Crónica de un fracaso anunciado

Aquí se narra la accidentada historia de las misiones que la Internacional Socialista envió al sur del continente cuando éste se encontraba bajo el dominio de las distintas Juntas Militares.

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(Este texto es un capítulo del libro “La otra izquierda. La socialdemocracia en América Latina”, de Fernando Pedrosa. Nota de la Redacción).

La misión de la Internacional Socialista al sur del continente fue anunciada durante 1978 en conjunto con la de Centroamérica y el Caribe y como parte de la nueva política de la IS que también la llevó a Medio Oriente (encabezada por Bruno Kreisky), a Corea del Sur (por Bernt Carlsson) y al África austral (por Olof Palme). Sin embargo, a diferencia de éstas, no fue tan fácil de realizar e incluso debió ser cancelada. Recién en 1981 se concretó el envío de una delegación, aunque con objetivos muy diferentes a los previstos anteriormente.

Al frente de la misión había sido designado Felipe González, quien en ese momento era una de las cabezas visibles de la IS para América Latina y ya contaba con cierta relevancia internacional. La situación de los países que González visitaría –Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay– era más compleja que la de Costa Rica, Venezuela y México y mucho más peligrosa que la de República Dominicana donde, al menos, se cumplían algunas reglas de una democracia formal.

En los países del Cono Sur existían dictaduras que, además, no habían vacilado en eliminar a sus opositores que estaban fuera de su territorio nacional –fueran o no ciudadanos del país– mediante un acuerdo regional con las otras dictaduras conocido como “operativo Cóndor”. La misión debía tener en cuenta ese marco y organizarse en función de garantizar la máxima seguridad a sus miembros. El PSOE tomó la organización de manera muy celosa y centralizada, lo que generó algunas críticas de otros partidos.

De todos modos, tampoco se trataba de coyunturas totalmente extrañas para la organización. En 1973 y 1975, la IS y algunos partidos como el SPD alemán, habían enviado observadores a Chile. Incluso, habían viajado a la Isla de Dawson, donde se encontraban presos los ministros de Allende y los principales dirigente de la Unidad Popular. El seguimiento a la situación chilena era constante por parte de la IS, lo mismo que los vínculos con los partidos en el exilio. En esa tarea, las embajadas de los países europeos, sobre todo las de Alemania y Suecia, jugaron un papel muy destacado.

En 1977 la IUSY había enviado a su vicepresidente, Alejandro Montesinos, a sondear la situación política de la Argentina. El informe presentado por fue muy detallado y reflejaba en forma precisa la complicada coyuntura del país. Montesinos pertenecía a la Juventud Radical chilena. En su informe detalló el conflictivo mapa de los partidos socialistas y transmitió las ideas de los políticos de los principales partidos, que veían a Videla como un mal menor que Massera, en la línea de “duros” y “blandos” propuesta por la literatura de transiciones. Señaló también que la URSS sostenía comercialmente al gobierno comprando el 56% de las exportaciones.

Poco después, el Partido Laborista Británico realizó un informe sobre la realidad argentina con afirmaciones muy duras con respecto a la situación de los derechos humanos y donde criticaba también la realización en ese país del mundial de futbol de 1978. El documento del laborismo dirigido a la IS convoca a los partidos socialistas a no vender armas al gobierno argentino; acusaba a Alemania de hacerlo y afirmaba que Inglaterra no lo hacía debido a la política de no vender armas a países con los que mantenía conflictos pendientes de resolución.

La situación de los países que visitaría la misión era más compleja y mucho más peligrosa que la de otros donde, al menos, se cumplían algunas reglas de una democracia formal.

Bernt Carlsson, secretario general de la IS, en 1976.
Bernt Carlsson, secretario general de la IS, en 1976.

 

Los problemas organizativos, la incertidumbre sobre la recepción de los gobiernos y las dificultades para garantizar la seguridad de la misión fueron retrasándola hasta fines del año 1979. Mientras tanto, también había debates en la IS sobre las características que debía adoptar la misión una vez que llegara a los países del Cono Sur. Estaba claro que un alto perfil resultaba imposible ese contexto. Pero una misión de perfil bajo tampoco satisfacía las necesidades de la organización socialdemócrata ni la de sus partidos miembros.

La decisión fue adoptar una mezcla de perfiles que variara según la situación de cada país y la coyuntura a la que se fueran enfrentando los delegados de la IS. Parecía razonable tener un mayor cuidado en Argentina, Chile y Uruguay y elevar el perfil en Paraguay, donde se observaba cierta debilidad: la dictadura de Stroessner, luego de 25 años en el poder, se encontraba en una de sus etapas de apertura controlada. Según Carlsson, la política del Presidente Jimmy Carter había influido en algunos cambios en Paraguay: se liberaron presos y tomaron estado público casos de corrupción, aunque la actitud represiva continuaba casi intacta. Además se había conformado un gran frente opositor, donde algunos de los partidos afines a la IS tenían cierto margen de maniobra.

Finalmente, durante los últimos días de octubre de 1979, el Bureau reunido en la ciudad portuguesa de Estoril, confirmó la misión y designó a una numerosa delegación que sería encabezada por el líder español. Además de González, los delegados eran: Bernt Carlsson y Héctor Oquelí (IS), Klaus Lindemberg y Volgmar Gabert (SPD), Jean Pierre Cot (PSF), Maarten van Traa (PVdA), Bernardino Gomes (PS Portugués), Luis Yañez y Yana Navarra (PSOE), Hans Goren Frank (PS sueco), Vera Matthias (IS-Femenina) y Oscar Brítez (IUSY). La misión partiría en dos meses, en diciembre, rumbo al Cono Sur.

La poca anticipación generó una febril actividad y, sobre todo, una enorme repercusión, tanto en los gobiernos militares, como en los partidos miembros y organizaciones afines de la IS en el Cono Sur. En el plano de los partidos y organizaciones opositoras también se despertó una gran expectativa por la llegada de la misión, por obvios motivos que la misión de Mario Soares había escenificado exitosamente. La decisión también repercutió en la prensa de estos países, que venía siguiendo las actividades de la IS desde 1976 y que tuvo opiniones contrarias a la visita: en la Argentina, los periódicos acusaban a la IS por su cercanía con los montoneros.

Desde la Secretaría General y el PSOE comenzaron a activarse numerosos contactos hacia los gobiernos de la región, sus embajadas en los países europeos, los partidos afines a la IS y los grupos de exiliados que representaban colectivos importantes en el Cono Sur. De este modo se trataba de garantizar un ingreso sin complicaciones a cada uno de los países y además conformar una agenda de actividades que aprovechara al máximo el tiempo que la misión invertiría en cada lugar.

Los objetivos generales de la misión estaban relacionados con las necesidades de la organización de expandirse y consolidar el mensaje de abandono del eurocentrismo que la IS había comenzado en 1976. En este marco, los objetivos específicos incluían manifestar el apoyo a los partidos miembros de los países visitados, una nueva demostración del poder de la IS en la región y ejercer presión en los gobiernos autoritarios para lograr un pronto regreso a la democracia. Por supuesto, también se buscaba consolidar una mayor presencia de la organización en un territorio históricamente esquivo.

El informe de 1977 de la IUSY detalló que los principales partidos veían a Videla como un mal menor que Massera, y que la URSS sostenía comercialmente al gobierno comprando el 56% de las exportaciones.

Pero era tal la complejidad del encargo que la IS le había encomendado al líder socialista español, que éste decidió enviar un delegado a la zona para tantear la situación. El designado fue Luis Yáñez Barnuevo, quien trataría de obtener información de lo que allí estaba sucediendo antes de continuar planificando la misión. La Secretaría General había recomendado actuar en el mismo sentido. En noviembre de 1979, Yáñez Barnuevo, que bordeaba los 35 años, partió rumbo a Buenos Aires con una nutrida agenda de entrevistas, que incluía a miembros del gobierno militar, los principales políticos de la oposición, sindicalistas, miembros de la Iglesia, grupos de derechos humanos y el propio embajador español. El enviado de la IS concretó encuentros con el Almirante Eduardo Massera, el Arzobispo de Buenos Aires Juan Carlos Aramburu, y los dirigentes partidarios y sindicales más importantes, entre ellos Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín. de la UCR y Antonio Cafiero e Italo Luder del Partido Justicialista. Finalizada la etapa argentina el dirigente español se preparó a cruzar el Río de la Plata en avión y continuar su misión exploratoria en Uruguay donde lo esperaba el líder socialista José Cardozo.

En la fila de migraciones, Yáñez Barnuevo vio al embajador español ingresando en forma apresurada. Allí mismo le comunicó que acababa de recibir un cable desde Uruguay: el gobierno de ese país había declarado persona no grata al socialista español y no le permitía la entrada al país. A pesar del prudente consejo del embajador de terminar la misión ahí mismo, Yáñez Barnuevo decidió de todos modos embarcarse rumbo a Uruguay, de donde fue expulsado inmediatamente por las fuerzas policiales.

Desde Buenos Aires regresó a España, con un informe lapidario sobre la situación política: sus conclusiones eran categóricas, afirmaba que ni la seguridad ni la coyuntura política eran propicias para una misión de la IS.

“Mi recomendación era que ahí no se podía ir, que eso era tremendo […] Lo que más me impresionó es que el clima, el ambiente en Argentina era que los militares eran buenísimos, que habían hecho muy bien, que había que eliminar a los terroristas y que ello era una guerra. ¡Y eso casi con todos los que me entrevistaba! No ya Massera, pero es que el Arzobispo Aramburu era un gran defensor de la junta militar, y es que Balbín también!! y hasta los líderes peronistas clásicos de entonces, pero con otras palabras, como diciendo que ellos hagan el trabajo sucio ya nos llegará el momento. Sólo Raúl Alfonsín, en honor a la verdad y en honor a él, fue crítico y algún sindicalista cuyo nombre no recuerdo, de los que vi en el hotel” (Entrevista personal con Luis Yáñez-Barnuevo).

“El clima en Argentina era que los militares eran buenísimos, que habían hecho muy bien, que había que eliminar a los terroristas y que ello era una guerra. ¡Y eso casi con todos los que me entrevistaba!”

El impacto de la misión dirigida por Soares en 1978 y la forma en que intervino en la coyuntura política de República Dominicana terminó de convencer a los gobiernos militares del Cono Sur de la necesidad de impedir el ingreso de la IS a sus territorios. Encima, en la isla del Caribe, el partido opositor logró finalmente desbancar a Balaguer y tomar el poder del país. No parecía, entonces, que aceptar el ingreso de la IS hubiera sido un buen ejemplo para imitar por parte de los dictadores del Cono Sur.

El temor de los militares aumentaba si el objetivo de la IS era puramente propagandístico. Si la IS aceptaba bajar el perfil de su accionar, los gobiernos militares podían aceptar el ingreso a su territorio. Es que éste era uno de los puntos más débiles de los gobiernos: las campañas internacionales que, además, se desarrollaban en el contexto favorable de las nuevas políticas del gobierno de Carter. Por eso, lo que más temían, era el daño hacia fuera de las fronteras del país, mucho más que las repercusiones hacia dentro, donde los gobiernos tenían la situación mucho más controlada.

La IS continuó planificando la misión y por ello envió un pedido formal a los gobiernos para que autorizaran su ingreso. Los gobiernos sudamericanos comenzaron a analizar qué hacer frente al pedido oficial de la IS. El pedido no sólo incluía el permiso de ingreso, también solicitaban ser recibidos por los representantes de los respectivos gobiernos. Las respuestas fueron recibidas por el gobierno español, ya que los sudamericanos evitaron dirigirse directamente a la IS.

El primero en manifestarse fue el gobierno de Chile, quien directamente negó el permiso a la misión (aunque sí autorizaron el ingreso de Yáñez). Según el Ministro del Interior, Sergio Fernández, la IS no era un organismo internacional que deseaba encarar una investigación objetiva, sino un conjunto de partidos políticos que intentaban entrometerse en las decisiones soberanas de Chile con claros fines políticos. Y como prueba citaba una frase de Willy Brandt llamando a derrocar al gobierno de Augusto Pinochet.

Uruguay hizo silencio y dilató la respuesta, pero al fin anunció que prohibían el ingreso de la misión a sus territorios. En el caso argentino, la situación era más ambigua. El gobierno decidió no impedir el ingreso de la delegación, pero puso condiciones inaceptables para la IS. En primer lugar decretó que la prohibición de ingreso sólo era aplicable al presidente de la misión, es decir, a Felipe González. La entrevista que éste había tenido con el jefe montonero Mario Firmenich fue esgrimida como una de las causas por la cuales el gobierno prohibía el ingreso del español. La IS mantenía relaciones con los dos sectores en los que se encontraban divididos los Montoneros.

Las expectativas que había generado la llegada de una misión de la IS fueron tan importantes como la decepción que supuso su suspensión.

Mario Soares y Willy Brandt, dos de los líderes más reconocidos de la IS, en 1975.

 

El propósito de la prohibición individual era evitar el ingreso en el país de un personaje con cierto peso internacional que podía generar más problemas cuando el país estaba bajo un fuerte escrutinio internacional desde la realización del Mundial de fútbol. La realización del torneo había intensificado la presión de distintos organismos internacionales y también del gobierno de Estados Unidos. Esta situación tuvo su punto culminante con la visita al país de una delegación observadora de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La presión internacional fue tal que el gobierno militar realizó una fuerte campaña publicitaria interna contra una supuesta campaña “anti Argentina”. El lema de la campaña era “Los argentinos somos derechos y humanos” haciendo referencia a las acusaciones de violaciones a los derechos humanos que el gobierno acumulaba a nivel mundial.

El gobierno militar además anunció que, de ingresar la misión, sólo se reunirían con funcionarios de rango medio y le exigió una condena explícita al accionar de los grupos armados. Esto también era inaceptable, ya que muchos de estos grupos mantenían fluidas relaciones políticas con la IS.

Finalmente, sólo en Paraguay estaban dadas las condiciones para enviar una misión como la prevista por la IS. De todos modos, el gobierno paraguayo solo autorizó a la delegación para asistir al Congreso del febrerismo y le prohibió tajantemente realizar alguna otra manifestación o actividad política. La decisión de los paraguayos también se dilató ya que fue motivo de una larga discusión en el seno del Partido Colorado. Lo cual vuelve a conformar la importancia que la IS y su presencia en la región venía teniendo.

Debido a todo esto, y a instancias del PSOE, se decidió suspender la misión. En una comunicación de Carlsson al Bureau se informaba que el motivo era que los gobiernos de Chile y Uruguay no les permitían ingresar a sus territorios y los argentinos ponían algunas restricciones difíciles de aceptar. Felipe González encabezó una conferencia de prensa con gran afluencia de medios donde anunció la suspensión de la misión. La prensa (sobre todo la oficialista en los países del Cono Sur) fue muy crítica con la suspensión de la misión, como lo había sido también, con ciertos posicionamientos de la IS sobre los gobiernos de la región, en especial la de Argentina, Chile y Paraguay.

La suspensión de la misión de la IS también tuvo que ver con la ausencia de partidos miembros que tuvieran algún peso político específico en la zona a ser visitada. Además de la importancia geopolítica o las características del régimen político del país, la presencia de un partido afín era muy importante a la hora de aumentar la implicación directa de la IS en territorios nacionales. Y eso no ocurría en Argentina y Uruguay como sí pasaba en República Dominicana y Jamaica. Desde el fin del secretariado de Maiztegui, las situación de la IS en Argentina y Uruguay no había podido recomponerse. Mientras en Uruguay no contaba con partido miembro en la Argentina había siete partidos socialistas distintos y el único reconocido por la IS era muy minoritario y mantenía polémicas relaciones con varios de los partidos de la Internacional.

Por lo tanto no tenía sentido arriesgarse en la forma en que las coyunturas dictatoriales del Cono Sur lo requerían. La IS quedaría sola y sin mayor respaldo en escenarios de mucha peligrosidad y con escasas posibilidades de lograr algún impacto político que debilite a los gobiernos militares. La presencia de un partido miembro con poder o, al menos con una organización medianamente relevante, también ayudaba a eludir las acusaciones de intromisión y daba a los enviados algún tipo de seguridad de movimiento y acción.

Las expectativas que había generado la llegada de una misión de la IS fueron tan importantes como la decepción que supuso su suspensión. El archivo de la IS muestra una gran cantidad de cartas y telegramas donde organizaciones y dirigentes se lamentan por la suspensión de la visita y manifiestan su solidaridad por la actitud de los gobiernos militares. Entre los argentinos hay telegramas de solidaridad del PS, firmados por sus principales dirigentes y también de familiares de desaparecidos: “He sentido mucho las dificultades surgidas o creadas ex profeso, para impedir vuestra visita a la Argentina […] Los padres de adolescentes desaparecidos luego de los secuestros efectuados por las Fuerzas Armadas, lo anhelan” (Carta de Oscar Juárez a Bernt Carlsson). Desde Chile se propuso que la misión viaje igual y realizara una conferencia de prensa en el aeropuerto, de modo de ocasionarle un costo político a Pinochet.

Para evitar suspender la misión en forma total, durante los días 24 y 25 de noviembre de 1979, se decidió que una delegación de la IS viajara a Paraguay para asistir al congreso del Partido Revolucionario Febrerista, aunque ya no comandada por González sino por Bernt Carlsson. La devaluada visita sirvió para tomar contacto con las fuerzas opositoras en general, pero también para consolidar la relación con el febrerismo, cuyos dirigentes solicitaron que el partido fuese aceptado como miembro pleno de la IS.

Históricamente, la IS no había logrado hacer pie en América del Sur. A pesar de ellos, los gobiernos militares reconocían en la IS un actor que los molestaba, fundamentalmente, en el plano internacional, donde se encontraba el talón de Aquiles de los regímenes del Cono Sur. Sin embargo, esto no quiere decir que no afectaran también en el plano nacional. De hecho, impedirle a la IS el ingreso al país (como en Chile y Uruguay) o restringírselo (como en Argentina y Paraguay) tuvo como fin evitar que apoyaran a los disidentes y alteraran a la opinión pública con su presencia en cárceles o apoyando políticos presos.

Aunque la IS no había logrado hacer pie en América del Sur, los gobiernos militares reconocían en ella un actor que los molestaba en un plano fundamental: el internacional, donde estaba el talón de Aquiles de esos regímenes.

Olof Palme en La Habana con Fidel Castro.
Olof Palme en La Habana con Fidel Castro.

Pese a que el plan original de la IS no pudo llevarse a cabo en su totalidad, el balance igualmente había sido positivo, y así lo manifestaba su secretario general: “Al mismo tiempo la actitud demostrada por las dictaduras hacia la IS constituye amplia prueba de la importancia que reviste nuestra organización en esa parte del mundo”.

A pesar de que el Cono Sur no fue prioritario para la IS (con excepción de Chile), durante el año 1981 se comenzó a hablar de nuevos intentos de organizar una misión aunque, esta vez, sólo a Uruguay y Argentina. Especialmente en este último país, donde el Partido Socialista se encontraba en medio de una feroz disputa interna, con fuertes acusaciones entre las diferentes facciones. En especial, las que recaían sobre el grupo oficialmente reconocido por la IS, la fracción del Partido Socialista Popular liderada por Víctor García Costa, a quien se acusaba cercanía a la Junta Militar., aunque en realidad éste compartía la posición del PJ y la UCR de que en el seno del gobierno había “duros” y “blandos” y era necesario “jugar” en esas diferencias para poder conseguir una apertura democrática.

En 1981 el gobierno argentino volvió a manifestar su posición de dejar ingresar a la IS pero con algunas condiciones. Ante esto Carlsson veía cuatro opciones: seguir adelante contra lo expresado por el gobierno militar; la segunda, realizar viajes individuales, la tercera posponer la misión, y la cuarta cancelarla. Carlsson propuso seguir la segunda o la tercera. Finalmente, se propuso enviar una misión de muy bajo perfil, lo cual fue aceptado en la IS, fundamentalmente por la presidencia. Los designados para integrar la misión fueron Maarten Van Traa (PVDA) Elena Flores (PSOE) y Nicole Bourdillat (PSF). El primero fue elegido como líder de la delegación. Sin embargo, los problemas sobre la organización de la misión volvieron a aparecer y nuevamente Carlsson y los suecos fueron los más críticos con la planificación que, una vez más, recayó en gran medida en el PSOE.

Los tres delegados europeos de la IS visitaron Uruguay y Argentina donde mantuvieron reuniones de alto nivel con representantes de gobiernos, partidos y la sociedad civil. Si bien ambos gobiernos manifestaron públicamente que no aceptarían su ingreso como misión colectiva, tampoco prohibieron la entrada como miembros particulares.

Esta vez, la IS aceptó las reglas del juego. En gran parte porque su intención ya no era dar un golpe de efecto, sino conseguir información sobre la coyuntura política y, además, dirimir la interna del socialismo argentino. Lo paradójico es que una vez ingresados a los respectivos países, los dirigentes fueron tratados como una misión de alto nivel.

Todo el problema, una vez más, residía en la publicidad negativa que la presencia de la misión podía generar y muestra, hasta qué punto, los gobiernos dictatoriales temían a la presión internacional y también a las consecuencias que podía traer aparejada frente a algunos sectores de la opinión pública. Una vez que la misión perdía su carácter colectivo y, por ello, renunciaban a un accionar de alto perfil, entonces, los gobiernos no tenían problemas en tratar con ellos.

En Uruguay la misión se entrevistó con el Ministro de Relaciones Exteriores Estanislao Valdez Otero, a quien le exigieron tanto la liberación del General Liber Seregni –líder del Frente Amplio– como la posibilidad de realizar una visita a la cárcel donde estaba alojado. Ambos reclamos fueron rechazados de plano. También pidieron sin éxito por Juan Ferreira, presidente de la Convergencia Democrática a quien se le prohibía el reingreso al país. La delegación se reunió con representantes del Partido Colorado, Blanco y Frente Amplio. Finalmente, se improvisó una conferencia de prensa donde se explicó los alcances de la visita de la IS aunque no contó con medios de prensa nacional.

Las conclusiones sobre la situación política del país eran lapidarias, pero además señalaban que la posibilidad de una apertura democrática se veía muy difícil. Esto se acentuaba por el control que el ejército ejercía en el territorio del país. En su informe final señalaban que, a diferencia de la Argentina, no existían allí organizaciones locales de defensa de los derechos humanos, ni demostraciones callejeras como las de las Madres de Plaza de Mayo. Si bien se sostenía que debía apoyarse a toda la oposición, a pesar de las diferencias que mantengan entre ellos, la misión consideraba que debía considerarse especialmente al Frente Amplio.

Ya en Argentina, los integrantes de la misión se sorprendieron tanto por la descontrolada crisis económica que sufría el país como por la forma en que ésta se debatía en los diarios y los partidos, a pesar de las prohibiciones formales que existían. A diferencia del informe sobre Uruguay, las impresiones sobre Argentina abundaban en cuestiones económicas: la inflación, la devaluación del peso y la caída de la confianza del gobierno, particularmente, entre los sectores financieros. Según la misión, muchos testimonios aseguraban que el país estaba en condiciones peores que en 1976 cuando Isabel Perón fue derrocada, y que no se había producido otro golpe interno debido a las responsabilidades comunes ocasionadas por las muertes y desapariciones que cruzaban a toda la estructura militar.

Según la misión, el país estaba peor que en 1976 cuando Isabel Perón fue derrocada, y si no se había producido otro golpe interno, era por las responsabilidades comunes por las muertes y desapariciones que cruzaban a toda la estructura militar.

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La misión fue recibida oficialmente por tres ministros del Poder Ejecutivo, lo que muestra una vez más la atención que generaba en los círculos de poder. El general Tomas Liendo (ministro del Interior), Oscar Camillion (ministro de Relaciones Exteriores) y Amadeo Frugoli (ministro de Justicia) fueron los encargados de otorgarle a la misión una mesa para discutir asuntos de política interna argentina.

Frente al ministro Liendo plantearon la cuestión de las personas desaparecidas a partir de una lista elaborada por la propia IS, cosa que fue rechazada totalmente por el militar, aunque mostró cierta voluntad de liberar algunos presos políticos. Al canciller la misión le planteó que la IS no conformaba ninguna campaña “antiargentina”, como el gobierno había difundido entre la población para conseguir apoyo político frente a la presión internacional.

La misión se reunió también con los partidos políticos que integraban la denominada “Multipartidaria”, entre ellos, la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialisa y el Partido Intransigente. También tuvo múltiples encuentros con organismos de derechos humanos, entre ellos la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). El momento más emotivo, según los delegados de la IS, fue cuando acompañaron a las Madres de Plaza de mayo en una de sus habituales rondas de protesta.

Un gran espacio en la tarea de la misión, como en el informe final, fue para la situación de los socialistas locales, fragmentados en en incontables partes, y que ya había pasado a la justicia. Además este tema estaba trayendo problemas en la misma IS, porque todas las partes en disputa se dirigían a ella para ser reconocidas oficialmente, creyendo que esto les haría tomar ventajas en la disputa con los otros sectores. Para esto apuntaban a quitarle el rango de partido miembro al PSP de García Costa. El Bureau de la IS venía retrasando una definición a la espera de contar con más información que esta misión le proveería. Una vez en Buenos Aires, realizaron entrevistas con todos los grupos, aunque la decisión de suspender la afiliación del partido miembro ya parecía tomada antes de llegar la misión al país.

La decisión de la misión de recomendar la expulsión de la corriente liderada por Víctor García Costa, desató un posterior intercambio de misivas de contenido poco diplomático y acusaciones cruzadas. De este modo, Argentina estuvo varios años sin partido miembro pleno, a pesar de haber sido el primer partido socialista del continente y el primero en ser afiliado a la segunda internacional y a la Internacional Socialista.

Entre las conclusiones finales de la misión, también se aconsejaba seguir con atención la evolución de la “Multipartidaria” y en especial la colaboración inédita entre los dos partidos mayoritarios, anteriormente irreconciliables. Sin embargo, no dejaba de señalar que el verdadero problema a resolver era el de los derechos humanos, particularmente el referido a la cuestión de las personas desaparecidas. Finalmente apelaba a continuar la presión sobre las dictaduras y recomendaba enviar una nueva misión para seguir los acontecimientos.

El informe producido por la misión fue muy importante como insumo para las posteriores decisiones que la IS tomó en la región. Particularmente para el caso argentino esto implicó a vincularse con otros sectores del socialismo y, fundamentalmente, con el sector del partido radical liderado por Raúl Alfonsín.

 

Fernando Pedrosa

Fernando Pedrosa

Politólogo e historiador. Autor de "La otra izquierda. La socialdemocracia en América Latina" (Capital Intelectual, 2012)

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