Fabra y el racismo

La reacción luego de los insultos racistas al jugador Frank Fabra fue contundente. Pero aún se escuchan cantos en los tablones que lejos están de mostrar un avance en ese ámbito.

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Frank Fabra, lateral colombiano de Boca Juniors, lloró. De impotencia, de bronca. Había recibido silbidos y cantos racistas en el Estadio Único de la Plata durante un partido contra Estudiantes por la Primera División Argentina. Pese a las protestas de Fernando Gago, capitán del equipo de Fabra, el árbitro no detuvo el partido ni reaccionó ante las agresiones.

Viajemos ahora unos años atrás. Estamos en la cancha de Racing y la hinchada local empieza a entonar insultos hacia los paraguayos y los bolivianos. La fecha siguiente, Racing enfrentaba a Boca. En medio del campo, un jugador se da vuelta, visiblemente enojado y con el índice en la boca manda a callar a la popular. Oscar Romero, nacido en Asunción, fue temerario. Pero no sólo logró silenciar a los racistas, sino que unió al resto de los hinchas al grito de “Romeeero, Romeeero”.

Las situaciones como la que se vivió en La Plata se repiten a lo largo del mundo y las épocas. El racismo es un hilo conductor que persigue a fanáticos y clubes de los cinco continentes. Ninguna minoría está a salvo. En nuestro país, Boca Juniors, indudablemente el equipo con más seguidores, recibe una y otra vez insultos xenófobos. En Italia, hoy que se festejan los 30 años del primer Scudetto del Napoli de Diego Maradona, el norte rico no le perdonó a los napolitanos el atrevimiento. En palabras del gran Eduardo Galeano: “Desde las tribunas de los estadios de Milán o Turín, (…) resonaron los cánticos hijos del miedo y nietos del racismo: Qué mal olor, hasta los perros huyen, los napolitanos están llegando. Oh colerosos, terremotados, con jabón jamás lavados. Nápoles mierda, Nápoles cólera, eres la vergüenza de toda Italia. En Argentina, ocurre lo mismo con el club Boca Juniors. (…) Las hinchadas enemigas exorcizan al temido demonio: Ya todos saben que la Boca está de luto, son todos negros, son todos putos…”.

Así como antes analizábamos la violencia en el fútbol a partir de lo sucedido en Córdoba durante el Clásico, hoy nos toca debatir otro tema caliente como el racismo. Están íntimamente ligados, sin dudas. Las acciones como las de los hinchas de Estudiantes con Fabra buscan, en esencia, deslegitimar al rival. Sucede lo mismo cuando el canto es contra el homosexual o el judío. Relacionar al rival con un “otro” al que considero inferior no es más que un intento de mostrar la supremacía.

Las situaciones como la que se vivió en La Plata se repiten a lo largo del mundo y las épocas.

Ejemplos sobran. A Dani Alves, uno de los ases de la Juventus finalista de la Champions League, le tiraron una banana durante un partido. El brasileño la levantó y le pegó un mordiscón, desatando una ola de apoyos en las redes sociales. Al club Atlanta, de Villa Crespo, hogar de muchos judíos porteños, le han tirado jabones, en referencia a esa leyenda ficticia del Holocausto… ¿y por casa? Algún memorioso recordará una histórica tapa del diario Olé que, en vísperas de un enfrentamiento contra la Selección de Brasil o la de Nigeria, rezaba “Que vengan los macacos”.

Afortunadamente, la reacción en general luego de lo de Fabra fue contundente. Pero aún se escuchan cantos en los tablones que lejos están de mostrar un avance en el ámbito. Para poder realmente enfrentar al racismo en las canchas, es necesaria la participación activa de todos los factores que hacen el espectáculo. Generalmente los jugadores, entrenadores y los dirigentes (bastardeados tantas veces en otros temas) cumplen su parte, como cuando Rodolfo D’Onofrio salió al cruce de los cantos xenófobos entonados en el Monumental. El gran obstáculo, entonces, parece estar en las tribunas…¿qué esperamos para decirle basta?

Federico Treguer

Federico Treguer

Periodista deportivo (ETER). Congresal nacional del PS por la ciudad de Buenos Aires.

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