El gato con votos

En esta época de hashtags, el #MacriGato es la consumación de poner en el otro todas nuestras limitaciones, sin hacernos cargo ni un poquito de nuestra responsabilidad. 

macrigato#MacriGato.

¿Por qué se hizo tan popular el hashtag? Arriesgo: creo que hay una conjunción de factores. Pero básicamente son dos los elementos principales, que actúan con una contundencia perfecta. Por un lado, la presencia del Presidente de la Nación, una persona que desde hace algún tiempo provoca un fuerte rechazo (así como también una fuerte adhesión, seamos justos) en amplios sectores de la población. Y por otro, la aparición de un término insultante nuevo. Conciso y contundente, sí, pero sobre todo, novedoso.

La palabra “gato” se usa como insulto desde hace poco tiempo. Al menos en esta acepción y para un hombre. Hace algunos años, “gato” era uno de los tantos términos injuriantes sexistas que existen en nuestro habla cotidiana. “Gato” era siempre una mujer. Y una mujer a la que asociaba con la prostitución. Podía ser una prostituta, lisa y llanamente. O podía ser también una mujer que intentaba (y lograba) escalar social o laboralmente a cambio de favores sexuales.

La nueva acepción de gato (que es algo así como un sinónimo de “gil”) proviene del lenguaje carcelario y de las clases bajas y marginales. Se denominaba gato a quienes estaban a las órdenes de un mandamás (el poronga) en la cárcel, siempre entre los presos. El hecho de que al gato se lo asocie con la acción de tomar leche (“le tomó la leche al gato” es una frase maradoniana por excelencia, sólo opacada por “se le escapó la tortuga”) hace que esta acepción tenga una fuerte carga de dominación sexual, algo muy común en todo tipo de insultos.

Todo nuevo término del lenguaje necesita de una legitimación artística o comunicacional. Ocurre de un modo que casi parece natural con las palabras asociadas a la tecnología. Y digo “casi parece” porque nada es gratuito: los términos tecnológicos son creados por las empresas que comercializan esa tecnología nueva, de modo que, más que una forma natural, es una manera sutil de hacer lobby a favor de una marca.

Si Macri realmente fuera un gato, ¿por qué nos gobierna? ¿Qué hicimos nosotros, unos porongas bárbaros, para evitar que venga el gato a conducir el destino de nuestro país?

Con los términos surgidos del habla coloquial de sectores marginales, la legitimación artística o comunicacional ayuda a cristalizar, a naturalizar su uso. En los años 60, por ejemplo, David Viñas empezó a escribir “cojer” con J cuando se hacía referencia al argentinismo que se utiliza para la acción de tener relaciones sexuales. A Viñas lo siguió Julio Cortázar en El libro de Manuel, como también lo hizo el Negro Fontanarrosa en sus cuentos. Así lo diferenciaron del ancestral “coger” hispánico, que significa “tomar” o “agarrar”.

La nueva acepción de “gato” se asocia hoy casi de forma inmediata al hashtag #MacriGato, al punto de casi neutralizar cualquier otro uso o cualquier otro intento de buscar un nuevo destinatario. Pero si bien la explosión se produjo por esta consigna, la primera en popularizar “gato” como sinónimo de “gil” fue la cantante Miss Bolivia en su megahit Tomate el palo. El tema comenzaba con unas palabras de la cantante sobre una base musical, que terminaba con el grito “¡para vos, gatooooo!”, antes de comenzar a cantar.

El éxito de #MacriGato está también en lo conciso del asunto, en la contundencia. Pero hay en esta consigna algo de negación y de autocompasión. ¿Es realmente un gato el Presidente de la Nación? ¿O es esta la forma más sencilla y menos dolorosa de negar que tan gato no es? Si Macri realmente fuera un gato, ¿por qué nos gobierna? ¿Qué hicimos nosotros, unos porongas bárbaros, para evitar que venga el gato a conducir el destino de nuestro país?

(Aclaración importante: no hablo sólo de los hombres. Cuando digo “nosotros, unos porongas bárbaros”, me refiero a hombres y mujeres. Ocurre que no sé cómo hacer inclusiva esta frase. Sé que se puede usas “nosotros y nosotras” o “nosotres”. Pero no tengo idea cómo traducir esta frase completa a lenguaje no sexista. Tal vez debería decir “nosotres, unes porongues bárbares”. O tal vez, “nosotros y nosotras, unos porongas y unas porongos bárbaros y bárbaras”. O quizá, “nosotros y nosotras, unos porongas y unas cachuchas bárbaros y bárbaras”. Pero no estoy seguro. Les dejo la inquietud y sigo con lo que estaba).

Si el Presidente es un gato, ¿qué queda para nosotros y nosotras? El #MacriGato es la consumación de poner en el otro todas nuestras limitaciones, sin hacernos cargo ni un poquito de nuestra responsabilidad. Lo sé, así funcionan las cosas. Vivimos en épocas de hashtags. Que no son más que la actualización de las viejas consignas que se pintaban en las paredes, cuando “muro” era una construcción rústica de ladrillos y cemento, y no el lugar público de una red social. Pero esas consignas sintéticas pueden tener propuestas muy variadas.

Pensemos en #ForaTemer. Hay aquí un pedido concreto frente a una coyuntura. Y hay también una definición por la negativa: si es difícil ponernos de acuerdo en quién queremos que venga, digamos quién queremos que se vaya. Lo de #MacriGato apunta a lo mismo: busca nuclear a toda la gente que está en contra del actual gobierno Nacional.

El problema principal de #MacriGato es que no es una consigna política. Bueno, sí, es política en tanto implica a un político, el Presidente de la Nación. Pero no apunta a una medida o conjunto de medidas políticas por parte del presidente. No es #MacriHambreador, #MacriRepresor, #MacriLavador, #MacriCorrupto, etc. Ni siquiera algo un poco más amplio (y también más canyengue) como #MacriGarca.

Se ha hablado mucho (y con razón) sobre el paralelismo entre la década del 90 y el gobierno actual. Y siempre se cae en esta comparación por las medidas económicas y políticas de Menem y Macri. Pero hay otro punto en que ambas épocas se parecen: por cómo se viralizan algunas respuestas al oficialismo.

El #MacriGato me recuerda a cuando nos reíamos de Menem porque leía a Sócrates. Un buen chiste, pero al no ser una respuesta política termina siendo parte de la antipolítica.

Decir #MacriGato me acordar mucho a las épocas en que nos reíamos de Menem porque decía que leía a Sócrates, que le gustaban las novelas de Borges o aseguraba que en poco tiempo íbamos a poder volar en segundos hasta la estratósfera. El foco estaba puesto allí y no tanto en el remate del patrimonio nacional. Del mismo modo, #MacriGato es un buen chiste, pero al no ser una respuesta política termina siendo parte de la antipolítica.

No hace falta que aclare que soy un opositor ferviente a este Gobierno. Que me deprime lo que simbólicamente representa el gobierno de Macri. Que sufro la derrota política y cultural profunda que implica Cambiemos para un espacio de izquierda o progresista. Pero es absolutamente necesario preguntarnos por qué es que este es nuestro Gobierno.
No digo que una política económica y social se vaya a resolver con hashtags o alardeando sobre quién es el más banana (y la más banano) en una red social. Pero es necesario que empecemos a hacernos cargo de cómo fue que llegamos a alojar a un felino en la Casa Rosada.

En definitiva, la culpa no es del gato, sino de quien lo hace maullar.

Pablo Marchetti

Pablo Marchetti

Escritor, músico y periodista. Fundador de la revista Barcelona y cantante y compositor del grupo Falopa. Escribe en Perfil y en La Vanguardia.

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