Juntas somos poderosas

El colectivo Ni una Menos es fuerte porque está unido. Las mujeres somos poderosas si nos mantenemos juntas. Para terminar con el patriarcado y la muerte. Para exigir dignidad. Para ser una voz arrolladora.

paro-marcha-mujeres-dia-de-la-mujer-ns-1920-7
Ni Una Menos es una doble negación, la manera más contundente que encontramos de decir BASTA cuando llegamos al hartazgo. La catarata de femicidios nos llenó de rabia y esa rabia nos llevó a la calle. Al femicidio nuestro de cada día, ese que nos despierta con el noticiero de cada mañana y nos deja duelando, porque tocan a una y tocan a todas, le decimos basta. Le dijimos basta el primer 3 de junio, en 2015, cuando nos convocamos, tras años de lucha conjunta, en diversas militancias históricas, territoriales y librescas, con y sin marco teórico, para expresar un sentimiento común que nos atravesaba: Vivas nos queremos.

La masividad de la convocatoria nos sorprendió hasta a nosotras mismas. Ya lo sabemos: Ni una menos somos todxs. Es una consigna que atraviesa capas sociales y hasta ideológicas en función de un consenso: ponerle fin al patriarcado que sostiene los cimientos culturales desde que el mundo es el mundo tal como lo conocemos. Un patriarcado donde las mujeres somos asesinadas a razón de más de una por día y vivimos en condiciones desiguales en casi todos los planos.

En la diversidad que conforma el movimiento de mujeres, la variedad de feminismos con sus diferencias, convivimos y marchamos. Volvimos a marchar el 3 de junio de 2016, por las que mataron, por las pibas, y marchamos con una masa enorme de desocupadas. Porque en la distribución del trabajo, las primeras perjudicadas somos las mujeres. Ganamos menos que los varones por un mismo puesto laboral, ostentamos un mayor índice de desocupación estructural, y en este último período perdimos la jubilación para las amas de casa, tenemos una nueva paritaria que premia a un presentismo que -bajo la actual distribución de las tareas de cuidado- las mujeres no vamos a poder ganar. Y este modelo nos dejó en la calle. A las que teníamos empleo, y a las trabajadoras de la economía popular, mayoría femenina, nos corrió la manta y nos dejó en la lona.

niunamenos_5
Nos queremos vivas, sí. Pero también nos queremos dignas. Y eso implica, entre otras cosas, tener trabajo, poder mantener los hogares de los que en muchísimos casos somos sostén. Comer y dar de comer. Por eso este 3 de junio marchamos sobre 3 ejes que nos atraviesan, lanzas que nos cruzan y nos dejan heridas. Lastimadas y fortalecidas, con las que nos faltan, con las desocupadas, las precarizadas, con las presas, con las reprimidas, con todas y por todas, marchamos. Marchamos contra las violencias que nos encuentran muertas en una zanja, tapadas con cemento, o que ni nos encuentran porque no nos buscan. Marchamos porque los femicidios y los travesticidios son más cada año, y aunque nos quieran disciplinar vamos a seguir organizándonos y resistiendo.

Nos queremos vivas, sí. Pero también nos queremos dignas. Y eso implica, entre otras cosas, tener trabajo, poder mantener los hogares de los que en muchísimos casos somos sostén. Comer y dar de comer.

Marchamos y resistimos contra las respuestas punitivistas que da el Estado a nuestras demandas. Manipulan la causa de género para aplicar leyes de mano dura, aumentar las penas y bajar la edad de imputabilidad. Que quede claro: existe un feminismo que es funcional a la derecha. Y no es el que militamos. Militamos un feminismo popular que lucha porque el Estado no les pida documentos a lxs pibxs, que no hostigue a las pibas de los colegios secundarios, que no meta presas a las mujeres que se expresan, que comen pizza o que abortan. Que no nos lleve presas por defendernos, como a Higui. Por organizarnos, como Milagro Sala. Este 3 de junio también decimos: Basta de represión y persecuciones.

Nos sentimos amenazadas cuando salimos a la calle, y también en nuestros lugares de trabajo, porque la economía pende de un hilo y nos hace depender de nuestros acreedores: Las mujeres sabemos que cuando estamos endeudadas es más difícil decir que no cuando queremos decir que no, sabemos que la negociación nos deja en un lugar de inferioridad, más precario y vulnerable. A la intemperie. Por eso la deuda que está tomando el país, que pagamos con nuestro tiempo y con nuestra fuerza de trabajo, se traduce en violencia sobre nuestros cuerpos.

niu
Queremos paridad estructural en la política, en los sindicatos, en los medios, no que nos releguen a una comisión, a una secretaría, un suplemento. Queremos que las paritarias contemplen la agenda feminista y tengan en cuenta las necesidades de nuestra agenda de cuidado. Porque cuando las papas queman somos nosotras quienes vamos y las sacamos. ¿Te parece mucho? Son muchos los espacios que nos estás postergados.

Venimos señalando hace tiempo la responsabilidad del Estado. Las políticas de educación en temas de género tienen que empezar bien temprano. Creemos en la ley de Educación Sexual Integral, en los y las docentes que la aplican, en sus materiales y en su aplicación como una herramienta poderosa para ser motores del cambio. Creemos que vos, varón, cuando te preguntás qué hacer podés empezar por romper esos pactos de complicidad que los tienen agarrados al silencio de los que se zarpan y comprenden, porque te entiendo porque me pudo haber pasado. No. Basta. Hay crímenes que se sostienen con la impunidad policial, judicial, sí, pero también con esa lealtad de vestuario que deja morir a una piba. No fue la policía, no fue nadie si no Nancy, embarazada en el bajo Flores descubrió y corrió con unas compañeras a Badaracco, el asesino de Araceli Fulles. Las mujeres demostramos que muchas veces nuestra autonomía y en nuestra autogestión nos agenciamos mejor que cuando esperamos que alguien, el Estado, haga algo.

Hay crímenes que se sostienen con la impunidad policial y judicial, pero también con esa lealtad de vestuario que deja morir a una piba.

Mujeres, lesbianas, travestis y trans venimos a disputar el sentido de ciertas cosas y vamos a seguir sembrando las calles y las plazas del país, de la región y del mundo, como lo hicimos el 19 de octubre pasado: el primer paro a Macri se lo hicimos las mujeres, como lo hicimos el 8 de marzo, con el paro internacional. Esta fuerza avanza, es un actor social arrollador, una acriz social arrolladora, cabría decir, y este 3J las calles nos encuentran, otra vez, con la contundencia que tuvo el rechazo masivo al 2×1 para genocidas de lesa humanidad, con la fuerza de los caminos abiertos por las Madres y por las Abuelas, con la certeza de que juntas somos poderosas.

Marina Mariasch

Marina Mariasch

Escritora. Publicó, entre otros, los libros ‘El matrimonio’ (novela, 2011) y 'Paz o amor’ (poesía reunida, 2014). Es integrante del colectivo Ni una Menos. En twitter es @purasensacion.

Sin Comentarios

No se permiten comentarios