Cambiemos y la economía: ¿neoliberales, desarrollistas, PROpulistas?

Los economistas no se ponen de acuerdo en cómo caracterizar al gobierno y su programa económico. Aquí, un repaso sobre el abanico de miradas, que también incluye coincidencias inesperadas.

macri-populista

 

 “Mientras no resuelvan el dilema de si son liberales o son desarrollistas, van a seguir en este mamarracho” (Guillermo Moreno, 20 de diciembre de 2015).

 

Al ex secretario de Comercio del kirchnerismo se le cuestionan con justicia una larga lista de tropelías, no solo como funcionario sino como autor de frases que compiten con los panelistas de Intratables. Pero se le debe reconocer que advirtió tempranamente sobre un aspecto del macrismo que otros dan por saldado al caracterizar sus políticas como “liberales” o “neoliberales” sin asomo de duda. Por raro que parezca, con la misma certeza desde distintos costados del espectro lo acusan de “populista”, de ser lo mismo que el gobierno anterior, o incluso de “socialista” (!).

En general, la política argentina no se distingue por su apego a la precisión en las definiciones: así, “liberal” o “populista” no son descripciones o definiciones sino insultos, según quién los usa y para qué. La ambigüedad y la vaguedad intrínsecas al lenguaje natural permiten que esto ocurra, sin duda. Pero es curioso que, transcurridos 16 meses de la gestión que encabeza Mauricio Macri, los economistas no logren ponerse de acuerdo en cómo caracterizar al gobierno y su programa económico (o ausencia de tal, como también acusan algunos). Después de todo, la economía pretende ser una ciencia (no exacta, una ciencia social, pero ciencia al fin). Por lo cual uno supone que deberían ser un poco más rigurosos en el uso de los términos.

La economía pretende ser una ciencia (social, pero ciencia al fin). Uno supone que deberían ser un poco más rigurosos en el uso de los términos.

CONSENSO IMPOSIBLE

Según el filósofo de la ciencia Thomas Kuhn, cuando una disciplina se encuentra en su fase precientífica no existe consenso entre sus cultores sobre aspectos básicos, como los métodos, la terminología e incluso las técnicas que pueden ayudarla a progresar, a transformarse –ahora sí– en ciencia. En esa etapa previa, los miembros de la comunidad precientífica pueden describir los mismos tipos de fenómenos de los modos más diversos (e incluso diametralmente opuestos).

Casi como si estuvieran empeñados en exhibir hasta qué punto la economía sigue aún en ese turbulento estado de preciencia, los economistas de la Argentina describen o caracterizan al macrismo gobernante de maneras muy diferentes.

Como una muestra de ello, resalta la dureza extrema con la que distintas expresiones vernáculas de la ortodoxia liberal vienen cuestionando al oficialismo. Es el caso, aunque con matices diferenciales, tanto de José Luis Espert como de la Fundación Libertad y Progreso (LyP) .

Espert grita a los cuatro vientos que lo desilusionó “lo populista que es Macri” y lo califica como “kirchnerismo de buenos modales”. Le reprocha fundamentalmente no achicar el déficit fiscal y lo acusa de que “endeuda al país como en los 90 y como Martínez de Hoz”. Sí, Espert. No es Kicillof ni un economista de la CTA, con quienes las coincidencias se detienen allí. “La estrategia del gobierno es endeudar al país todo lo que se pueda para financiar el déficit, pero no bajar el gasto público”, dice el autor de La Argentina devorada, un texto en el que afirma, resumiendo, que el país ha sido devorado “por un modelo de empresarios, sindicalistas y políticos corruptos”.

La Fundación LyP, por su parte, dio a conocer un estudio en el que asegura que el gobierno de Cambiemos aumentó en un 25% la estructura del Estado. (Tema aparte es lo paradójico que resulta ver a legiones de apasionados adherentes al gobierno anterior compartiendo esa noticia, producida por una usina de liberales y publicada por el odiado diario La Nación, para probar que Macri es, como mínimo, tan populista como la gestión de sus amores. En estas cosas nuestro país sigue siendo maravillosamente prolífico).

“Me desilusionó lo populista que es Macri, es un kirchnerismo de buenos modales”. (Espert)

UN INTENTO DE DEFINICIÓN

¿No sería oportuno intentar definir qué se entiende por neoliberalismo antes de seguir adelante?

Aunque no todos los economistas mencionados en esta nota estarían totalmente de acuerdo, una definición descriptiva diría que el neoliberalismo es una versión del capitalismo que se basa en los siguientes aspectos fundamentales:

– la necesidad de desregular todas (o casi todas) las actividades económicas,

– la idea de que todos (o casi todos) los servicios que brinda el Estado deben estar en manos de empresas privadas,

– de que el gasto público debe ser mínimo, así como los impuestos al capital, y

– que el Estado solo debe ocuparse de garantizar la libertad de las empresas y el mercado.

Es una visión que implica la creencia (nunca demostrada) de que, sin regulación alguna por parte de la sociedad, el mercado equilibrará la sociedad, generará y repartirá la riqueza, sin injusticias.

Al revisar los rasgos uno podría preguntarse: pero ¿eso mismo no es el liberalismo económico? Bueno, en esencia sí. Pero, como explica José Nun (que no es economista, pero ha estudiado economía) “en los Estados Unidos le agregaron el prefijo «neo» para diferenciarlo del liberalismo que, en ese país, siempre tuvo connotaciones políticas progresistas y ha sido partidario de la intervención del gobierno en la economía para asegurar una mayor igualdad”. Al contrario de lo que ocurre en la Argentina, donde se demonizó la palabra “liberal”, convertida en un insulto para generaciones enteras de lo que alguna vez se llamó “el campo nacional y popular”, sin diferenciar el liberalismo político del económico. En el mismo lodo, todos manoseaos.

El neoliberalismo implica la creencia (nunca demostrada) de que, sin regulación, el mercado equilibrará la sociedad, generará y repartirá la riqueza.

QUÉ DICEN LOS LIBERALES

La Fundación LyP es dirigida por Agustín Etchebarne, Aldo Abram y Manuel Solanet, economistas vinculados a empresas y bancos, a lo más prestigioso y conservador del establishment nacional. Se los puede ver recorriendo programas y dando sus recetas sin que nadie cuestione el clarísimo conglomerado de intereses que representan, como sí ocurre con otros economistas, más identificados con sectores partidarios o gremiales.

Los dos primeros son mimados por los medios y recorren los programas de TV, no así Solanet. Por sus antecedentes, es más fácil de desenmascarar: estuvo al frente de la Dirección Nacional de Política Económica en el Ministerio de Economía de la Nación durante la dictadura de Onganía, fue presidente del Instituto Nacional de Planificación Económica durante la dictadura inaugurada en 1976, cuando José Alfredo Martínez de Hoz dirigía la economía, y luego actuó como secretario de Hacienda de la Nación del ministro de Economía Roberto Alemann. En su perfil público de la Fundación menciona el cargo, pero omite la fecha.

Para los autores de ese estudio, que integran la Red Liberal de América Latina (RELIAL), este gobierno se está acercando peligrosamente al anterior, y aunque se entusiasman con algunas medidas, como el plan de “blanqueo laboral” que anuncia el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, cuestionan otros aspectos: la demora en tomar las medidas “necesarias”, que aunque son una larga lista, el propio Solanet, pragmático, reduce en una columna de opinión, a dos de carácter urgente. “El presidente Macri no debiera postergar las medidas de corrección del desequilibrio fiscal ni continuar permitiendo piquetes y cortes de calles a la espera de octubre”. Es decir, Macri debe bajar el déficit y reprimir. Ése es el plan liberal.

Quizás haya que aclarar, de paso, que estos “liberales” económicos de la Argentina en general se han interesado muy poco por otras libertades que no fueran las de la empresa. Como alguna vez, en inesperada autocrítica, dijera el propio Mariano Grondona, “los liberales de la Argentina exhibieron más preocupación por la flotación del tipo de cambio que por la flotación de cuerpos de personas en el Río de la Plata”.

“El presupuesto 2017 del macrismo es un presupuesto más socialista que neoliberal”. (Pignanelli)

MACRI “SOCIALISTA” O “PROPULISTA”

Otro economista liberal que goza cuestionando al gobierno por derecha es Javier Milei, catapultado a las pantallas por su histrionismo y porque es capaz de decir cosas como éstas: “El de Macri es un gobierno de corte socialista”. Hablando más en serio, Milei define que “entre shock y gradualismo, el liberal quiere el hachazo. Y ése no es el caso del gobierno de Macri”.

Como él, otros economistas del mismo cuño no albergan esperanzas sobre el Gobierno: lo ven populista, peronista, intervencionista y estatista. En una suerte de liberalismo trosko acuñaron además una expresión que incluso ganó algunas portadas: el “PROpulismo”. Fue el periodista económico Willy Cohan el que publicó por primera vez el mote de PROpulismo, poco antes de cumplirse un año del gobierno de Macri.

Pero la desmesura de Milei o de Cohan no son tan singulares como parecen. Un economista al que nadie podría catalogar como liberal u ortodoxo, el ex presidente del Banco Central de Eduardo Duhalde, Aldo Pignanelli –enrolado en el Frente Renovador de Sergio Massa–, dijo en una entrevista que “el presupuesto 2017 del macrismo es un presupuesto más socialista que neoliberal”. El periodista, José Del Río, que no terminaba de convencerse de lo que escuchaba, quiso asegurarse:

–¿El gobierno de Macri es más socialista que neoliberal?
–Sí, contesta sonriente Pignanelli.
–¿Y te sorprendió eso?
–No, dice aun sonriente el economista vinculado a Massa.

Dejemos el surrealismo y avancemos.

“Macri es todo lo neoliberal que le permite la relación de fuerzas”, (Mercatante)

TODO LO NEOLIBERAL QUE PUEDE

Por supuesto que los economistas de izquierda no comparten en absoluto los diagnósticos anteriores. Pero también entre ellos hay matices.

Claudio Katz –que se define como marxista e integra el colectivo Economistas de Izquierda (EDI)– por ejemplo, define: “El de Macri es un modelo de cirugía neoliberal financiada con endeudamiento, déficit fiscal y favoritismo hacia el capital financiero”.

Para Guillermo Gigliani, también de EDI, “la política económica de Macri aparece como el programa unificado de las clases dominantes” y el pasado muestra que muchos de estos proyectos, “en los que conviven disputas de intereses entre los sectores hegemónicos, no se caracteriza por beneficiar a todas las fracciones por igual”. Así, en un informe publicado en el Anuario EDI, ve “incógnitas” en varios sectores de la economía, en los que no está claro qué quiere hacer el macrismo.

Otro economista que se identifica con el pensamiento de izquierda, Esteban Mercatante, asegura que el gobierno “es todo lo neoliberal que le permite la relación de fuerzas. El gradualismo que se achaca a la política económica de Macri, por el cual desde la ortodoxia más rancia no deja de recibir agudas críticas, puede resultar engañoso”.

Algo parecido pero no igual dice Matías Kulfas, economista que se define como neoestructuralista y fue funcionario en distintos cargos durante el gobierno anterior: “El macrismo no es una réplica exacta de los 90 pero se le parece mucho en la matriz intelectual ideológica. Por eso creo que buscando una definición seria el neoliberalismo aggiornado a las actuales circunstancias de la Argentina y del escenario internacional”.

También José Nun esboza algo similar, en una nota reciente en Clarín: “Por más pragmático que quiera ser, al macrismo lo guía una lógica neoliberal que está teniendo que adaptarse a nuestras circunstancias”.

“El macrismo no es una réplica exacta de los 90 pero se le parece mucho en la matriz intelectual ideológica. Es un neoliberalismo aggiornado”. (Kulfas)

¿DESARROLLISMO?

El archivo muestra entrevistas en las que Macri se defínía como “neoperonista” y se diferenciaba pero no mucho de Menem, otro populista (¿de mercado?) al que sin embargo muchos peronistas vilipendian como “neoliberal”. En varias ocasiones Macri echa mano de Perón, por ejemplo cuando recordó que “la productividad es la estrella polar de un país”. Y en otros discursos se ha referenciado en la figura de Arturo Frondizi: de hecho, al hablar en su asunción como primer mandatario, hubo una sola cita textual y un solo referente mencionado, precisamente el ex presidente Frondizi.

Otro economista no ortodoxo, Miguel Bein, quien integró el equipo de campaña presidencial de Daniel Scioli, niega que Macri pueda ser catalogado como neoliberal: “Yo al presidente lo conozco. Creo que tiene una agenda desarrollista, no es neoliberal”, le dijo a Maxi Montenegro el año pasado en su programa en Canal 26.

Varios años antes lo decía Rogelio Frigerio, uno de los hombres de máxima confianza de Macri. Nieto del dirigente frondizista de igual nombre, en una entrevista de 2012, Frigerio, que también es economista, explicaba que “Mauricio Macri adhiere a muchas de las políticas desarrollistas. Es un convencido de toda la vida de que el mejor gobierno que tuvo la Argentina ha sido el del doctor Frondizi y de que además hoy las políticas implementadas por el desarrollismo tienen una vigencia asombrosa”. El ministro del Interior del gobierno de Cambiemos agregaba, en una entrevista en La Política Online, que “el PRO es desarrollista en los lineamientos económicos y liberal en términos de la política, de los derechos individuales y las libertades públicas”.

“La supuesta orientación desarrollista del Gobierno entra en franca contradicción con la aplicación de políticas desreguladoras de corte neoliberal” (Wainer).

NI CHICHA NI LIMONADA

Entonces ¿el gobierno es desarrollista? No parece tan sencillo afirmarlo.

El ya mencionado Kulfas no está de acuerdo. “Yo no comparto la idea de quienes dicen que este gobierno es una suerte de desarrollismo frondizista. No encuentro un solo elemento que indique que se va para ese lado”, dijo en una entrevista en La Izquierda Diario.

Rubén Lo Vuolo, sin etiquetar pero volcando el análisis a las primeras medidas del macrismo, analiza continuidades: “Este gobierno, al igual que el anterior, piensa que la clave del desarrollo argentino pasa por la extracción de recursos naturales”. En otro aspecto, agrega que gran parte del equipo económico “viene del mundo financiero y piensa en términos de mercados financieros. Esa estrategia ya fue vista en otras épocas y hoy está en un contexto de mercado internacional muy complicado”, explicó en una columna en Clarín.

Otro economista que se define como neoestructuralista, Matías Tombolini, pone menos énfasis y se acerca al diagnóstico de Moreno: “El gobierno no es ni chicha ni limonada. El BCRA lleva adelante una política liberal y, en términos fiscales, aparece una contracara con un Estado que mantiene el gasto al tiempo que reduce la recaudación y un déficit que se sostiene”.

En sintonía pero con matices, el investigador de FLACSO y CONICET Andrés Wainer dice que “la supuesta orientación desarrollista del Gobierno entra en franca contradicción con la aplicación de políticas desreguladoras de corte neoliberal”. Según Wainer, para que haya desarrollo en una economía capitalista se requiere tanto una tasa de ganancia aceptable para los empresarios (un objetivo que el macrismo viene impulsando) como una demanda que pueda realizar dicha ganancia (y en cambio las medidas del macrismo impactan sobre el consumo popular). Y este mismo economista dice, en reciente nota en Cash, suplemento de Economía de Página/12, que “durante los gobiernos kirchneristas hubo altísimas tasas de ganancia (sobre todo durante el mandato de Néstor Kirchner y buena parte del primero de CFK) y un alto nivel de consumo a partir del fomento a la demanda pero, aunque hubo altas tasas de crecimiento, fue poco lo que se avanzó en materia de desarrollo económico”.

Mientras la comunidad de economistas no se pone de acuerdo en la caracterización, no solo entre los economistas de derecha se habla de Macri como populista.

ECONOMISTAS PROGRESISTAS: LO ESENCIAL Y LO ACCESORIO

Francisco Barberis Bosch, del colectivo “Economistas Progresistas”, respondió a La Vanguardia con un breve pero pormenorizado análisis.

Según Barberis Bosch, para caracterizar al gobierno es necesario diferenciar “el plano discursivo, del plano de las políticas concretas impulsadas (con o sin éxito)”. Coincide con algunos de los anteriores en que existen “señales contradictorias, propias de cualquier fuerza política que se encuentra al frente de un Estado, complejo y con contradicciones por naturaleza”, pero asegura que se puede hacer un esfuerzo “por separar lo esencial de lo accesorio o aparente”.

En lo discursivo, marca que más allá de apelaciones a la contención social -“pobreza cero”-, al desarrollo, la educación y la tecnología como pilares, “también se escuchan  discursos en sentido contrario, mucho más anclados en el plano concreto de las medidas tomadas”. Esos discursos “refieren a ‘bajar el costo laboral’, ‘terminar con la litigiosidad laboral’, ‘ser el supermercado del mundo’, bajar la inflación como prioridad económica (por sobre el empleo, el crecimiento, etc.), mejorar las expectativas empresariales para estimular una lluvia de inversiones (incluso reduciendo impuestos), abrir la economía para atraer inversiones y bajar precios (alimentos, textiles, electrónica, por ejemplo) y que las empresas ‘se reconviertan’ (o, nunca dicho explícitamente, perezcan en el proceso) y un largo etcétera”.

En síntesis, el economista advierte “un armado discursivo que ataca al sector de los trabajadores como traba al desenvolvimiento económico (y un capítulo donde se nota especialmente son las paritarias docentes, ya que además afectan al presupuesto público), que pone la esperanza en una suerte de iniciativa privada libre de trabas, impuestos, y guía por parte del Estado, con un énfasis particular en las inversiones extranjeras y productos importados”.

Este discurso, sostiene, “es en esencia neoliberal, y tiene sustento real en las principales medidas económicas tomadas por este gobierno. En este plano más concreto es donde se ven tanto las intenciones reales del gobierno, como sus posibilidades concretas y límites políticos para llevarlas adelante”.

Algunos de esos casos concretos “son la Ley de Emergencia Social, las marchas atrás –aunque temporales- en aumentos de tarifas por distintos medios, y la parcial marcha atrás en las reformas al CONICET, son ejemplos de medidas o retrocesos impuestas al gobierno por las demás fuerzas socio-políticas. Pero no por ello implican un cambio en la esencia de la fuerza Cambiemos: simplemente son muestra de la complejidad de nuestra sociedad y de los límites políticos (amplios) que ésta marca”.

“Las medidas de mayor impacto implican un ataque a los trabajadores como sector. Tanto la pérdida del poder adquisitivo del salario, superado por la inflación, como los ‘nuevos’ convenios colectivos de trabajo en algunos sectores, son prueba de ello. El ataque a la industria nacional, a través del atraso cambiario y la apertura importadora, nuevamente afecta a los trabajadores, y privilegia al capital extranjero por sobre el nacional. Adicionalmente, el ciclo de endeudamiento y tasas de interés altas está privilegiando al capital financiero por sobre el capital productivo, y nuevamente al internacional por sobre el nacional. Por último, las transferencias de ingresos a los sectores agropecuario y minero completan el mapa que conduce a una economía más primarizada y financiera, más endeudada y por ende dependiente, y con mayor desempleo, pobreza y desigualdad. En esencia, una economía más neoliberal”, concluye Barberis Bosch.

“Hay un armado discursivo que ataca a los trabajadores como traba al desenvolvimiento económico, que se esperanza en una iniciativa privada libre de trabas de parte del Estado, con énfasis en las inversiones extranjeras. Eso en esencia es una economía más neoliberal” (Barberis Bosch)

POPULISMO COOL Y “GENTISMO”

Mientras la comunidad de economistas no se pone de acuerdo en la caracterización, no solo entre los economistas de derecha se habla de Macri como populista: Norberto Alayón, autor de Asistencia y asistencialismo y de La Argentina populista, no tiene dudas en que el gobierno de Cambiemos expresa un populismo de derecha, que “a la par de defender los intereses de los sectores más privilegiados del sistema, generando más pobreza y excluyendo a más población, despliega políticas asistencialistas para la contención social, el control y el disciplinamiento”.

Parecido pero diferente, una intelectual respetada como Beatriz Sarlo habla del “populismo cool” de Macri. También Jorge Asís se solaza con el “populismo paquete” del PRO, como lo definió en varias entrevistas recientes.

Según Sarlo, se trata de un “neopopulismo con onda”, de baja tensión, que “abjura del cesarismo, del funcionamiento plebiscitario, de la movilización” (nadie imaginaba aún el 1A) pero produce un discurso sentimental en el que convoca a creer en un horizonte mágico (“el crecimiento”), que construye un culto “educado” de la personalidad coacheada por asesores de marketing, y que, como los mejores o peores populismos, crea un enemigo odioso: el gobierno anterior, causante de todos los males actuales y que además, nada tiene que ver con los buenos valores de nuestra sociedad, que fue corrompida por los malos políticos, porque “la gente (el macrismo no habla de “pueblo”) es buena y trabajadora”. Baja complejidad, apelación a lo emocional, construcción de un enemigo. Si tiene cola de perro, orejas de perro y ladra…

¿Importa mucho si a ese enemigo se lo califica como “populismo”? ¿Acaso por eso, el populismo macrista deja de ser populismo? ¿Habría que llamarlo “gentismo”? ¿Se sentirán más cómodos así?

María Esperanza Casullo advierte que la cosa es más compleja: así como hay izquierda liberal e izquierda populista, también “hay derechas neoliberales y derechas neopopulistas”. En el caso del macrismo, señalaba hace algunos años en El Estadista que “la respuesta a la duda entre liberal y populista, dependerá de sus alianzas y de su agenda de políticas públicas”. Hasta ese momento “pareciera que la cabeza le dicta a Macri la necesidad de popularizarse pero el corazón, en momentos de crisis, lo liga a las raíces antipopulistas de la derecha argentina”.

Claro que Alayón, Asís, Sarlo y Casullo ya no están hablando de solamente de economía, sino de política, de cultura, de símbolos. Y ahí la cosa se complica aun más.

LAS ELECCIONES ESTÁN PRIMERO

Lo cierto es que el macrismo no evidencia premura alguna por resolver el dilema que propuso Moreno. Por el contrario, apuesta a que todo esté lo más calmo posible hasta octubre, en que el resultado electoral no admite otra opción que ganar, o será un fracaso (“a failure”, como dijo el propio Macri).

Y ése es otro rasgo que lo acerca al gobierno anterior: sabe que en la Argentina los dilemas no se resuelven. Se patean.

Porque primero, siempre, están las elecciones.

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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