“La plata no alcanza”: reflexiones después de la marcha de la CGT

No hay marco que encauce el creciente conflicto. La marcha de la CGT dejó claro que la respuesta no vendrá desde la burocracia sindical.

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Hay un dato que la mayoría del periodismo no ve o no quiere ver: «la plata no alcanza». Esto está alcanzando a cada vez más sectores, especialmente al sector de trabajadores que asomó la cabeza por sobre la línea de pobreza o empezó a disfrutar de algún derecho en esta última década. Recortan gastos, aprietan el cinturón y no alcanza. A muchos no les va alcanzar nada ya que se quedaron sin trabajo o presienten que lo perderán.

Sumado a otro hecho que tal vez pasa desapercibido: venimos de una situación económica con muchos problemas, pero no en crisis terminal. No veníamos como en 1989 o 2001 en caída libre. Menem pudo avanzar como lo hizo porque encontró un pueblo dispuesto a aceptar cualquier cosa con tal de que se suprimiera la hiperinflación.

Pero hoy la situación no es ésa, se viene de una etapa de recuperación de derechos, plagada de errores estructurales, pero recuperación al fin. No de una crisis terminal que habilita el “haga lo que quiera Sr. Presidente”. Menos aún una situación donde la corrupción sea tolerada, especialmente si viene de un sector que presentó al discurso republicano como bandera.

De abajo, de afuera de las estructuras sindicales, está surgiendo un grito que insinúa que el límite de tolerancia se acabó. El paro y la marcha docente sorprendieron a cierta dirigencia, así como al periodismo que interpreta la realidad tomando café con operadores del gobierno o con los burócratas sindicales, que los llevó a no entender hasta hoy el porqué del paro docente.

De abajo, de afuera de las estructuras sindicales, está surgiendo un grito que insinúa que el límite de tolerancia se acabó.

En cambio, no sorprendió a quienes vienen charlando con los docentes y comparten los padecimientos cotidianos de la escuela pública, sometida a todo tipo de ataques. Con el fin de las paritarias nacionales se volteó un logro histórico como la implementación de la Ley de Financiamiento Educativo, que tuvo su origen en la lucha de la Carpa Blanca. La marcha del lunes saltó por encima de la CTERA: la comunidad educativa salió a la calle sin que nadie los llevara en colectivos o “le pagara el chori”.

En la Ciudad de Buenos Aires, ocurrió un hecho casi histórico: UTE-CTERA (Eduardo López) se vio obligada a llamar al paro luego de casi no hacerle casi ningún paro al gobierno del PRO, a pesar de que éste bajó diez puntos la inversión en educación, a pesar de que hay miles de niños sin vacantes, a pesar de que pintan los frentes de las escuelas y adentro se caen a pedazos, a pesar de que modificaron el estatuto con el tema formación. A pesar de todos los pesares, UTE se sentaba y acordaba. Hoy no pudo. Las bases le hicieron el paro.

La movilización de la CGT más las dos CTA, más allá del aparato sindical, movilizó a miles de personas sueltas, a líneas disidentes de los sindicatos marchando por su lado, y un detalle relevante: esta movilización generó alta adhesión entre trabajadores que no pudieron asistir y así lo hicieron sentir en las redes.

El sistema de comunicación del gobierno desplegó un monstruoso aparato propagandístico pero no pudo voltear la legitimidad de la movilización. El reclamo de “paro general» y el grito de “¡Poné la fecha!”, fue una constante a lo largo del acto. No tuvo dueño, fue de todos. Aparecía por acá y por allá en la concentración.

El reclamo de “paro general» y el grito de “¡Poné la fecha!”, fue una constante a lo largo del acto. No tuvo dueño, fue de todos.

La sensación que tuve por haber estado ahí atrás del escenario a metros del palco, era que el acto se les fue de las manos, pero (a diferencia de lo que instalan desde los propios dirigentes hasta los medios del poder) no porque una “orga” les estaba copando el lugar sino porque la gente, los presentes, el público, empezó a putear a los integrantes del triunvirato. Ni siquiera con la marcha peronista calmaron los ánimos: ya no alcanza.

El conflicto social salió a la calle, y está desbordando a las estructuras sindicales, políticas y gubernamentales. Uno escucha a la dirigencia y siente que siguen bailando en la cubierta del Titanic como si nada pasara.

Hoy no hay un marco que encauce al conflicto que se viene engendrando, y pareciera que no hay una dirigencia ni un periodismo que lo entienda. No queda otra que salir a la calle y empezar a entender, comprender, ser parte de lo que está pasando. Este martes quedó claro algo: la respuesta no va venir de la burocracia sindical.

Foto tomada de las redes sociales.

Marcelo Pascal

Marcelo Pascal

Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA). Asesor del bloque de Diputados y Diputadas Socialistas.

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