La dictadura según el Herald

El Buenos Aires Herald tuvo un rol central en la denuncia de las desapariciones durante la última dictadura militar. Fuera de una visión glorificadora, conviene resaltar los matices y la complejidad interna de un medio de comunicación que sostuvo la dignidad.

“El día después de las celebraciones del 9 de julio encuentra a la Argentina en un estado tanto mejor que un año atrás que cuesta creerlo”. Siguen líneas de alabanza a la situación económica. “Los visitantes extranjeros se preguntan maravillados dónde está la crisis”. “Hay sólo una mancha en este panorama de cosas que parecen estar bien y mejorando: la imagen de la Argentina en el mundo. A todas luces, hay poderosos intereses que la están distorsionando… (pero) hay gente que misteriosamente desaparece. El flujo ha mermado hasta un goteo pero no se ha secado del todo… Hemos dicho repetidamente que hasta que (las desapariciones) no se reduzcan a cero no podremos decir que todo lo que dicen (en el exterior) de nosotros es mentira”. El editorial del Buenos Aires Herald, titulado “El día después del 9 de julio”, publicado el 10 de ese mes de 1977, cierra con un reclamo para que, pese al “unánime apoyo a la política antiterrorista”, se respeten los derechos humanos (este texto y los que siguen forman parte del Archivo Emilio Mignone).

cox-1Dirigía el diario Robert Cox, nacido en Londres en 1933 y llegado a la Argentina en 1959, año en que estaba proscripto el peronismo, al que la binaria mirada liberal europea había identificado en la senda de los totalitarismos de Alemania e Italia.

Tan sólo semanas después del texto citado, el 12 de agosto de 1977, el título principal de tapa, a cuatro columnas, anunciaba: “La APDH busca investigar las desapariciones”. Eran tiempos en que casi toda la prensa denunciaba una campaña antiargentina, inventaba “terroristas abatidos” en enfrentamientos y fraguaba historias con niños “abandonados por los extremistas”.

Con el correr de las semanas, Cox iría a fondo. Las Madres acudían a la redacción del Herald en procesión. A veces eran tantas, que el director del Herald debía ordenar la situación parado sobre su escritorio. Cox manejaría caso por caso con enorme habilidad. La visita de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos fue una ocasión para que el periodista expusiera en la tapa del diario rostro y nombre de desaparecidos, método que sirvió para salvar vidas. En otros casos, en acuerdo con los familiares, primó la prudencia, cuando la difusión de una detención podría acelerar el asesinato (vean en el próximo Bafici el documental “Mensajero sobre un caballo blanco”, del periodista ex-Herald Jayson McNamara).

El 18 de diciembre de 1979, las Madres de Plaza de Mayo despedirían a Cox mediante una solicitada. El periodista había sido expulsado al exilio junto a su familia. “Robert Cox, el periodista digno, el hombre íntegro. Gracias por haber sido uno de los muy pocos, poquísimos periodistas que demostró, a través de su accionar profesional, comprensión con nuestro dolor” – decían las Madres.

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Hacia julio de 1977, cuando publicó el editorial mencionado, a Cox ya le constaba la existencia de una maquinaria de terror. Tras apoyar — como casi toda la prensa — el golpe militar de marzo de 1976, el periodista se había enterado de inmediato de desapariciones de miembros de familias vinculadas al mundo anglosajón. En la mañana del 4 de julio del primer año de la dictadura, Cox pasó por la iglesia San Patricio, en pleno Belgrano R, donde un escuadrón de la muerte había liquidado horas antes a cinco miembros de la congregación irlandesa de los Palotinos. Desde allí se trasladó a la Embajada de Estados Unidos. Aprovechó la celebración de la independencia de ese país para increpar a jerarcas militares por la matanza.

Cox era (también lo es hoy) un periodista liberal (concepción anglosajona), de centro, que había resistido al nazismo, mientras que Andrew Graham-Yooll (sur del GBA, 1944), un cronista clave del diario con vínculos con organizaciones de derechos humanos y grupos de izquierda, ya había partido al exilio. No había secretos.

Hablar del Herald es un imperativo cuando se analiza el periodismo argentino, su historia y su presente. Este diario comenzó a rodar en 1876 como una hoja informativa del movimiento del puerto. Con el correr de las décadas, se transformó en un medio para la comunidad angloparlante y, finalmente — sobre todo gracias a Cox, Graham-Yooll y los periodistas que asumieron el desafío —, se convirtió en un periódico generalista que escribió una de las páginas más dignas de la historia de la prensa nacional.

Sin embargo, es conveniente alejarse de la mera descripción del Cox heroico, sin matices, a quien algunos de los que lo denunciaban en los setenta por “comunista” y “fabulador”, y lo segregaban de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, hoy lo alaban con oportunismo. A ellos, Cox no les concede sumarse al frustrado clamor de “dar vuelta la página” para avanzar hacia “reconciliación”.

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Es preferible ver al Herald y a sus periodistas con los matices que expresan sus ediciones y sus historias de vida, con respeto por las contradicciones y tensiones que se dan dentro un medio de comunicación. Resulta que un editor que parecía hasta encandilado con Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz se transformó, en cuestión de meses, en un denunciante implacable de sus atrocidades y, en cuestión de años, de sus lastres económicos. Y cuando le ordenaron que frene (Massera no toleraba los párrafos finales que veían “una mancha” en un horizonte cristalino), Cox aceleró, a costa de ser estigmatizado por sus pares del gremio y sus vecinos de Recoleta. Las notas de Herald son todavía hoy prueba judicial en causas de lesa humanidad.

Es preferible ver al Herald y a sus periodistas con los matices, con respeto por las contradicciones y tensiones que se dan dentro un medio de comunicación.

Las miradas de Cox, Graham-Yooll y James Neilson (el director conservador que sucedió a Cox tras el exilio) están lejos de ser unívocas. De sus textos se perciben algunas diferencias sobre el país y el diario, que van desde el imperativo de Memoria, Verdad y Justicia hasta la teoría de los dos demonios. Incluso se evidencia cierto desdén por aquellas antiguas historias.

Hablamos del valor moral de una persona que se ve sublevada ante el terrorismo de Estado. Quisiera agregar unas líneas sobre el valor como editor periodístico. La denuncia sobre las violaciones a los derechos humanos confrontó a Cox contra uno de los dueños de la empresa editora, Keneth Ruggeroni, ferviente admirador de los métodos de Massera, que aprovechó la partida del director al exilio para borrarlo de la nómina. No sólo eso. También muchos lectores no hubieran esperado jamás que su diario cayera “en manos comunistas”. Así lo hacían saber a través de cartas de lectores. A veces, el periodismo se trata de desafiar lo esperable y estar dispuesto a asumir el costo.

Sebastián Lacunza

Sebastián Lacunza

Director del Buenos Aires Herald, columnista de "La vuelta de Zloto" y ex corresponsal de Il Manifesto. Es autor del libro "Pensar el Periodismo" y coautor de Wiki Media Leaks.

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