también colabora con el colectivo Prostíbulo Poético en Barcelona. Su poemario Saliva (Contraescritura, 2015), gira alrededor de una temática de hibridación, tránsito e impermanencia: «cosas que nos ocurren a las mujeres en el coxis y en la piel», según sus propias palabras. Su libro La reina del burdel (Sloper, 2011) ganó el VIII Premio Cafè Món y llegó en apenas un mes a su segunda edición. Los poemas de Síntoma y su espectáculo de spoken word Cómo agitar el mar debajo de tu falda se presentaron en la Feria del Libro de Palma 2014. Macky Chuca dedicó una poesía para el colectivo #niunamenos

macky-foto-by-julian-poggiesela caída

dónde se han caído mis amigas

si recién estaban por aquí

cocinándome.

hace un rato nos medíamos el pecho

sabiendo que algunas de nosotras no íbamos a amamantar.

mis amigas metían la mano en el armario de la angustia

y de la tos

y me ofrecían el corazón humeante.

yo a veces tenía que decirles que no

demasiado llena ya de sus palabras nutricias

empalagada de la sangre nuestra de cada mes

pero ese es otro cáliz imposible de apartar.

dónde se han caído las que me enseñaron

que teníamos la obligación de crecer derechitas

como árboles

aunque tantas veces nos tuerza el viento en la calle

aunque busquemos el agua con lágrimas de sauce.

en cambio ellas manaban

agua viva

para mí y para todas.

me enseñaron a dar paseos largos

y a mirar a los ojos

incluso a aquellos que piden que no los mires

a aquellos que te roban el soplo y te dejan con hambre.

ellas deben estar riéndose de vernos tan serios

se alegran de que nos juntemos en su nombre

se esconden en la sombra

porque las mujeres muchas veces jugamos al eclipse

para que nuestras palabras brillen con luz propia.

nos ponemos nombres de hombre para no molestar

nos tapamos el culo para que no digan que provocamos

y a veces ni eso sirve.

algunas de mis amigas han caído por decir que no

y la mayoría por decir que sí.

ellas me han enseñado que la confianza

es el mayor acto de entrega.

incluso ahora

mientras encienden las estrellas

para que yo pueda cantarles

yo me empeño en ver nubes y ellas arden con mayor fulgor

para que no las pierda de vista

y me dicen que confíe

que siga confiando.

Lala Toutonian

Lala Toutonian

Periodista cultural. Trabaja en el reconocimiento del Genocidio Armenio. Escribe en Perfil, La Nación, Clarín y Playboy, entre otros medios.

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