Desarrollan dron de seis hélices para fumigar

Su diseño ayudaría a ahorrar en costos y reducir el impacto ambiental en el uso de agroquímicos

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En un país como el nuestro, donde la soja es uno de sus principales cultivos, una noticia que involucre la pulverización de pesticidas y apunte a disminuir el impacto ambiental es de verdadera relevancia. Hace algunos años atrás, Daniel Sequeiros fundó FXDrones, una empresa cordobesa especializada en el desarrollo de drones y la provisión de servicios vinculados a su uso. Uno de los artefactos producidos por la firma fue un modelo de seis hélices -hexacóptero- pensado para el monitoreo y control de plagas, con el objetivo adicional de controlar la proliferación del mosquito Aedes aegypti (el vector del dengue) en lugares de difícil acceso. Fue así que, gracias al consejo de un ingeniero agrónomo, Sequeiros notó la utilidad de este hexacóptero para cultivos intensivos como viñedos y árboles frutales. Si bien el dron tiene una cobertura limitada, el ingeniero le explicó a Sequeiros que debido a su tamaño y capacidad de carga el dron permite una fumigación de alta precisión, a diferencia de métodos tradicionales como aviones pulverizadores y tractores mosquito, que además de ser imprecisos dañan el ambiente y contaminan el agua. Con la utilización del dron, en cambio,  se evita la dispersión del insecticida y se reduce el riesgo para la salud y el medioambiente, dos grandes problemas que existen en nuestro país. Esto, además, redundaría en un beneficio económico para los productores, que utilizarían menos agroquímicos.

Esta herramienta desarrollada por la empresa de Sequeiros significa un avance con respecto a otros trabajos que se vinieron haciendo en el país y que ya se conocían. En 2014, el INTA anunciaba en su página web la utilidad del uso de drones, pero no hacía referencia a la fumigación. Según informaba el Instituto,  “la necesidad de contar con datos confiables y en tiempo real hace que la agricultura de precisión avance en el desarrollo de herramientas que ayuden a optimizar y a hacer más eficiente la producción. Ahora, la innovación llegó a los equipos voladores no tripulados, conocidos como drones. Desde el INTA Manfredi, evalúan su potencial de uso en la certificación de procesos y la trazabilidad de los productos” y citaban a uno de los referentes en agricultura de precisión, Andrés Méndez, quien ponderaba los beneficios del uso de estos artefactos para ayudar al productor a “conocer, en tiempo real, el estado, el desarrollo y la variabilidad de los lotes”.

Entre los usos más destacados que señalaba el INTA se encuentran los relevamientos topográficos, que ayudan a identificar zonas del terreno susceptibles de erosión y a confeccionar mapas detallados de las labores agrícolas. El proyecto fue también parte de un curso de Agricultura de Precisión en la ciudad de Manfredi, que se realizó el 24 y 25 de septiembre de 2014, y entre sus usos más salientes destacaron que “estos equipos pueden detectar malezas sobre rastrojos, estimar rindes, daños por heladas y pérdidas por granizo, realizar un seguimiento del cultivo a partir de imágenes multiespectrales (NDVI), detectar enfermedades, insectos, malezas en el cultivo y hasta el desplazamiento del ganado”, según detalló Méndez.

«El objetivo es disminuir los costos para los productores y minimizar el daño ambiental que causan las fumigaciones», indicó Sequeiros

Por su parte, y años más tarde, Sequeiros presentó la idea y el prototipo en el Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social (CITES), la «incubadora» que el Grupo Sancor Seguros tiene en Sunchales (Santa Fe) y actualmente se encuentra allí para conformar una empresa de base tecnológica (EBT) llamada BioDrone, junto con la bióloga Luciana Bollati. La idea de Sequeiros con su empresa BioDrone es ser un sistema integral para el monitoreo y control de plagas automatizado: la detección de los insectos se realiza mediante sensores trampa colocados en campo, que envian la información a un software supervisado por un técnico que da la orden a los drones para que fumiguen solo donde se haya detectado la presencia de insectos. El dron que está desarrollando Sequeiros junto a su colega Bollati tendrá mayor capacidad de carga y más autonomía, y quieren que se impulse con nafta, en lugar de baterías.

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De este modo, mientras que un dron convencional posee una batería que dura aproximadamente diez minutos y tiene poca capacidad para levantar peso, este nuevo diseño permitirá una capacidad de carga de 20 litros y una autonomía de 40 minutos. Entre las mejoras que incorpora en la fumigación, el dron expulsa un flujo de aire descendente que mueve la hoja y permite que el agroquímico ingrese mejor. Además, vuela a una altura muy baja, lo que permite un control a partir de radares que detectan la altura de la planta y reducen la volatilidad del agroquímico. La fumigación actual, efectuada con aviones, implica arrojar agroquímicos desde varios metros de altura, lo cual produce mayores daños colaterales.

«El objetivo es disminuir los costos para los productores y minimizar el daño ambiental que causan las fumigaciones», indicó Sequeiros. Bollati – becaria doctoral del CONICET en el CITES y es la responsable del desarrollo de los sensores trampa para monitoreo y control de plagas- agregó: «También reduce los daños a la salud en los casos en que la fumigación se hace con mochila y el operador está expuesto al agroquímico».

La bióloga también explicó: “se atrae a los insectos mediante la liberación de feromonas, se los contabiliza, identifica y se dispara la alarma». Luego de eso una base de datos recibe y almacena la información para enviarla a un servidor central que procesa y analiza si es necesario aplicar el insecticida. En este punto, entran en acción los drones, que fumigarán las zonas en que se activaron las trampas, en vez de pulverizar indiscriminadamente el campo.

En cuanto a la posibilidad de que su proyecto tenga implementación, los fundadores de BioDrone realizarán ensayos durante este año para validar el sistema en frutales de manzana y pera en Río Negro y en viñedos mendocinos y para el año que viene planean probar el sistema en cultivos extensivos como soja y maíz

De esta manera, ante la proliferación de una plaga, en lugar de pasar varios días hasta que el productor contrate un servicio de fumigación, con BioDrone la aplicación es «prácticamente inmediata, porque la alarma se activa, la información se procesa rápidamente y, como mucho, al día siguiente se envía al dron a fumigar». Y agregó Bollati: «Nuestro objetivo final es que el sistema sea autónomo: que los drones se activen cuando el insecto ingrese a la trampa».

El equipo tiene además un 50 por ciento de componentes nacionales lo cual para Sequeiros  implica un gran avance, pues  “los drones suelen tener entre un ochenta y un noventa por ciento de componentes importados. Lo que nosotros tenemos que importar es la electrónica, porque todavía no se puede competir con los precios de los fabricantes chinos. Pero desarrollamos el software y varias piezas mecánicas, como la caja de engranajes necesaria para el sistema de combustión interna», sostuvo.

En cuanto a la posibilidad de que su proyecto tenga implementación, los fundadores de BioDrone realizarán ensayos durante este año para validar el sistema en frutales de manzana y pera en Río Negro y en viñedos mendocinos y para el año que viene planean probar el sistema en cultivos extensivos como soja y maíz. «Estamos trabajando en el sistema de identificación de los sensores y en el desarrollo de un algoritmo que detecte con precisión qué zonas hay que fumigar según las trampas que se activen. También queremos optimizar el consumo energético de las trampas a partir de la utilización de paneles solares para la recarga de las baterías», concluyó Bollati.

 

 

Fuentes: INTA Informa, Página oficial de BioDrone, La Nación

Redacción de La Vanguardia

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