Nuestro cine: protagonista de una comedia de enredos no tan cómica

El conflicto desatado en el INCAA ha logrado lo que parecía imposible: que todo el mundo cinematográfico se oponga a las medidas adoptadas por el gobierno de Cambiemos.rassegna-butacas-auditorios-cine-gaumontAl día de hoy, es muy probable que sean pocos aquellos que no se hayan enterado del súbito y reciente conflicto institucional que está atravesando el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. A su vez, es probable que se encuentren confundidos por él, o que se sientan bombardeados tanto por las noticias y declaraciones de un frente y de otro: de un lado, se habla de “corrupción”, “irregularidades” y “transparencia”; de otro, se anuncia el peligro en que se encontraría el cine nacional y su futuro. Esto último es clave, pues exhibe el foco que el nuevo Gobierno ha usado desde un inicio para justificar despidos y reformas que perjudicaron y perjudican aún a ciudadanos más allá de su orientación política: la necesidad de “transparencia”.

La corrupción que tuvo lugar en esferas del gobierno anterior constituye una evidente realidad. Sin embargo, el problema radica en la inmediata asociación de “kirchnerista” con “corrupto”, asociación que Cambiemos ya intentado explotar por todo medio posible, y con el fin de instalar en el imaginario argentino que donde hay kirchneristas, hay robo, y donde hay empleados designados por el gobierno anterior, debe haber malversación de fondos.
Sin embargo, para entender la razón por la cual directores, productores, actores, técnicos, guionistas y prácticamente cualquier persona que forme parte la industria cinematográfica nacional, más allá de cualquier barrera ideológica, nos unimos en profundo rechazo al apartamiento forzado de Alejandro Cacetta de su puesto, hay que ir al día martes 11 de abril, a un hecho que los medios hegemónicos apenas mencionaron:
“El Gobierno desplazó ayer al presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Alejandro Cacetta, pocas horas después de divulgarse en el programa de TV Animales sueltos un informe en el que se involucró al funcionario saliente en supuestas irregularidades, sospechas de corrupción y conflicto de intereses.” – publicó el diario Clarín

alejandro-cacetta-1920La edición de Animales Sueltos que allí se nombra como una mera incidencia, no fue ni más ni menos que el disparador de una indignación colectiva de la industria audiovisual que incluso llegaron a compartir reconocidos cineastas pro-Cambiemos como Juan José Campanella y Adrián Suar. Al programa de Alejandro Fantino fue invitado Eduardo Feinmann, quien llevó con el un informe con supuesta evidencia de escandalosa corrupción en el INCAA bajo la administración de Alejandro Cacetta, quien durante el primer mes del gobierno macrista, hace menos de un año y medio, había sido elegido para reemplazar a Lucrecia Cardoso con el aval de la comunidad cinematográfica y audiovisual. En una presentación tan vergonzosa como improvisada, Eduardo Feinmann demostró, una vez más, que entre su labor periodística y un simple chusmerío de barrio no hay demasiada diferencia. En unos siete minutos, Eduardo Feinmann:

• empezó a hablar de Alejandro Cacetta haciendo referencia a una foto de Pablo Rovito, director de la ENERC;
• se refirió a Sergio Bartolucci, Jefe de Gabinete del INCAA, asociándolo a una imagen de Cacetta, para luego ser corregido por Fantino, y pasar a hablar de Bartolucci atribuyéndole la foto de Pablo Rovito por el resto de la nota;
• se burló del aspecto y la vestimenta de Alejandro Cacetta, llamándolo “grasa impresentable”;
• se burló del apellido de Pablo Rovito, por encontrarlo oportuno a la denuncia;
• mencionó que Pablo Rovito habría recibido 1.6 millones de pesos del Instituto para hacer sesenta y tres documentales sobre América Latina (cuando cualquier persona que intente informarse sobre el presupuesto necesario para hacer películas, sabe que esa suma resultaría insuficiente para hacer tres documentales, ni hablemos de sesenta y tres), de los cuales sólo habría realizado dieciocho;
• se refirió a la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) por el nombre de “ERNEC” (no se corrigió ni fue corregido);
• afirmó que desde la asunción de Rovito como rector hasta el día de hoy, la ENERC llevaba gastados 8 millones de dólares en construcción, sin haber construido “ni un metro cuadrado” (durante el 2015 se inauguró una sede de la escuela en Jujuy, una en Formosa, una en San Juan, y este mismo año, una en Neuquén; en el 2016 se inauguró un subsuelo y se construyeron nuevas aulas en la sede Central).

Las declaraciones de Eduardo Feinmann y el despido de Cacetta están intimamente conectadas. El gobierno de Cambiemos avanza contra el cine.

No hace falta identificarse con un lado determinado del conflicto para reconocer que la presentación de un informe con semejante improvisación, por un periodista que no conocía en lo absoluto el tema en cuestión ni a los agentes involucrados, no es un evento desvinculado de la denuncia presentada al día siguiente en la Oficina Anticorrupción, ni de la renuncia forzada de Alejandro Cacetta ese mismo miércoles 12 de abril. La alianza Cambiemos y la respaldan se han encargado de divulgar rumores y alimentar una mala opinión en contra del Plan de Fomento y de la administración del Instituto de Cine desde hace años, dejando que la gente piense que el dinero destinado a la producción cinemaográfica nacional provenía de impuestos directos a todos los argentinos, o que absorbía el presupuesto del Estado.

Es necesario aclarar, de una vez por todas, que más allá de cualquier denuncia de corrupción, nuestro Instituto, y por consiguiente, nuestro cine, hoy se financia y es posible gracias a:

• el 10% del costo de las entradas de cine. Sí, es un impuesto. No, no es un impuesto directo. Viendo cine, fomentamos que nuestro propio cine pueda hacerse;
• impuestos a las cable operadoras, radios y canales de televisión por el uso del espacio radioeléctrico y pauta publicitaria. Es decir, una vez más, los medios de comunicación y audiovisuales financian nuestra propia industria audiovisual.

c9ocuhtxgaal92dCon las denuncias expuestas en Animales Sueltos, el gobierno macrista inauguró una campaña de difamación de Alejandro Cacetta, del INCAA y de quienes lo integran. Sin embargo, ante una inesperada defensa colectiva hacia la institución, tanto Pablo Avelluto, como Laura Alonso, Mario Quintana y Marcos Peña, actuaron un cambio de estrategia, alejando los rumores de un ensañamiento contra el ahora ex-Presidente del Instituto, de cambios radicales en el Plan de Fomento al cine nacional, y de un vaciamiento de las ayudas y subsidios a la actividad cinematográfica, mientras Feinmann continuaba su ataque y sus confusión de identidades vía Twitter.
El remate que en los últimos días puso en juego Cambiemos, a raíz de lo hablado en la asamblea convocada por la industria audiovisual el jueves pasado, y que provocó una leve disputa interna en la comunidad audiovisual, se plasma en una pregunta: ¿con qué pruebas afirma el frente de defensa del INCAA que existe un plan estratégico del gobierno para abolir el apoyo al cine nacional?
Es verdad, el Plan de Fomento es ley. También es cierto que no ha habido una expresión explícita de una voluntad de acabar con éste. Pero si hay algo que sabemos es que el gobierno actual se vale de forma constante de los medios para instalar — de forma a veces sutil, y otras no tanto,— dudas, división y resentimiento en la ya polarizada sociedad argentina. Aquel artículo titulado “Arrancaron juntos primer grado y uno le lleva al otro dos cuadernos de ventaja” es al conflicto docente lo que el informe sensacionalista de Feinmann es al del INCAA. Repito, no es coincidencia. Es apresurado decir qué pasará exactamente, pero sí es de público conocimiento que Cambiemos estaría planeando presentar una nueva ley de Convergencia Digital y así derogar así los Artículos 97 (*) y el Artículo 94 (**) de la Ley 26.552 de Servicios de Comunicación Audiovisual. Este nuevo proyecto de ley vendría fuertemente respaldado por las grandes empresas y cableoperadores del sector audiovisual, quienes se verían beneficiados en caso de que esta nueva ley se promulgue, dejando de pagar el canon por la utilización del Espectro Radioeléctrico Nacional.

Los planes de recorte en el ámbito cinematográfico han encendido las alarmas de todos aquellos que forman parte del mismo.

La alarma que hoy se sostiene dentro de quienes conformamos la comunidad audiovisual; de quienes dependemos de la existencia de un Plan de Fomento que permita la actividad cinematográfica nacional para trabajar; de quienes queremos seguir siendo un ejemplo mundial en cantidad y calidad de producción cinematográfica, no carece de fundamentos.

Por más que deseemos estar equivocados respecto de los planes que la alianza Cambiemos tiene para nuestra industria nacional, hoy tememos por su futuro, y por eso, luchamos por ella.

 

* ARTICULO 97. — Destino de los fondos recaudados. La Administración Federal de Ingresos Públicos destinará los fondos recaudados de la siguiente forma: a) El veinticinco por ciento (25%) del total recaudado será asignado al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Este monto no podrá ser inferior al cuarenta por ciento (40%) del total recaudado en virtud de los incisos a), d) y e) del apartado II del artículo 96. No puede ser asignado al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, un monto menor al recibido en virtud del decreto 2278/2002 a la fecha de promulgación de la presente ley
** ARTICULO 94. — Gravámenes. Los titulares de los servicios de comunicación audiovisual, tributarán un gravamen proporcional al monto de la facturación bruta correspondiente a la comercialización de publicidad tradicional y no tradicional, programas, señales, contenidos, abonos y todo otro concepto derivado de la explotación de estos servicios)

Rocío Molina Biasone

Rocío Molina Biasone

Estudiante de la Licenciatura en Cinematografía en la Universidad del Cine.

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