El primer debate de cara a las presidenciales francesas no tuvo un claro vencedor

El primer debate presidencial francés tuvo chispazos y críticas pero no ganadores.

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El primer debate presidencial de cara a las elecciones en Francia se desarrolló entre fuertes críticas y posturas encontradas. Sin embargo, ninguno de los candidatos quedó como claro vencedor frente a los restantes. Solo una cosa fue clara: que Marine Le Pen, la líder ultraderechista del Frente Nacional, fue el blanco de los mayores ataques.

La candidata de pelo rubio que pretende incendiarlo todo con sus explosivas declaraciones contra los inmigrantes y su retórica nacionalista,  fue criticada fuertemente tanto por el socialista Benoît Hamon y el “social-liberal” Emmanuel Macron. Mientras tanto, el líder del Frente de Izquierda,  Jean-Luc Mélenchon, tiraba algunas llamativas bombas de humo verbales que no llegaban a conseguir más que algunas sonrisas y, quizás, algún punto más de rating dada su evidente capacidad para el mensaje simple y televisivo.

Fueron tres horas y media de visiones contrapuestas. Ya fuese sobre la educación, la laicidad, la duración de la jornada laboral, la política internacional, o las cuestiones económicas que tanto aquejan a la clase trabajadora francesa, todos tuvieron algo que decir.

Emmanuel Macron, ex ministro del gabinete de Hollande llegaba como favorito y sigue siéndolo: este “socialista de derechas” o “social-liberal” podría llegar a una segunda vuelta electoral con Marine Le Pen. Por eso fue otro de los centros de ataque durante el debate. Hamon, representante del Partido Socialista y quien mejor expresa los ideales de una socialdemocracia moderna pero ubicada a la izquierda, lo machacó tratándolo como el “mejor candidato para los grupos de interés”. Por su parte, Marine Le Pen lo tachó de defensor del “burkini”, el polémico traje de baño popular entre las mujeres musulmanas. Hamon, que pretende captar parte del voto de Macron, sostuvo que no está claro quienes financian la campaña del ex-socialista.

Lo cierto es que Hamon fue una figura importante del debate aunque no logró salir victorioso. Su crítica a Le Pen, a quien acusó de pretender un “laicismo a gusto” solo para dirigirlo contra los musulmanes, fue efectiva. Le Pen, sin embargo, utilizó la estrategia de hacerse la desentendida. Se dedicó, simplemente, a lanzar su catarata de mensajes sencillos y demagógicos para reforzar a su propio público. Su crítica de la inmigración y su discurso identitario, particularista y nacionalista parecían ser la mejor respuesta frente a las críticas. Evidentemente, también criticó a la Unión Europea – a la que considera culpable de buena parte de los males de Francia – y afirmó que no será “la vicecanciller de Angela Merkel”, la canciller alemana a la que también golpeó duramente. Con Macron fue especialmente dura: lo acusó de “hablar sin decir nada”.

Fillon, el candidato de la derecha, no sufrió tantos golpes como se esperaba. Aunque vive escándalos judiciales que amenazan a su candidatura (le habría concedido empleos falsos a su mujer y a sus hijos) tuvo un gran logro: no permitió que el debate se centrase en ellos. No ser centro del debate era, al menos en este primer encuentro, un leve triunfo. Y lo consiguió. Con el correr del tiempo, logró incluso emitir críticas. Sostuvo que la vocación de Le Pen de sacar a Francia del euro llevaría al país a la ruina.

La izquierda representada por el socialista Hamon y por el inclasificable Mélenchon (aliado con el Partido Comunista en un frente más amplio) hizo lo que convenía en un debate como éste. Teniendo en cuenta que están por debajo del resto de los candidatos en las encuestas, se dedicaron a atacar. La mejor idea cuando lo que se tiene por perder es bastante poco. Mélenchon afirmó que él, a diferencia del resto, no forma parte del establishment político y se definió como un outsider.

Por su parte, Hamon intentó demostrar que para vencer a Le Pen en una segunda vuelta, él es el mejor candidato. Mejor, por supuesto, que Macron, a quien acusa de deslizarse cada vez más a la derecha. Aunque no ganó el debate, sus ideas fueron claramente convincentes. También lo es su programa y su plataforma. El debate, en suma, no tuvo ganadores. Pero todos los demócratas saben que si triunfa Le Pen habrá un claro perdedor: se llama Francia.

Redacción de La Vanguardia

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