El BAUEN desde adentro: resistencia y esperanza

La Vanguardia junto a la revista hermana Carta Capital, de Brasil, dialogó con Eva Losada, presidenta de la cooperativa BAUEN, y Federico Tonarelli, vicepresidente. La actualidad del hotel, su pasado y su historia de lucha, que aún persiste, en una entrevista que se resignifica cuando la justicia acaba de aceptar el pedido de los trabajadores y suspender el desalojo.

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La mañana que llegamos al Bauen arrancó con varios “problemas técnicos”: estuvimos varados en dos líneas de subte,y llegamos tarde a nuestra entrevista pautada con Eva Losada, presidenta del Bauen. Con Renan Truffi, amigo y periodista de Carta Capital, habíamos decidido unos días antes que sería importante escribir sobre lo que está pasando con el Bauen, sobre su riquísima historia, conocida no sólo en nuestra tierra, sino también en Brasil, donde despierta el interés de muchos. Estábamos entusiasmados por hacer la entrevista, y avergonzados de estar llegando tarde, de modo que decidimos acelerar los tiempos y desayunar en el bar del hotel antes de subir a encontrarnos con Eva.

Pero esto era apenas el comienzo: mientras desayunábamos y conversábamos, escuchamos una explosión. Se cortó repentinamente la luz y empezamos a ver pasar una caravana de empleados del hotel –mozos, recepcionistas, guardias– que circulaban ansiosamente y se hablaban entre ellos. “Explotó algo”, decían algunos, “¿fue acá?” se preguntaban varios, sin saber qué responderse entre ellos.

Algo confundidos y sin saber qué hacer, terminamos de desayunar, riéndonos por dentro de que el día empezara con tantos sobresaltos. “Ya está, haremos la entrevista sin luz”, pensamos, con resignación. Cuando fuimos a la recepción y preguntamos por Eva no esperábamos una nueva sorpresa: “No se encuentra, vuelve después del mediodía”, nos respondieron. Luego la noticia: había fallecido una compañera del hotel.

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Cuando volvimos, a la tarde, nos acompañaron al tercer piso, donde Eva tiene su oficina. “Este piso no figura en los planos”, comentó Eva. “Estamos en un piso fantasma”, completó, entre risas. La oficina es pequeña: hay una computadora, unas cortinas bordó, algunos muebles, algunas sillas y no mucho más. La ventana da a Avenida Callao y hay una mesa. Al lado de Eva se sentó Patricia, que trabaja con ella. Rápidamente empezaron a acomodar mesas y sillas para que nos sintiéramos cómodos, y nos ofrecieron unos mates. Empezamos a charlar y Renan dio el puntapié inicial.

Me parece importante empezar haciendo la pregunta más básica: ¿cómo funciona el BAUEN hoy?

Empiezo por presentarme: mi nombre es Eva Losada y soy la presidenta de la cooperativa. Nosotros estamos trabajando en el hotel desde hace 14 años, pero el hotel se hizo para el Mundial del 78, durante la dictadura. El que construyó el hotel sacó un crédito con el que hizo el Apart Hotel, que está del lado de Avenida Corrientes, y el Bauen Tower, sobre Callao, que es donde estamos nosotros. Luego, cuando en 2001 se hizo el vaciamiento, trabajamos desde el principio de ese año hasta la quiebra. Desde la quiebra continuamos hasta casi finales de 2001. En 2002 no trabajamos. El juez de la quiebra dio el corte definitivo y dijo que no se podían mantener todas las fuentes de trabajo, de modo que nos quedamos una parte del 2001 y todo el 2002 sin trabajo. En 2003 sabíamos que se estaba llevando a cabo un vaciamiento, gracias a los mismos compañeros que estaban trabajando del otro lado, en el Apart Hotel, así que decidimos ingresar ya con la cooperativa armada. En ese momento había un movimiento nacional de empresas recuperadas que permitía que los trabajadores pudieran gestionar empresas abandonadas. Así que un día decidimos ingresar al hotel por el lado de Corrientes, como si fuera un día normal. El hotel estaba todo tapiado. Lo rompimos y, con la ayuda de estudiantes de diferentes facultades que nos apoyaron, empezamos a limpiar y a ordenar, porque estaba completamente desmantelado. A partir de ese momento, empezamos a dormir en la parte de la recepción, como una forma de hacer el aguante, para que no pase nada. Eventualmente vino el juez de la quiebra para ver si éramos nosotros, porque alguien había hecho la denuncia de que había ingresado gente al hotel. Nosotros dijimos que nos quedábamos ahí porque estábamos denunciando un vaciamiento. De ahí en más buscamos una manera de sostenernos y empezamos a trabajar con los chicos de la facultad: comprábamos en los chinos y revendíamos un poco más caro. Esa plata en vez de llevarla a casa la traíamos para la asamblea.

¿Qué vendían?

Comprábamos bebidas y a la noche hacíamos “Veladas Bauen”.

Todavía no funcionaban como hotel.

No funcionaba nada, los que teníamos trabajo, trabajábamos y veníamos a ayudar a los compañeros, otros vivían prácticamente acá, hasta que empezamos de a poquito a abrir los salones. El bar que está hacia Avenida Callao era un barcito chiquitito. Lo que se ve hoy lo hicimos nosotros. La denuncia que nosotros estamos haciendo ahora es que esto lo tenemos que cuidar porque es un patrimonio nacional. ¿Por qué motivo? Porque esto se hizo para la dictadura militar y el dueño sacó un crédito que nunca pagó.

El dueño del Bauen, Hugo Iurcovich, es también el dueño de Poliequipos, empresa de mantenimiento de hospitales y clínicas, que trabaja con el Gobierno de la Ciudad. ¿Creés que existe un vínculo entre los empresarios del Bauen con el Gobierno de la ciudad? ¿Eso explicaría que, a pesar del vaciamiento, la falta de pago del crédito y las irregularidades este empresario mantenga la titularidad del hotel?

Exactamente. Eso es lo que estamos sosteniendo. Nosotros llevamos el proyecto de expropiación primero a la Legislatura, que fue vetado, porque, obviamente, Iurcovich tenía mucha llegada con el Gobierno de la Ciudad. Luego de eso fuimos al Congreso a denunciar que este empresario hizo un hotel que nunca pagó, y que además es irregular: figura como propiedad horizontal, ni siquiera como hotel. Nos llega el ABL, por ejemplo, algo que no corresponde a un hotel. Este empresario que estamos denunciando tiene llegada muy arriba y lamentablemente eso no lo tenemos. Pero nosotros estamos acá hace 14 años y para él es un problema. No pensaban que estos “pocos trabajadores”, como dijeron en su momento, podrían ser una piedra en el zapato. Lo próximo que queremos hacer es volver al Congreso, que votó nuestra ley y Macri la vetó argumentando que era mucha plata para unos pocos señores. Ahí uno se da cuenta netamente de que hay favoritismo para los grandes empresarios, no importa que hayan destruido el hotel, o que persigan a los laburantes. Te doy otro ejemplo: los dueños nos denunciaban ante el Gobierno de la Ciudad argumentando que no cumplíamos con 27 puntos de seguridad e higiene. Nosotros demostramos que los cumplíamos. La jueza vino y lo verificó. Estos “pocos trabajadores” estamos cuidando un patrimonio nacional, y lo único que queremos es que se le dé un uso institucional para el Estado.

Eva Losada, presidenta de la cooperativa BAUEN.
Eva Losada, presidenta de la cooperativa BAUEN.

“Nosotros no estamos peleando para que el edificio nos quede a nosotros, estamos peleando para que el edificio le quede al Estado y nosotros trabajarlo”.

¿Cuál quisieran ustedes que sea el uso del hotel?

Que sea para la sociedad. Esta es la casa de los obreros y antes era de la más alta sociedad. No pasaba cualquiera. Ahora es de los obreros. Por eso no sale en los grandes medios: es algo malo, feo. Se está generando algo que para ellos no es bueno, y que es para nosotros, “unos pocos”. Pero esto no es cierto: hay un montón de personas que están y que van a estar con nosotros el día 19 de abril, el día que está fijado el desalojo (la entrevista se realizó antes de que se conociera la suspensión de la medida, N. de la R.). No vamos a permitirlo y vamos a quedarnos. Son más de 20 millones de pesos que hemos invertido en esta cooperativa. Nosotros no estamos peleando para que el edificio nos quede a nosotros, estamos peleando para que el edificio le quede al Estado y nosotros trabajarlo. Eso es lo que estamos diciendo.

Respecto a este punto: el proyecto de expropiación del Bauen tiene varios años. Es previo a 2015, ¿cierto?

Sí. Lo presentaron diputados de Libres del Sur, del FPV, y de partidos de izquierda.

Justamente una de las críticas fue que a pesar de tener dictamen reiteradas veces, no se dio quórum durante muchos años y recién se destrabó en la última sesión del año, en un paquete de más de 90 leyes, cuando ya se sabía que venía el Gobierno de Macri.

Es verdad lo que decís respecto de que lo tocaron sobre lo último. Este era el último gol, nos quedábamos afuera y no teníamos más chance. Insisto sobre este punto: nosotros lo que decimos es que queremos seguir trabajando y que sea patrimonio nacional, un bien público. Lo que yo digo siempre y remarco es que acá desde el Partido Socialista, pasando por el resto de la izquierda, el peronismo, muchas otras agrupaciones, y hasta el radicalismo han venido a hacer eventos y se sienten como en su casa.

El próximo paso para ustedes es impulsar de nuevo que se vote la ley. ¿Sabés si ya tuvo dictamen?

No. Por ahora, estuvimos hablando con los diputados para que lo vuelvan a presentar. Charlamos con varias corrientes políticas para que apoyen el proyecto. Cuando nosotros llevamos el proyecto el día que se iba a votar en el Congreso -que fue de noche y a última hora- el día 30 de noviembre de 2016, uno del macrismo argumentó lo mismo que el Presidente, que cómo se le iba a dar a unos pocos trabajadores, que no significaba nada, que el dinero podía ir a una provincia antes que dárnoslo. ¿Tanta cantidad de plata? Realmente nos da impotencia. No es por 130 familias, sino por el bien público. Este hotel ya está vendido a otra cadena hotelera. Todo esto es negocio, no van por los trabajadores.

“La arquitectura legal y política del país no nos ayuda, está armada al servicio del capital y de los grandes empresarios”.

¿Quién lo vendió? ¿La empresa?

Mercoteles. Hugo Iurcovich, que antes era el titular de Bauen S.A y ahora pasó a ser Mercoteles. Cambió la firma pero no los dueños. Se presentó como otra empresa pero es la misma.

¿El reclamo de ustedes es no sólo por las fuentes de trabajo, sino porque hubo una estafa al Estado?

Exactamente.

¿Encuentran relación entre esta postura del Gobierno, la situación de la economía y la política hacia los trabajadores desde que asumió Macri?

La verdad es muy buena la pregunta y sinceramente no me pongo en una postura ni la otra porque nosotros siempre lo que hicimos fue tratar de luchar estos 14 años. No tuvimos nunca una respuesta del lado de la política, nadie tomó en serio lo que estaba pasando con los trabajadores. Cuando fuimos al Congreso sabíamos que se venía el veto. Porque ya veníamos de la Legislatura y sabíamos la postura que tenían.

“A través de esa ley [de expropiación] el Estado recuperaría los créditos que perdió con esta gente que nunca abonó. Esta gente es deudora serial. Todo lo que toman del Estado, no lo pagan. Hay un montón de otras deudas”.

El Bauen se convirtió en un símbolo vinculado a las fábricas recuperadas. ¿Por qué a pesar de mantenerlo funcionando, de defender el patrimonio del Estado y denunciar un vaciamiento siguen teniendo órdenes de desalojo?

El año pasado tuvimos la reunión con la jueza y nos dijo que los tiempos cambian, la parte política cambia y que si ella no tomaba esa determinación, podía venir un jury judicial. Ella tiene que actuar como cualquier juez. No digo que esté a favor nuestro, pero ella cree que tenemos que llegar a un acuerdo y sostiene que tienen que seguir las fuentes de trabajo. Yo pasé por miles de empresas, Bauen S.A, Consocio Callao, ahora Mercoteles… Cada tres años nos hacían cambiar de razón social para perder todos nuestros derechos. ¿Puedo confiar en un empresario de esa magnitud? Hizo una tramoya, por tres años supuestamente vendió una empresa chilena, en el 97. Yo seguí trabajando, perdí todos mis derechos, me hicieron firmar ante un escribano público si yo quería seguir trabajando para la otra empresa. ¿Cómo puedo confiar en ese empresario que nos humilló como personas por no tener conocimientos y no saber nuestros derechos? Esas cosas las tenemos que pelear y no dejarnos aplastar como nos hizo este hombre. Somos miles de personas que queremos seguir trabajando. Yo cuando me cortaban la calle, me enojaba, nunca milité por un partido político como mis compañeros, pero lo que tenemos que hacer debemos hacerlo por nuestra fuente de trabajo. Llevamos la bandera del trabajo. No tenemos ningún tipo de bandera política. Es bienvenido cualquier partido que venga y quiera manifestarse, nosotros no les decimos que tienen que ser blanco o verde. Nos interesa una sola cosa y es llevar el trabajo adelante. Por eso nos juntamos e hicimos una cooperativa: por las fuentes de trabajo.

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En el momento en el que hacemos la edición final de esta nota, llega la ansiada noticia: se suspendió el desalojo del Bauen. En efecto, este martes la Cámara Nacional de Apelaciones hizo lugar al pedido de los trabajadores, que habían presentado un recurso de queja para frenar el desalojo ordenado por la jueza Hualde (que tenía fecha para este 19 de abril). En el Bauen estaba previsto realizar varias actividades, entre ellas un festival solidario a partir de las 20 de este miércoles. Ahora pasará de ser una previa a la resistencia a una suerte de festejo por la suspensión –aunque momentánea– del desalojo. Por supuesto, la lucha continúa. Y la charla también.

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¿Cuál es la facturación y cómo funciona la división de las ganancias entre los trabajadores?

Tenemos la parte comercial y tenemos el bar, que implican gastos fijos. De eso se encargan los contadores que trabajan con nosotros. Luego, consideramos un retiro mensual por trabajador, que ronda los 7.000 pesos, en promedio. Lo demás lo dejamos en el banco, porque si hay algún problema sabemos que tenemos que convocar una asamblea y hay que tener un resguardo.

¿7.000 pesos por cada trabajador?

Sí, es un promedio entre todos los asociados.

¿El retiro sería el salario?

Claro, nosotros no le decimos salario. Porque en la cooperativa no hay empleados. Se llama retiro, porque es la plata de todos. El retiro va variando, depende de la categoría. Por ejemplo, el que está en el consejo de administración puede cobrar 300 o 400 pesos más. Más que eso no. No es grande la diferencia entre un consejero y cualquier otro compañero…

Cobra un poco más pero tiene un poco más de responsabilidades.

Exactamente. Y el retiro depende del trabajo que tengamos. Si tenemos que tratar de salir a defender nuestro trabajo y tenemos que bajar nuestro retiro, lo bajamos. El tarifazo, por ejemplo, nos hizo mucho daño. Tuvimos que bajar nuestro retiro para sostener la fuente de trabajo. Es impresionante cómo arrastró a la clase trabajadora, desde las pymes hasta las cooperativas. A los que trabajamos con el mercado interno, nos destruyó.

¿Bajaron los alojamientos?

Sí, porque nosotros trabajábamos mucho con los ministerios. De Educación, de Economía venían a dar cátedra desde las provincias.

¿Tenían convenios con los ministerios y ahora ya no?

Ya no existen más desde que asumió Macri, y eso para nosotros era importante. Por ejemplo, desde el Ministerio de Educación venían a hacer capacitaciones y se hospedaban acá. Venían a jornadas de tres días, o un fin de semana. Eso implicaba hospedaje, más salón, más el café o el almuerzo… Y también nos ayudaban los partidos políticos: Nito Artaza venía a hacer reuniones con la Juventud Radical, Stolbizer hizo un montón de eventos, también la izquierda, el Partido Socialista. Y se juntaban, por ahí no estaban de acuerdo en un montón de cosas pero se veían acá (risas). Pero bueno, eso se va terminando también.

Federico Tonarelli y Eva Losada.
Federico Tonarelli y Eva Losada.

¿Hay algún tipo de rechazo contra la cooperativa? ¿Personas de partidos más conservadores, o gente común en la calle?

No. Quisieron argumentar en un momento eso, que esto era un bunker político que no era de los trabajadores. Cuando nosotros salimos a hablar y demostrar que somos trabajadores y que tenemos papeles que certifican que trabajamos de toda la vida, no pueden salir a argumentar más nada. La sociedad es lo que tenemos a nuestro favor. Ellos tendrán mucha plata y pueden tapar muchas cosas, pero el sol no se puede tapar con las manos. La sociedad sale a favor nuestro. Incluso desde diferentes lugares del mundo, de Italia, de Estados Unidos, nos apoyan trabajadores que se sienten identificados con nuestra causa. No porque seamos héroes, sino porque nunca bajamos los brazos. Uno también tiene que creer. Hay mucha gente que está a favor nuestro. Nos dijeron que estarán acá con nosotros para recibir los palos si los tienen que recibir. Estaremos fuertes. Por ahí un poco mal por algunos compañeros que hoy ya no están, y por gente que estuvo todo el tiempo en esta lucha que por su edad no pueden estar. Lo hacemos por ellos. Queremos un mundo diferente y que esto cambie realmente, que se tome conciencia de que esto tiene que cambiar. Si no empezamos por algo, vamos a seguir lamentándonos siempre y no va a cambiar nada. Por lo menos hicimos el intento, de ahí en más no sabemos lo que va a pasar. Por eso llevamos nuestro proyecto al Congreso y nos votaron. Porque creen en el trabajador. No todos se venden en esta vida. Por eso decimos: “El Bauen no se vende, se defiende”.

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En ese momento, Eva para de hablar y le pide a Patricia “que llame a Fede”. Federico Tonarelli es el vicepresidente del Bauen y es quien maneja principalmente los asuntos legales y el trato con los políticos. “Hacemos un buen complemento”, comenta Eva, mientras escuchamos acercarse a Federico, quien corta el teléfono, se acomoda a su lado y saluda con una sonrisa.

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¿Qué plantea la ley de expropiación del BAUEN que fue votada por el Congreso y luego vetada por Macri?

La ley plantea que el Estado a través del Tribunal de Tasaciones de la Nación le va a fijar un valor al edificio a marzo de 2003, porque para esa fecha se fundó la cooperativa y el edificio estaba mucho peor que ahora. La cooperativa invirtió más de 20 millones de pesos en estos 14 años. El Tribunal de Tasaciones le pone un valor, a ese valor (que no sabemos cuál va a ser) se le restan todas las deudas que tiene el grupo Bauen, Mercotel y la familia Iurcovich con toda ventanilla del Estado. Se van descontar también las deudas hipotecarias, de los créditos con los que construyeron el hotel y nunca pagaron, más todas las deudas que tengan de seguridad social, impositiva, etc. De esa diferencia va a salir el valor de la expropiación, que en realidad no sabemos cuál va a ser porque puede ocurrir que sean mayores las deudas que el valor que le coloquen al edificio. En ese caso, el Estado se cobraría las deudas con el edificio y todavía le seguirían debiendo dinero. Una vez hecho esto, el Estado escritura a su nombre el edificio. El proyecto dice que en la reglamentación se define si el edificio queda para el Ministerio de Desarrollo Social, para el INAES (el ente que regula las cooperativas) o para la Secretaría de Cultura. Luego, ese organismo le hace un comodato a la cooperativa para que pueda gestionarlo con legalidad. De todos modos, la cooperativa según la ley está obligada a armar una escuela de hotelería y gastronomía, una escuela de cooperativismo y a destinar algunas plazas para la seguridad social y para pasajeros del PAMI (la obra social de jubilados y pensionados). Eso plantea la ley. En términos más políticos, a través de esa ley el Estado recupera los créditos que perdió con esta gente que nunca abonó. Esta gente es deudora serial. Todo lo que toman del Estado, no lo pagan. Hay un montón de otras deudas.

“Ahora, por la modificación que se hizo en la ley, dos tercios del plantel de trabajadores de una empresa que quiebra pueden armar una cooperativa de trabajo y solicitarle al juez la continuidad de la empresa como cooperativa”.

¿Cómo se relaciona esto con las modificaciones que se introdujeron en la ley de quiebras?

La ley de quiebras en la época de Menem y Cavallo fue reformulada a favor de los empresarios. Un empresario quebraba y no tenía responsabilidades de ningún tipo. Había como un modus operandi de las quiebras fraudulentas. A partir del fenómeno de las empresas recuperadas logramos en 2010 reformar la ley de quiebras y se introdujeron varios puntos que favorecen a los trabajadores. Por ejemplo, ahora si la empresa quiebra, dos tercios del plantel de trabajadores pueden armar una cooperativa de trabajo y solicitarle al juez la continuidad de la empresa como cooperativa. Entonces ponen sus créditos de trabajo a cambio de quedarse con la maquinaria y los bienes de uso que tenga la empresa. Pero es eso. Nada más. En el caso de nosotros eso no funciona porque para colmo la empresa que quebró no es la empresa dueña del edificio.

¿Porque cambian de razón social?

Claro. Funciona así. Vos armás una sociedad, la endeudas, quebrás y después armás una sociedad, en principio libre de responsabilidad por lo anterior. Es muy jodido. Esto que te voy a decir ya es más ideológico, pero toda la arquitectura legal y política de un país está armada al servicio del capital y de los grandes empresarios. No es una sociedad de carácter socialista, claro. Desarmar todo eso nos va a llevar muchos años. Ahora nosotros estamos viendo en qué fuero presentar el amparo porque sabemos que algunos fueros responden directamente al macrismo. Y meterlo ahí es decirle al lobo que te cuide las gallinas.

¿Este amparo sería para evitar el desalojo? Ahí la ley ya no te cubre, ¿cierto?

No, la ley de quiebras en el caso de Bauen no sirve. Porque si la empresa que quebró fuera la dueña del edificio, ahí sí. Pero en este caso no. La cosa acá fue así: una empresa, Bauen, tomó los préstamos del Estado y nunca los pagó. Ahí empieza a haber un juicio para ver por qué no pagan las hipotecas y el Estado reclamando que le paguen la hipoteca. El juicio empezó en el año 1980. En 1997 Bauen le vende el hotel a otra empresa que se llama Solari. Solari arregla que va a pagar una cifra: 12 millones de pesos/dólares. Paga 3 o 4 y no paga el resto. Al margen: todo esto de que supuestamente Bauen y Solari hicieron un boleto de compra, Solari paga una parte y no paga el resto, no sabemos si es cierto. Solari gestiona el hotel de 1997 a 2000. En 2000 se convoca a la convocatoria de acreedores de Solari. En 2001 quiebra Solari. ¿Qué hace Bauen? Como Solari no le había pagado lo convenido y no había escriturado el hotel, Bauen crea una nueva empresa, Mercoteles, el día 20 de junio de 2001 con un capital de 25.000 pesos, lo mínimo que se exige para constituir una empresa. El 25 de junio, a los cinco días, le compran el hotel a Bauen por 1.600.000 dólares. Y Mercoteles no tiene una factura ni un ticket. Cuando finalmente quiebra Solari, hay un juez que tiene esa quiebra. En esa quiebra aparece Mercoteles y le dice al juez: “Momentito, el hotel es mío, yo lo compré, acá esta la escritura”. El juez de Solari le dice: “Bueno, el edificio se lo tengo que dar a usted”. Pero no se lo puede dar porque ya estábamos nosotros adentro. Ahora, pensamos que es imposible de probar en la Justicia, pero creemos que Solari jugó el rol del que hace que te compra, no te compra y quiebra. Y ahora tiene una parrilla acá a dos cuadras, no es que tiene una gran solvencia. Para que no quebrara ni Bauen ni otra empresa, quebró un tipo que “les hizo la gauchada” de hacer como que gestionó un par de años. Así, pretendían reabrir el hotel con una nueva empresa, limpia supuestamente de pelo y paja, como decimos acá.

¿Esa empresa sería Mercoteles?

Exacto. No contaron con que los compañeros que trabajaron para ellos y para Solari iban a armar la cooperativa y meterse adentro. Si no, Mercoteles hoy tendría el hotel ya abierto hace diez años. ¿Qué ocurre? Para poder pedir por la ley de quiebras, armar la cooperativa con la legalidad que la ley te otorga tendría que ser Solari el dueño del edificio. Los trabajadores de Solari le piden al juez la continuidad de la cooperativa. Como es Mercoteles, tenés un tipo que quebró con un grupo de trabajadores y otro tipo que es el dueño. Y este tipo que es el dueño dice: “Yo no tengo nada que ver con esta gente, yo compré el edificio, esta gente es de Solari”. Y es todo lo mismo. Y Solari ahora es dueño de una parrilla, se ve que no le dio para el hotel. Ahora: esto es moneda corriente…

¿Y qué medidas legales tomaron para afrontar esta situación?

¿Qué hicimos con los abogados? Se presentó un escrito en el juzgado del desalojo que dice que la ley todavía no cayó, que por más que la vetó Macri todavía tiene estado parlamentario. Y que la jueza se apuró con el desalojo, que está mal esa fecha. Argumentamos que tiene que esperar a que se venza el plazo del Congreso para poder recién desalojar. Es un argumento muy solvente porque hay un artículo de la Constitución que refrenda esto. Tenemos esperanza de que esto funcione. Por otro lado tenemos el amparo donde están todos los afectados por esta medida: los directamente afectados como trabajadores, las dos cooperativas que tienen sede acá y la federación a la que está adherida el Bauen. Además, firmaron alrededor de quince senadores y diputados. Este escrito va a ir al fuero laboral, donde puede tener viabilidad. Estamos tratando por todos lados. Paralelamente, hablando con todos los diputados para que apuren con la ley de vuelta.

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Federico se disculpa, firma unos papeles que le acercan, atiende un llamado y nos saluda. “Los veo abajo”, nos dice, y se retira. Nos quedamos solos nuevamente con Eva.

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¿Existe un vínculo y un intercambio de ayuda entre cooperativas en Argentina?

Sí hay, muchísimo. Acá está la FACTA (Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados), donde muchas cooperativas estamos adheridas. Las cooperativas estamos demostrando que el sistema es eficiente. Venimos de una cultura en la que siempre hay un patrón, pero estamos demostrando que podemos hacer realidad otro sistema y que podemos capacitarnos y capacitar a otros. No terminamos nunca de aprender, porque si yo te digo que ya sé todo, te estoy mintiendo. Te doy un ejemplo: cuando un trabajador se enoja cree que puede hacer como en una empresa privada y pedir que le paguen todo. Pero cuando sos socio, tenés pérdidas y tenés ganancias. Tenés que estar en la ganancia y en la pérdida.

La cultura de funcionamiento es distinta a la de trabajar con una patronal.

Claro. Es algo que es muy rico pero a la vez es muy difícil. No es nada fácil. Como yo estoy al frente, a veces los compañeros me toman como a un patrón y, por ejemplo, me piden un aumento. Nos aumentamos todos o no aumentamos nada. Es eso lo que hay que aprender, más que nada. Si nos manejamos mal, fracasamos. Es un fracaso en conjunto, no un fracaso de uno.

“Trabajé de mucama hasta 2001. Y ahora soy presidenta de la Cooperativa. Llevar una empresa adelante no es nada fácil. Tuve que aprender muchas cosas”.

De los 130 trabajadores, ¿cuántos son hombres y cuántas mujeres?

Es prácticamente mitad y mitad.

¿Cómo es presidir una cooperativa siendo mujer?

La verdad que es bastante difícil, no es fácil para mí. Yo por ahí manejo más lo interno y Fede maneja los vínculos hacia afuera. Llevar una empresa adelante no es nada fácil. A veces cuando me decían que no iba a poder, yo les decía que sí iba a poder. A veces uno se pregunta también si está preparado para estar acá. Porque hay muchas cosas que uno tiene que atravesar, desde representar a los compañeros hasta mostrarse fuerte. Y uno es un ser humano, tan compañero como ellos. Ellos creen que uno puede tener toda la fuerza pero somos tan humanos como ellos.

¿Cómo funciona el cargo de la presidencia? ¿Es rotativo?

Sí, cada dos años. Antes era cada tres años. Fede fue presidente de la cooperativa en su momento; vamos rotando los compañeros. Es una cooperativa genuina, en su momento se había postulado otro compañero y nosotros lo apoyamos para que vayan aprendiendo que no hay que casarse en el lugar que uno está, y para que vea que también es duro estar del otro lado. A veces es bueno estar del otro lado para decir: “Hay que hacer esto”. Y después cuando te sentás en el lugar y tenés que distribuir la plata para todos igual, tenés que ir al banco, hacer el trabajo diario… Es fácil mirar del otro lado. Yo cuando estaba del otro lado decía una cosa pero cuando me senté vi las cosas de modo totalmente diferente. Eso es lo bueno de la cooperativa, que puedan postularse otros compañeros y aprender cómo funciona.

“Venimos de una cultura en la que siempre hay un patrón, pero estamos demostrando que podemos hacer realidad otro sistema y que podemos capacitarnos y capacitar a otros”.

¿Cuándo empezaste a trabajar en el Bauen? ¿Y de qué trabajabas?

Yo empecé en 1994. Mi marido trabajaba en Poliequipos, y él consiguió el contacto de una conocida que trabajaba acá como mucama. Trabajé de mucama hasta 2001. Después pasé a otras cadenas de hoteles, como el Sheraton, el NH, el Grand King, donde fui encargada. Por eso no entendió mi familia que dejara un cargo por algo que no tenía futuro. Eso era lo que me decían, cuando se supo que se armó la cooperativa, que ingresamos y que estaba todo empalizado.

¿Y luego de ser mucama pasaste a otro rubro dentro del hotel?

Los compañeros me enseñaron cuando se armó la cooperativa. Tuve que aprender muchas cosas porque no teníamos gente: a pasar una máquina de esas grandes, industriales, para limpiar los pisos, a trabajar en la parte de gastronomía, a armar bien una bandera, a cortar el pan de una forma… Los compañeros viejos nos dejaron el conocimiento para seguir, nos enseñaron a no ser mezquinos con el conocimiento y transmitirlo a los compañeros que están viniendo ahora. En piso se capacitó a compañeras que luego se fueron a trabajar a otros hoteles, porque obviamente el sueldo no las beneficiaba. Después, con el tiempo, algunos pidieron volver, porque no es lo mismo trabajar en una empresa privada que en una cooperativa. Vieron que es totalmente diferente. Acá les enseñamos y tratamos de guiarlos, hacerles saber que tienen sus derechos y sus obligaciones como asociado. Eso es una cooperativa.

“Quienes integran el Consejo de Administración de la cooperativa pueden cobrar 300 o 400 pesos más, pero no es grande la diferencia entre un consejero y cualquier otro compañero”.

 

 

Esteban Sargiotto

Esteban Sargiotto

Licenciado en Letras y periodista. Es colaborador especial de La Vanguardia.

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