El Presidente y el país de las maravillas

El Jefe del Estado inauguró el 135º período de sesiones ordinarias del Congreso ante los legisladores, con un discurso sin autocrítica ni explicaciones sobre los escándalos más recientes, como por ejemplo las seis causas en que se lo imputa por delitos cometidos en su función.

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«Hay que acabar con el enfrentamiento que nos ha estancado y dar paso a una cultura del diálogo», manifestó el Presidente la Nación, Mauricio Macri, al inaugurar las sesiones del Congreso. No explicó cómo favorece al diálogo el hecho de que el oficialismo impulse operaciones patéticas como la de sus «trolls» provocando a los docentes con supuestos «voluntariados».

«Mi principal preocupación es reducir la pobreza. Espero que mi Gobierno se evalúe por el éxito que tengamos en este objetivo», dijo el jefe de Estado, y recordó que recibió «un país donde uno de cada tres argentinos está en la pobreza, es una cifra real que dio el INDEC. Es mucho más que un número, son personas, que mientras estamos en este recinto esperan soluciones concretas». Lo que no dijo es que según mediciones independientes (como la del Observatorio de la Deuda Social de la UCA), llevó la pobreza que el kirchnerismo dejó en casi 29% (a fines de 2015) a más del 33% en la actualidad, con más de un millón de nuevos pobres.

«Las universidades públicas tienen un rol fundamental, por eso aumentamos su presupuesto y las articulamos con el sistema científico», dijo el mandatario, pero no dijo que según los rectores, el aumento de 500 millones no alcanza a cubrir los nuevos importes en servicios tras los aumentos de tarifas realizados por el Gobierno macrista. Tampoco se refirió a los reclamos por los recortes en el Conicet y a la disminución de investigadores.

«Los docentes tienen un papel clave, tenemos que apoyarlos en su tarea», dijo, y no obstante obvió cualquier mención a la absurda operación ideada por los call center de Cambiemos. De inmediato mezcló el tema con uno de sus objetivos de gobierno: bajar la edad de imputabilidad de los menores. «Para cuidar a los docentes les pido que sancionen una ley que agrave las penas para aquellos que los agreden», dijo.

«No creo que a (Roberto) Baradel necesite que nadie lo cuide», quiso ironizar el presidente, en relación al dirigente gremial de los docentes bonaerenses, que poco después radicó una denuncia. De este modo, Macri vuelve a intentar colocar el debate sobre los problemas de la educación en un plano subalterno, menor: coloca a Baradel, un kirchnerista que produce rechazo entre los propios trabajadores de la educación, para no discutir lo verdaderamente relevante. Lo mismo hicieron los funcionarios de Vidal, apuntando a llevar la discusión al plano partidario o electoral, una estrategia tan burda como evidente.

Macri también dijo que hay que «terminar con los patrones culturales que naturalizan la agresión a la mujer», pero no aclaró el recorte en el área específica en el Consejo Nacional de la Mujer, otro de los «errores» que comete el gobierno del PRO, y que siempre, invariablemente, caen para el mismo lado.

Sobre la economía, auguró que «en 2017 va a crecer, estamos trabajando en cuestiones de fondo», pero no hizo referencia alguna a los cierres de pymes y a la pérdida de puestos de trabajo que cotidianamente se verifica por las medidas que toma el Gobierno, como la apertura indiscriminada de las importaciones.

«Corregimos el mínimo no imponible de Ganancias sin caer en el populismo irresponsable», declaró, sin recordar que en realidad fue la reacción unificada de la oposición la que torció el brazo del Gobierno en ese tema y logró una modificación superadora del ahora llamado Impuesto a los Ingresos.

«Un claro ejemplo de que la confianza aumenta es el éxito del sinceramiento fiscal», subrayó, en referencia al blanqueo que superó incluso las previsiones del oficialismo. «Ya se empiezan a recibir las primeras inversiones», recalcó Macri, sin dar detalles.

En relación con el campo, afirmó que «tiene potencial para ganar lugar en los supermercados del mundo. La venta de tractores aumentó 25% en 2016, de cosechadoras, un 54%, y la de sembradoras 80%, y estamos teniendo la cosecha histórica más alta de la historia de trigo y una cosecha récord total de 130 millones de toneladas», expresó. Pero no se refirió a la preocupante situación de las pymes del campo, en especial las economías regionales que enfrentan severas dificultades.

En el discurso, que duró algo más de una hora, el Presidente también hizo referencia a las obras públicas, que «generan trabajo y ponen en marcha el país», y dijo que para el 2019 «esperamos construir 2.800 kilómetros de autopista. Ya hay 1.100 en construcción», enfatizó. «Estamos modernizando los aeropuertos para mejorar la seguridad», añadió. También prometió que a fin de año habrá «25 mil kilómetros de rutas en obras», lo que será «inédito para la Argentina».

Sobre la energía, cuestionó «una década de corrupción y despilfarro», y dijo que 2017 como año de las energías renovables, pero también celebró «el acuerdo de Vaca Muerta (que) nos muestra el camino, donde Nación, provincias, trabajadores y empresas fijamos las condiciones para recuperar el liderazgo y el empuje en nuestra producción de energía y ya se empiezan a recibir las primeras inversiones». Vaca Muerta, que en buena medida depende del precio internacional del petroleo, fue la gran apuesta del kirchnerismo, que lo puso en manos de monstruos internacionales como Chevron, camino que sin duda el macrismo piensa profundizar.

En cuanto a Ambiente, el Presidente dijo que se reabrió la escuela de guardaparques nacionales «y avanzamos en la creación de áreas protegidas», con el compromiso de duplicar «las áreas naturales protegidas». No hizo mención a la penosa gestión del ministro del área Sergio Bergman, quien recomendó «rezar» ante catástrofes como los incendios forestales.

Al hablar de inseguridad, Macri sacó pecho: «Empezamos por reconstruir las estadísticas», que «no teníamos desde 2008″ y se atribuyó la reducción de un 20% la tasa de homicidios en Rosario»: pero la mentira tiene patas cortas. En efecto, en diciembre el ministro santafecino Maximiliano Pullaro anunció que la cifra de homicidios en Rosario tendría una disminución del 25% con relación a lo ocurrido en 2015, y de un 40% en la comparación con 2014. Santa Fe trabajó también con un sistema propio de policías de proximidad en barrios conflictivos. Esos grupos actúan en 13 zonas de Rosario y en 7 de la ciudad de Santa Fe. La visualización del mapa caliente del delito, con referencia a los crímenes más violentos, determina el lugar de operaciones de esas unidades. Poco tuvo que ver el gobierno nacional con ese plan, impulsado desde el socialismo en el Gobierno de Santa Fe, aunque es cierto que existe ahora una mayor integración de fuerzas que en experiencias anteriores.

Nuevamente en este punto el Presidente arremetió con su obsesión con la edad de imputabilidad: «Para que los argentinos puedan vivir más tranquilos debemos trabajar en equipo. Debemos dar un debate serio sobre el sistema penal juvenil», argumentó. Pero el debate dificilmente pueda ser serio si se parte de la baja de la edad. Como bien lo han planteado las juventudes socialistas, lo que es imprescindible es la necesidad de “concretar un sistema penal juvenil y no bajar la edad de punibilidad”.

En otro aspecto y mezclando todo, Macri dijo que el combate al narcotráfico «nos obliga a trabajar en distintos campos, incluyendo la protección de nuestras fronteras. Por eso declaramos la emergencia nacional en materia de adicciones». De nuevo, la improvisación. Lo cierto es que como reclaman los estudiosos más serios del tema, entre ellos el ex secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, quien plantea con claridad que para reducir el poder de las organizaciones criminales, así como la violencia e inseguridad que se deriva de la lucha contra ellas; apoyar y promover las diversas experiencias sobre regulación legal del consumo de drogas, empezando por el cannabis, la hoja de coca y ciertas sustancias psicoactivas nuevas: “Necesitamos políticas que funcionen basadas en datos científicos en lugar de medidas criminalizadoras que nos han llevado a cárceles superpobladas y a graves problemas de salud pública”, dice Annan.

Sobre la justicia, el Presidente dijo creer en «una justicia independiente que dé respuesta rápida a la gente. Estamos avanzando en el plan justicia 2020», planteó. «Necesitamos avances, a más de dos años de su muerte queremos saber qué pasó con el fiscal (Alberto) Nisman y con su denuncia», ejemplificó. Vinculado con esto, habló de la corrupción, «un mal que envicia a lo político», y detrás del cual «hay argentinos sin cloacas y tragedias que se pudieron haber evitado, como la de Once. Hoy la obra pública dejó de ser un sinónimo de corrupción», enfatizó el jefe de Estado. «La corrupción se combate con transparencia e integridad», remarcó. «Quiero que todo sea transparente y abierto y que nadie dude de las decisiones que tome», pero no explicó el desagradable récord que ya ostenta: seis imputaciones en poco más de un año de gestión.

Hasta hoy eran cinco pero se sumó una más, por la adjudicación de rutas aéreas a la empresa Avianca, que en 2016 adquirió la firma Macair Jet, propiedad del grupo económico liderado por Franco Macri. El titular de la Fiscalía Criminal y Correccional Federal Nº1, Jorge Di Lello, decidió investigarlo por la posible comisión de los delitos de asociación ilícita, negociaciones incompatibles, defraudación contra la administración pública y tráfico de influencias.

Sin mencionar ninguna de esas imputaciones, el Jefe del Estado dijo que «la ética y la transparencia no es una obligación del sector público, sino que también compromete al sector privado». Es por eso que le solicitó al Congreso que sancione una ley de responsabilidad empresaria de acuerdo a «los más altos estándares internacionales».

«Por primera vez en años hay un Gobierno que quiere cuidar a los argentinos, a aquellos que están preocupados por la inseguridad y no disfrutan de los afectos. Los momentos más importantes están vinculados con los afectos. Es imposible tomar contacto con las emociones si no podemos pagar las cuentas a fin de mes o no podemos poner comida en nuestras mesas, por eso estoy contento de que hace 15 meses estemos en la dirección se ese país que queremos construir, pero para eso tenemos que convencernos de que somos la generación que vino a cambiar la historia», explicó Macri, en una suerte de prédica motivacional en la que, nuevamente, quedaron afuera los resultados concretos de sus medidas, entre las cuales no hubo ninguna en estos catorce meses de gestión que no impactara de algún modo precisamente en los más vulnerables.

En el discurso del Presidente, el gran ausente fue el concepto de igualdad, al que sus politicas atacan de manera directa, estableciendo una continuidad indisimulable con el gobierno anterior. Mientras cada día cierra una pyme o se reducen puestos de trabajo, mientras cada jornada una familia ve en riesgo su futuro inmediato, otros sectores de la sociedad protagonizan récords de turismo o de consumo.

UNO Y OTRA

En cada inicio de sesiones, la anterior Presidenta daba su particular visión del «país de las maravillas», a lo largo de dos o tres horas. E invariablemente insultaba, cada año, a un enemigo distinto. No es ocioso recordar cuando en 2012 se la agarró con los docentes: «Trabajan cuatro horas, descansan tres meses».

El actual Presidente se tomó solo una hora, pero no le fue en zaga: habló de «Pobreza cero», y en su primer año aumentó en un millón y medio la cantidad de compatriotas bajo la línea de la pobreza; puso como eje el problema narco, cuando en su abordaje del tema mantienen la principal herramienta del negocio narco, que es la ilegalidad (y ni siquiera aceptan discutirla); y habló de diálogo, tolerancia y de «unir a los argentinos», cuando son capaces de idear una opereta de cuarta para atacar a los trabajadores de la educación (su «Game of trolls») o de hacer creer que el problema de la delincuencia tiene algo que ver con la edad en la que un niño puede ser encarcelado.

La anterior Presidenta simulaba ser de izquierda mientras favorecía al capital concentrado y se enriquecía de una manera que no hay modo de justificar.

El actual Presidente, que desde antes de serlo no puede justificar su riqueza, simula que le importa la pobreza cuando todas las medidas económicas que ha tomado han sido para favorecer al capital concentrado.

El principal insulto de ambos, siempre, ha sido a la inteligencia de la ciudadanía. Y a uno y a otra, un montón de compatriotas (por razones que uno debe tratar de entender y hasta de respetar) les hicieron pensar que tienen razón en despreciar así a la sociedad. Pero nada es para siempre.

Foto: Casa Rosada

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Licenciado en Filosofía y Periodista. Integra la cooperativa periodístico cultural El Miércoles, en Entre Ríos. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013). Fue director de La Vanguardia.

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