" /> Miguel Hoyuelos: “Un país sin ciencia es un país más pobre” – La Vanguardia Digital | La Vanguardia Digital

Miguel Hoyuelos: “Un país sin ciencia es un país más pobre”

En este diálogo con La Vanguardia, el físico y escritor Miguel Hoyuelos -autor de “Física manifiesta” y “Ciencia y tragedia”– repasa algunos debates recurrentes en la filosofía y la ciencia, las formas en que se enseña en la Argentina, el necesario diálogo entre ciencias sociales y ciencias exactas, y algunas impresiones sobre las políticas públicas en materia de investigación en nuestro país. 

qqq-1

Con mesura pero sin ocultar su preocupación, el doctor en Física y docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) advierte que en la Argentina el panorama de la investigación científica es “anárquico y caótico”:

“Los proyectos de investigación se dan por iniciativa propia de cada investigador o de cada equipo, en función de lo que le interesa trabajar. No forma parte, en general, de un proyecto de más largo plazo basado en las necesidades del país. No ha habido un plan ni un proyecto, y no tengo claro que lo haya en la actualidad. Los plazos involucrados en el desarrollo de la actividad científica son necesariamente largos. Y que su crecimiento se haya dado de forma caótica o anárquica es, quizá, una consecuencia algo inevitable de la falta de madurez del proceso. Sin embargo, con el paso de los años es necesario que se vayan creando proyectos más grandes, tanto en recursos como en cantidad de investigadores, y más orientados hacia las necesidades del país, y que saquen un mejor provecho de la capacidad generada sin dejar de lado, por supuesto, la investigación básica. Se trata solo de una impresión general. Esto no significa que no exista la ciencia aplicada en Argentina, sé que hay buenos grupos que la practican, especialmente en las ingenierías.”

¿Cómo se enseña ciencia actualmente en la Argentina?

No estoy seguro. Conozco cómo se enseña física en distintos lugares del país, y hay variaciones, cosa que está bien que sea así. Hay lugares en que son más fuertes en una temática, otros en otra. Algunos son más experimentales, otros más teóricos. Los programas son similares en lo básico, por ahí se diferencian algunos en las materias más avanzadas. Pero no creo que haya mucha diferencia en la formación de un licenciado en física en diferentes lugares del país. Por lo que yo conozco son similares, y buenos. En general no tienen diferencia o desventajas con otros graduados en Física de otros lugares del mundo. De hecho, graduados en física que conozco no tienen ningún inconveniente para realizar doctorados en los Estados Unidos o en Europa.

“La sociedad debe valorar la ciencia, y para valorarla tiene que conocer”.

Eso habla bien del nivel de la enseñanza universitaria.

Sí. Siempre hay cosas que se pueden hacer mejor, pero nuestros graduados están, en términos generales, al nivel de otros ámbitos académicos del mundo. Claro que siempre se puede mejorar, y se debe hacerlo. Por ejemplo nosotros en la UNMdP estamos tratando de mejorar la parte experimental, que está más débil en comparación con otras universidades del país.

¿Por qué se pudo conservar esa excelencia cuando en otros terrenos hemos retrocedido tanto?

Es una pregunta complicada en la que hay que pensar en varios factores. Primero, mantener un buen nivel de formación en física es bueno, pero sería mejor mantener un buen nivel educativo general, pues los físicos somos solo una minoría. En física, y en otras ciencias, simplemente no es posible reducir la exigencia. A pesar de los cambios negativos (por ejemplo, la eliminación de las escuelas técnicas en los 90) se ha mantenido un número más o menos estable de buenos estudiantes de física. Son gente que realmente se apasiona por lo que hace, les gusta y son buenos alumnos. En los 25 años que llevo dando clases no he visto grandes variaciones en ese sentido. Ni en la cantidad de alumnos ni en la preparación. A veces trato de explicarme a qué se debe esa queja ¿ustedes la han escuchado también, no? Acerca de lo mal que vienen preparados en matemática, por ejemplo, y donde se debe empezar casi de cero… Yo en física no lo he notado tanto; veo los programas de la secundaria y tampoco me parece que haya un problema de contenidos, curricular. Los temas que ven están bien. Quizás lo que falta es transmitir entusiasmo a los alumnos, motivarlos. Y eso parece cada vez más difícil de lograr. Y lo que se ve es que a veces los profesores no están motivados…También habría que mencionar que hoy es más difícil para un alumno mantener la atención o estudiar durante un tiempo largo, pues están expuestos a más distracciones que hace veinte años. La tecnología nos ha facilitado mucho la comunicación y el acceso a la información, pero frecuentemente también se transforma en una distracción.

En esa mirada uno pone en juego los ámbitos en que está inserto. Pero al mirar hacia la sociedad, su relación con la ciencia, las posibilidades de investigación… el pasado glorioso, los tres Nobel en Ciencias, único país de habla hispana- y dónde estamos hoy. ¿Qué lugar está ocupando la ciencia en la sociedad argentina hoy? ¿Seguimos siendo analfabetos científicos?

Y sí. Yo conozco mejor lo que ocurre en la sociedad en la que vivo, en Mar del Plata. Pero tiendo a pensar que en el resto del país no es muy diferente. El impacto que tiene en la gente común la actividad científica es prácticamente nulo, no existe. Y eso es un poco responsabilidad de la comunidad científica, que no hace el esfuerzo de transmitir lo que se hace. La sociedad en general no valora la ciencia, pero no se puede esperar que la sociedad valore algo que no conoce. Los científicos tenemos que mostrar por qué es importante que un país haga ciencia. No solamente por el prestigio. Un país sin ciencia es un país más pobre. Culturalmente, pero también en general. Y la ciencia tiene un fin en sí mismo, no es solamente sus posibilidades de aplicación tecnológica, sino un fin en si mismo como cualquier otra actividad intelectual que enriquece a la sociedad. Pero la sociedad no lo ve de esa manera, no ve la riqueza que puede haber en el hecho de que haya actividad científica. Y eso, como decía, me parece que es también responsabilidad de los propios científicos que tienen que mostrar que vale lo que están haciendo; que se está haciendo un gasto en ellos y que ese gasto tiene importancia, no es plata tirada. A eso hay que tomarse el trabajo de mostrarlo.

tapa-fisica-manifiestaFalta divulgación. 

Sí.

Vos has hecho divulgación de la física. Pero algo existe, confinada a los canales públicos…

Sí, es cierto que algo hay.

“Ridiculizar las investigaciones es fácil, y no es el camino adecuado”.

Pero eso que hay no alcanza… ¿Qué falla allí? Porque también hay responsabilidades compartidas, porque tampoco parece razonable que las instituciones científicas, que no les sobra presupuesto, deban comprar espacios en la TV abierta, como hacen los negociantes de la superstición del “Pare de sufrir”, por ejemplo…

(Risas) No es muy razonable…

Debería haber alguna política pública.

Sí. En verdad, en los últimos años ha crecido mucho la cantidad de libros de divulgación, es mucho mayor lo que se publica ahora que años atrás, en que era casi inexistente. Si ves la colección “Ciencia que ladra”, que dirige Diego Golombek, o su excelente programa en Canal Encuentro… Ese es un ejemplo de cómo se le puede dar impulso a la divulgación científica. Igualmente, todavía falta. Yo espero que ese proceso continúe y que se impulsen medidas sencillas para favorecer ese proceso.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, el Conicet evalúa la actividad de cada investigador. Cada dos años uno debe presentar un informe. Uno debe presentar un programa, un plan de investigación, y se evalúa cuánto cumplió de ese plan, en publicaciones científicas, en patentes, ese tipo de cosas. Y así tiene que demostrar su trabajo de alguna manera. Dentro de ese trabajo, creo que también habría que poner énfasis en la parte de divulgación, que ese aspecto tenga más peso en la evaluación. Y me parece que el Conicet está empezando a darle más importancia. Pero aun no tiene mucho peso. Eso es algo que se puede hacer de manera sencilla y que puede ir cambiando en el tiempo. Porque hablamos de Golombek, de sus libros, de la colección, del programa, y eso es valioso, está muy bien. Pero para mí es más importante una actividad basada en que cada uno, cada investigador, aporte su grano de arena, que todos hagan algo de divulgación, que no sea algo aislado de unas pocas personas que se dedican a la divulgación, que haya más gente localmente, en cada lugar, en cada ciudad del país, donde haya grupos de investigación científica, se dediquen a hacer la divulgación de lo que ellos hacen, en el lugar donde lo hacen.

¿Las universidades no cumplen adecuadamente esa labor?

Yo vivo en Mar del Plata, como sabés, y la mayoría de la población de la ciudad no tienen ni idea de lo que se hace en la Universidad. Y la Universidad está prácticamente ausente, desconectada de la sociedad. Es cierto que en los últimos años se intenta revertir, hay más presencia en los medios, hay una página digital que se llama Enlace universitario, y hay un programa de televisión muy bueno, que se llama “Sin conservantes”. Son contribuciones muy valiosas, pero todavía percibo esa desconexión entre universidad y sociedad.

Lo interesante es ver que se dan esos pasos.

Sí. La tendencia va hacia el lado correcto. Pero a mi juicio es insuficiente, falta mucho. Como siempre, hay cosas esperanzadoras. El hecho de que exista una empresa como INVAP en la Argentina, habla de que acá nosotros podemos competir con cualquiera. INVAP compite con Siemens, con las empresas más importantes del mundo en construcción de reactores nucleares, ¡y les gana! Así ganaron una licitación en Australia. Ese es un ejemplo que indica claramente que somos todos homo sapiens y tenemos las mismas capacidades y limitaciones que cualquier otra sociedad desarrollada del mundo. No somos menos. Lo que uno se proponga lo puede hacer. Y la demostración es INVAP. Me gustaría que hubiera más ejemplos como ése. Y hay, eh. En tecnología avanzada aplicada hay algunos, empresas especializadas en desarrollo de software que compiten a nivel internacional. Y debe haber más.

“Dentro de la actividad científica también hay que tener un poco de autocrítica. Y no está mal que haya políticas que den prioridad, cuando se trata de ciencia aplicada, a problemas que el país necesita resolver y que a esos problemas se le apliquen más recursos”.

Hay otros ejemplos, muy estimulantes en un sentido y quizás descorazonadores en otro, como la presencia de Gabriela González, la física cordobesa que trabaja en el equipo que halló, en los Estados Unidos, las ondas gravitacionales predichas por Einstein hace un siglo. O antes, el Nobel de César Milstein, que acá no podía trabajar por ser de izquierda. O los argentinos que trabajaron en la llamada “Máquina de Dios”. La pregunta es cómo jerarquizamos a qué nos dedicamos como país, como sociedad, en materia de investigación científica. ¿Podemos desarrollar cualquier linea de investigación? ¿Debemos priorizar alguna linea en particular? ¿Cómo decidimos algo así? ¿Y quién lo decide? Nosotros, como sociedad pareciera que no nos planteamos estos problemas. Los ejemplos de Chile, ante dificultades con dos áreas de su producción (salmones y cobre) y la apuesta a sumar doctorados en esas áreas, o de Finlandia cuando ante la caída de la URSS y la pérdida del mercado de la madera, decide invertir en investigación en ciencia para agregarle valor por un lado, pero también a los entonces nacientes celulares por el otro. Digo, hay experiencias valiosas en ese aspecto en muchos lugares. Pero no en nuestro país.

No, es cierto. Es mucho más caótico, anárquico el estado de la ciencia en la Argentina en ese sentido. No ha habido un plan. No hay un proyecto, los proyectos de investigación son por iniciativa propia de cada investigador o de cada equipo, en función de los temas que le interesa trabajar, y eso se evalúa y se ve si es factible o no, pero en general no forma parte de un proyecto de más largo plazo o que tenga una visión más amplia de las necesidades que puede tener el país, de cuanto puede beneficiar al país el trabajo en ese tema… En verdad no he visto nunca un plan así en nuestro país, y no tengo claro si el Gobierno actual tiene en mente algo así, o no. La reducción en la cantidad de becas a los investigadores, si es una cuestión solamente de reducción de presupuesto, no sirve en absoluto. Ahora si detrás de eso hay un proyecto de tratar de dirigir a los doctorados hacia actividades que tengan una aplicación en algunas áreas especificas que forman parte de una política, entonces eso ya tendría más sentido. Pero no lo veo. No conozco las ideas que tienen al respecto. Y no voy a hablar sin saber…

tapa-fisica-manifiesta-iiSos respetuoso de Wittgenstein en ese sentido.

(Risas) Totalmente. Son solo impresiones. Pero todavía no lo veo.

Y en cambio la prédica interesada, “bombardeemos al Conicet”, difundiendo las investigaciones que a ellos les puedan parecer irrelevantes, eso sí se ha visto y es significativo…

Sí, y eso no es un buen camino. Ridiculizar de esa manera las investigaciones no es el camino. Hay muchas investigaciones básicas que si uno no entiende mucho del trasfondo, o la relevancia que puede tener dentro del contexto en que se hace la investigación, es fácil ridiculizarla. O menospreciarla. Decididamente no es el camino. Eso por un lado. Pero por el otro lado, yo creo que dentro de la actividad científica también hay que tener un poco de autocrítica. Dentro de la comunidad científica. No está mal que haya criticas desde fuera, que uno tenga que defenderse explicando lo que uno hace, explicando que no son pavadas y cuál es su utilidad, y no está mal tampoco que haya políticas que den más relevancia o más prioridad, cuando se trata de ciencia aplicada, que esté aplicada a problemas que uno quiere solucionar, problemas que el país necesita resolver y que a esos problemas se le apliquen más recursos. Por supuesto, siempre es importante la existencia de la ciencia básica, con la cual uno busca entender mejor fenómenos de la naturaleza, sin pensar en una posible aplicación.

“La existencia del INVAP habla de que acá nosotros podemos competir con cualquiera”.

Al menos una aplicación inmediata…

Sí. Pero las aplicaciones más importantes han surgido primero de la ciencia básica. Incluso de investigaciones que era muy difícil imaginar que podrían utilizarse para alguna aplicación en particular. Pero también puede pasar que mucha ciencia básica nunca termine en una aplicación. Y no está mal que sea así. Ahora ¿qué parte de los recursos uno dedica a ciencia aplicada, a solucionar problemas específicos, y qué parte dedica a ciencia básica? Bueno, eso ya es todo un tema de discusión, pero las dos tienen que existir, y en el caso de la ciencia básica, no se le puede decir qué investigar. Debe ser libre. Surgir del investigador. Lo más novedoso, lo más interesante de la ciencia básica surge de esa manera, en forma a veces casual, y no se puede direccionar ni predecir.

La otra pregunta es ¿de qué manera se incorpora a la sociedad en esa discusión? Y sobre todo, cuando la sociedad es, lamentablemente, semianalfabeta científica. Pero si no se incorpora a la sociedad, en una democracia, ¿quién termina decidiendo? Porque sino los avances en investigación terminan siendo determinados por el mercado… Y con un Gobierno con la orientación del actual, es como que hay motivos para preocuparse.

tapa-siccusEs todo un tema. Es muy difícil porque está conectado con todo lo anterior. La sociedad debe valorar la ciencia, para valorarla tiene que conocer, para conocer tiene que formarse y para tomar decisiones tiene que saber de qué está hablando. En ese aspecto, lo que hace una empresa, que puede tomar decisiones éticamente complicadas. Por ejemplo, los experimentos con animales. Ahí se deben poner limites. Y ahí, el que juega un rol central para que la sociedad se involucre, es el periodismo. En ese aspecto es tan fundamental o más aun, que el Estado. En ocasiones el periodismo es el verdadero órgano de control, el que denuncia e impide los excesos. El que difunde que una empresa hace tal cosa, y entonces allí reacciona la sociedad. Si no, muchas veces, la sociedad ni siquiera se entera.

¿Qué tipo de diálogo te parece que deben tener las ciencias sociales con las ciencias naturales? Porque en general las primeras suelen ser muy críticas con las segundas…

¿Te referís al posmodernismo?

Entre otros.

Porque me parece que no es generalizable… Bueno, no sé, por ahí son solo impresiones. Pero me parece que el posmodernismo está retrocediendo en su postura critica hacia la ciencia como forma o instrumento para lograr conocimiento. Creo. O en el concepto de verdad. Porque no tiene mucho sentido afirmar que la verdad no existe. En su libro Filosofía moderna: una introducción sinóptica, Roger Scruton dice algo interesante: “Si alguien te dice que la verdad no existe, te está pidiendo que no le creas. Entonces no lo hagas” (risas). ¡Cómo alguien que dice que la verdad no existe, puede afirmar algo así como si fuera verdad! Se está contradiciendo. Por supuesto, en el otro extremo tenemos el excesivo optimismo de la ciencia del siglo XIX o comienzos del siglo XX, que creía poder descubrir todas las verdades de la naturaleza, y el progreso nos iba a hacer felices a todos… Eso tampoco es así. Pero en un punto medio, hay cosas que razonablemente se pueden defender como verdaderas aunque uno no pueda tener la certeza completa. Pero no se puede decir que todo es relativo, al menos a mí me parece inaceptable. Y yo creo que en el ámbito de las humanidades, de las ciencias sociales, esa posición extrema de que la verdad no existe, me parece que ya no es sostenible.

O la idea de que todo es ideológico.

Claro, eso de poner la ciencia al mismo nivel que la astrología o las pseudociencias o la religión, o el tarot, qué sé yo, el “todo vale” de Feyerabend. No, no da todo lo mismo. No es así.

Volviendo a la pregunta…

Sí. Me parece que el contacto que puede existir entre ciencias sociales y ciencias naturales puede ser muy fructífero. Nosotros en la Universidad en Mar del Plata tenemos algo que me parece que es bastante bueno y que es el doctorado en Ciencias, en el que tiene obligación, cualquiera que lo curse, de hacer una materia de posgrado en Humanidades. Y viceversa: el doctorado en Humanidades, requiere hacer una materia de Ciencias. Se cruzan así y a todo el mundo le parece que es muy bueno. Ese intercambio no puede ser más fructífero. En física hay toda una rama que se llama sociofísica, donde se tratan de utilizar modelos matemáticos para comprender o explicar conductas sociales.

Por ahí también se olvida que las ciencias sociales son mucho más jóvenes ¿no? ¿Cuánto necesitó la física para formalizar y llegar a la rigurosidad que tiene desde hace pocos siglos?

Sí, pero además el objeto de estudio de las ciencias sociales es mucho más complicado. La física pudo avanzar mucho más en la matematización de sus conocimientos porque uno trata de estudiar las cosas más simples que hay en la naturaleza. Si uno estudia un gas trata de que sea de una sola componente, que no se mezcle con otra cosa, porque ahí se complica… puede haber reacciones, entonces se lo pasamos a los químicos. El aspecto social siempre tiene influencia en las ciencias, no se puede soslayar. Desde los términos que uno elige para formular una teoría, que ya son en buena medida metáforas puestas por una sociedad determinada. Hay quienes entran a la física o abordan a los físicos con el fin de ver cuál es la verdad de la naturaleza. Y lo que uno tiene son teorías que intentan aproximarse o representar lo mejor que pueden los resultados de las observaciones de la naturaleza. Y eso es algo que tiene cierto grado de precariedad. Uno nunca sabe cuándo va a surgir algo mejor, algo más completo, más simple, que te permita entender mejor las cosas… Y que tenga ese grado de precariedad, por otro lado, tampoco habilita a irse al otro extremo, en el que cayó (Thomas) Kuhn al plantear que el progreso no existe, que el avance de la ciencia es un simple reemplazo de paradigmas y que esos paradigmas no pueden compararse entre sí…

tapa-ciencia-y-tragediaTe resulta evidente que sí hay progreso.

Yo creo que sí hay un progreso. Y que permite entender mejor la naturaleza a cada paso, pero también está esa precariedad de las teorías científicas, entonces hay que distinguir entre lo que es la “Verdad” con mayúscula… A veces los físicos sienten que tienen que contestar cualquier pregunta, y que esas respuestas te darán la “Verdad” sobre lo que es la naturaleza. Por ejemplo, hoy en día la mejor descripción del mundo en el que vivimos, a nivel microscópico, es la mecánica cuántica. Pero la mecánica cuántica tiene decenas de interpretaciones posibles. Maneja muy bien el formalismo matemático, te permite hacer predicciones que se reproducen con experimentos, todo eso funciona perfecto. Ahora, interpretar el significado de la teoría, es otra cosa. Lo que significan la función de onda o el colapso, por ejemplo, ese tipo de cuestiones admiten interpretaciones diferentes y que, por ahora, no hay experimentos que puedan priorizar o validar una u otra. Es decir que hay cierto nivel en el que uno debe decir “No sé bien lo que está pasando”. Hay distintas opiniones.

Pero eso es una virtud de la ciencia, que tiene la capacidad de decir “no sé que esta pasando” y no me desespero, no necesito inventar una explicación que no sirve más que para tranquilizar a personas inseguras…

Sí, pero no es una virtud de los físicos ni de los programas de divulgación en general (risas). Muchas veces yo siento que los físicos o los divulgadores (y ojo que no es una crítica a los programas de Argentina, hablo de programas de otros países, algunos con alcance internacional) parecieran estar en una posición en la que ellos tienen que contestar todo, y lo hacen de una manera tajante, diciendo “Esto es así”. Y en realidad, el que sabe, no está seguro…

“Los programas de ciencia en la secundaria están bien. Quizás lo que falta es transmitir entusiasmo a los alumnos, motivarlos. Y eso parece cada vez más difícil de lograr”.

Todo el tiempo deberían aclarar que esa certeza no es tal.

Sí. Que las cosas no están tan claras. Y me parece que es interesante presentar esa cara. Mostrar que hay muchas cosas que todavía no están del todo bien resueltas, y que algunas quizás nunca lo estén. De hecho, al repasar el origen de la ciencia y la filosofía, hago referencia a tres problemáticas que están aun abiertas desde la época de los primeros filósofos científicos.

En Ciencia y tragedia también mostrás que en el origen no había distinción entre filosofía y ciencia. Y yo te quería preguntar si pensás que en la actualidad no hay un problema emparentado: ¿creés que se puede hacer buena filosofía sin partir de la base de lo que la ciencia provee?

¿En la filosofía de la ciencia?

Sí, pero no solo allí. La ontología hoy no puede prescindir de la imagen del mundo que provee la física, por ejemplo. Y también hay problemas filosóficos nuevos, que surgen de las investigaciones actuales.

Y sí. Claro. Para hacer filosofía del espacio y tiempo, hay que saber sobre relatividad. No se puede ya decir cualquier cosa sobre cualquier cosa. Pero atención, porque yo he visto documentales de físicos que hablan sobre la teoría de los multiversos y explican que de la mecánica cuántica se deduce la existencia de universos múltiples, cada vez que uno hace una medición si hay resultados diferentes, cada uno de ellos expresa esos múltiples universos, y lo presentan como si eso ya fuera algo establecido. Entonces el que lo ve de afuera piensa “la mecánica cuántica funciona, por ende eso debe ser cierto”. Y no es así. Es una interpretación, pero hay otras posibles, en las cuales no aparecen los multiversos, y funcionan también. Entonces no se puede presentar como algo cerrado.

Está claro que este celular, por ejemplo, no funcionaría, si la mecánica cuántica no funcionara.

Sí. Eso está claro. Está aplicada ahí. Pero derivar de allí los multiversos, eso es otra cosa. Eso es pura especulación. Y no es la única posible.

¿Recomendarías algún divulgador científico?

Hay muchos y muy buenos. Alguien que me parece muy valioso, en un terreno muy especifico en el que yo me he interesado, es Jim Al-Khalili, autor de Pathfinders: The Golden Age of Arabic Science. Es británico, descendiente de iraquíes, y en su libro hace un excelente resumen de la ciencia árabe. Es un tema que me gusta mucho. Y se conoce poco. Se habla de la Edad Media o la Edad Oscura desde una perspectiva europea, porque en Bagdad brillaban las ciencias, estaba la biblioteca más grande del mundo. ¡Ah! También me gusta mucho la nueva versión de Cosmos, de Carl Sagan, la serie ahora conducida por Neil De Grass Tyson. Está excelente. No sé si no me gusta más que la original… El tipo es buenísimo, me encanta la pasión que transmite.

“¡Cómo alguien que dice que la verdad no existe, puede afirmar algo así como si fuera verdad!”


QUIÉN EStapa-astrologia
Miguel Hoyuelos es físico, profesor en la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina) e investigador del CONICET. Trabaja en temas de física teórica como la formación de estructuras en luz láser. Tiene varios artículos publicados en revistas científicas internacionales. Polifacético (aunque de intereses convergentes) es autor de cuatro libros: la novela de ciencia ficción Siccus (2014, que ganó una mención especial del premio internacional UPC, el más importante de Europa según Brian Aldiss); el inclasificable tratado de Astrología argentina (2012), una refutación de esa pseudociencia en clave de humor, en la que propone una astrología nacional y popular (“Será muy valorada dentro de 1.000 años, cuando ya sea un conocimiento antiguo”, afirma); un texto de divulgación científica titulado Física manifiesta, en la magia, la cocina, el deporte y la música (2011), y Física manifiesta II (2016, este último puede descargarse gratuitamente haciendo click aquí) y el más reciente Ciencia y tragedia, los griegos y sus herederos (2013).

N. del A.: En la conversación que dio origen a la presente entrevista participaron también Adriana Soledad Calderón y Héctor Rafael Rodríguez.
Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

Sin Comentarios

No se permiten comentarios