La pobreza que no para de crecer

Según el Observatorio de la UCA la tasa de pobreza aumentó en más de tres puntos porcentuales.

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Con un nuevo informe publicado este mes, el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), a cargo de la Universidad Católica Argentina (UCA), señaló que “la indigencia alcanzó al 6,9 por ciento de la población” lo que implicó “un aumento de alrededor de 600 mil personas en situación de indigencia entre 2015 y 2016 (acumulando alrededor de 2,7 millones de personas indigentes al tercer trimestre de 2016)”, y que la pobreza, por su parte, “ascendió de 29% -a fines de 2015- a 32,9% en el tercer trimestre de 2016, lo cual significaría un aumento de 1,5 millones de nuevos pobres (cerca de 13 millones de personas por debajo de la línea de pobreza)”, lo que constituyen los niveles más altos de los registrados desde 2010 a la fecha.

A su vez, el informe destacó positivamente que el INDEC haya reanudado la tarea de estimar las tasas de indigencia y de pobreza a nivel urbano y señaló que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) estimó “para el segundo trimestre de 2016 en las áreas relevadas por dicha encuesta tasas de 6,3 por ciento y 32,2 por ciento personas en situación de indigencia y de pobreza, respectivamente”, dos datos que se acercan a las números elaborados por el Observatorio.

Son los niveles más altos de pobreza de los registrados desde 2010 a la actualidad.

Entre los principales afectados del crecimiento de la pobreza, el Observatorio indicó que los más golpeados han sido “segmentos de clase media baja o sectores populares vinculados a la economía informal” y advirtió que “la desigualdad persistente y la pobreza estructural son resultado de un modelo económico-productivo concentrado y desequilibrado con efectos de exclusión y desigualdad a nivel socio-laboral”.

Haciendo énfasis en que los principales afectados son sectores informales de la economía, el estudio aclara que la indigencia, situada en el 6,9 por ciento, es “significativamente superior en hogares perceptores de programas de transferencias por fuera del sistema contributivo […] Entre ellos, la indigencia y la pobreza alcanzan a 13,8 por ciento y a 61 por ciento de las personas, respectivamente. En contrapartida, tanto la indigencia como la pobreza son menores al promedio entre la población que habita en hogares con transferencias contributivas o sin prestaciones”.

En cuanto a los motivos del aumento de la pobreza y la perspectiva de que la situación mejore, los autores señalaron que tampoco alcanzaría con la llegada de inversiones –una de las políticas con las que el gobierno nacional insiste-, ya que “aunque devengan inversiones, no habrá derrame hacia los sectores menos dinámicos si no hay políticas activas de desarrollo local-regional, hacia el sector informal y las economías sociales”.

Más adelante, los autores prosiguen señalando que se trata de un proceso de larga gestación: desde al menos el año 2012-2014, “volvió a evidenciarse un proceso de estancamiento en la generación de empleo y de deterioro social en un contexto inflacionario. Durante 2015, sin grandes cambios, la falta de inversión, el creciente déficit público y otros desajustes macroeconómicos, habrían puesto a la economía en un callejón sin salida”, y prosiguen indicando que “durante el último año, las medidas de ajuste económico, el contexto internacional adverso, la política anti-inflacionaria y la rezagada inversión privada y pública habrían agravado el escenario de crisis, más recesivo y adverso en materia de empleo y poder adquisitivo para amplios sectores sociales”.

Para el Observatorio, las medidas oficiales no ayudaron, y añaden que el shock del primer semestre del año “habría generado un mayor deterioro laboral y en los ingresos de los sectores medios bajos informales, así como una profundización de la indigencia en los sectores más vulnerables”.

Si se comparan indicadores desde el 2010 hasta el tercer trimestre de 2016, el informe señala que las tasas de pobreza e indigencia se asemejan a “los niveles de 2009” pero “muy lejos de crisis sociales atravesadas históricamente por el país” como la del 1988-1990 o 2001-2002.

No obstante, los niveles actuales de pobreza “se asemejan a escenarios como los de 1983, 1987, 1994 o 2002”, y señala que “la actual coyuntura parece remitir a procesos recesivos generadas por efectos de crisis financieras como la del ’Tequila’ o dinámicas inflacionarias post-devaluación como en los ’80 o en 2014”.

“Todavía estamos lejos de garantizar los derechos mínimos de inclusión social para una parte importante de la sociedad”.

El estudio concluye su diagnóstico ponderando la existencia en el segundo como en el tercer trimestre de medidas gubernamentales como “actualizaciones establecidas por ley en los montos jubilatorios, pensiones y programas sociales, entre otras medidas compensatorias” y destaca que si bien se registró una baja notoria en el ritmo inflacionario y una efectiva recuperación del empleo, hacia el tercer trimestre del año “no se evidenciaban cambios significativos en el nivel de actividad ni en la demanda laboral”.

En suma y a modo de conclusión, para el Observatorio que dirige Agustín Salvia “los indicadores laborales muestran la persistencia de la pobreza y desigualdades estructurales” y lamenta que “todavía estamos lejos de garantizar los derechos mínimos de inclusión social para una parte importante de la sociedad”.

 

En base a Página oficial de la UCA, El Cronista, Ámbito

Redacción de La Vanguardia

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