En los hombros de las que lucharon antes

Las mujeres feministas han ido construyendo, a lo largo de los últimos siglos, una idea de democracia que hace que quepamos mejor todos y todas, no sólo los varones adultos con dinero.

jazmin

No sabía como arrancar estas reflexiones y empecé a navegar las redes sociales para ver qué había pasado en la Argentina. Desde el Brasil gobernado por ForaTemer, las luchas se ven por internechi, por más que nos unimos a la “paseata” en el campus. En la Universidad de San Pablo, nos enterábamos que el gobierno congeló durante los próximos 20 años el presupuesto de salud y educación, y los derechos de las mujeres y niños y niñas, como las guarderías y jardines maternales, se van cercenando uno a uno. Las profesoras de la universidad nos invitaban a conferencistas y asistentes a visitar la guardería que los directivos de la universidad cerraron hace 50 días, y que sigue ofreciendo educación a sus niño y niñas de manera autogestionada.

Me detengo en el video de la entrada a Plaza de Mayo de las compañeras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Entran con el grito tribal de indias y brujas. Somos las nietas de las brujas que no llegaste a quemar. Las que demandamos libertad de cuerpos y deseos. Las que no queremos que nos traten como incubadoras. Porque de última, se necesitan dos para concebir, pero las que cargamos con las consecuencias somos siempre las mujeres.

Somos la Pepa Gaitán, somos Marita Verón, somos las niñas obligadas a parir a los 12 años porque la justicia privilegia al feto.

Pienso en mis hijas, algunos miles de kilómetros al sur. Esta mañana le mandé un wasap a la mayor: “Que tengas un excelente día de la mujer. Recordá que nos paramos en los hombros de las que lucharon antes que nosotras”. Me ilusiono con el día en que pueda ir al primer Encuentro de Mujeres con ellas, y deseo fuertemente la posibilidad de celebrar conquistas antes que demandar derechos y libertades cercenados.

Pienso en la enorme justicia de nuestros reclamos. Que nuestras demandas quieren hacer del mundo un lugar más justo. Que queremos más derechos para todas. Para quienes creemos que abortar es un derecho y para quienes creen que a los hijos los manda dios. Para los nenes que juegan a la casita y para las nenas que juegan al fútbol. Para las parejas abiertas y los matrimonios heterosexuales que comulgan juntos.

Pienso que las mujeres feministas hemos ido construyendo, a lo largo de estos últimos siglos, una idea de democracia que hace que quepamos mejor todos y todas, no sólo los varones adultos con dinero. Y que nuestras luchas han ido mostrando los límites de los procesos de transformación social que dejaban intactos los privilegios.

Pienso en el feminismo, y sé que es transformación social, es libertad, es hermandad. Es revolucionar las relaciones entre las mujeres, construir solidaridad donde el patriarcado quiere competencia. Construir hermandad donde el patriarcado busca rivalidad.

El feminismo es revolucionar las relaciones entre las mujeres, construir solidaridad donde el patriarcado quiere competencia, hermandad donde el patriarcado busca rivalidad.

Pienso en las consecuencias que tiene el que las mujeres nos restemos un día de la producción económica y al cuidado en el hogar. Pienso en nuestra potencia.

Transformamos el mundo cuando nos movemos juntas. Cuando entendemos, como hoy, que abrazadas en la calle, el machismo tiembla, el capitalismo tiembla, el mundo tiembla.

Pienso en las muertas del capitalismo patriarcal. Las miles de muertas de Ciudad Juárez. Las condiciones de producción y trabajo que hacen del trabajo mal pago de las mujeres, el pico de ganancia de los empresarios. Pienso en el desempleo de miles de varones y mujeres y el efecto de disciplinamiento, de “cállate porque te echan a vos” que ya vivimos durante los años 90. Pienso en Trump deportando mujeres latinas y declarando que nos gusta que nos agarren de la concha. Pienso en Macri diciendo que a todas nos gusta que nos digan que tenemos lindo culo, mientras rebaja el presupuesto del Consejo Nacional de la Mujer. Pienso en el fiscal Conte Grand diciendo que cuanto más reclamemos nuestros derechos, más los varones afrentados nos van a matar. Pienso en el policía que se niega a tomarnos la denuncia.

Pienso que es 2017, más de 100 años después de la masacre de las obreras textiles en Nueva York, cien años de la revolución rusa, y seguimos saliendo a las calles para demandar igualdad y justicia.

Pienso en Rosa Luxemburgo, en Alicia Moreau, en Simone de Beauvoir, en Lohana Berkins, en las miles de mujeres anónimas que le han puesto el cuerpo a las luchas por más libertad. Pienso en las muertas por aborto clandestino, en las asesinadas por femicidio, en las apropiadas en redes de trata, en las masacradas por la dictadura, en las obreras desempleadas, en las trabajadoras domésticas, en las travestis asesinadas.

Por todas, por vos, por mí, las mujeres paramos, y, al hacerlo, el mundo tiembla.

 

Foto: DyN

Valeria Llobet

Valeria Llobet

Doctora en Psicología (UBA). Investigadora Independiente del CONICET, docente en la UNSAM y co-directora del Centro de Estudios Desigualdades, Sujetos e Instituciones de la Escuela de Humanidades (UNSAM).

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