Sombras tenebrosas: se calcula que un tercio del PBI argentino y la mitad de los que trabajan están «en las sombras»

Se asegura que el 28,6 por ciento del PBI de la Argentina se maneja en negro, es decir sin tributar impuestos y con fondos de origen turbio. A eso se suma que uno de cada tres trabajadores lo hacen en negro, y si se considera a los autónomos el porcentaje crece al 50 por ciento. En el primer año de Macri aumentó el empleo informal en el ámbito Pyme.

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Economía en las sombras (“shadow economy”) , mercado negro, economía que no se ve, economía subterránea, economía informal. Se la conoce por muchos nombres y se la define como el conjunto de empresas e individuos involucrados en negocios que incumplen ciertas obligaciones legales, como el pago de impuestos o condiciones laborales aceptables. La economía en las sombras incluye así a un empleado de un almacén que en otro horario conduce un taxi, a cada electricista que cobra en efectivo sin declarar sus ingresos, a cada trabajadora doméstica cuyos patrones no la han inscripto, a cada producto que se vende sin entregar ticket o factura. Y por supuesto, a cada transacción de sustancias prohibidas en cada esquina sombría.

Cada una de esas actividades son parte de la economía informal, en las sombras, que mueve miles de millones de dólares cada año, con datos que permiten afirmar a algunos observadores que “la economía en las sombras” es ya la segunda economía más grande en todo el mundo. En la Argentina, se calcula que casi un tercio del PBI se mueve en ese subsuelo oscuro.

La «economía en las sombras” es ya la segunda economía más grande en todo el mundo.

EL DOBLE DEL PROMEDIO

Perfil publicó el domingo pasado un informe en el que se indica que el 28,6 por ciento del producto bruto interno (PBI) de la economía argentina “se mueve en las sombras”, es decir que se trata de fondos provenientes de la evasión al fisco, de la corrupción o del narcotráfico. El porcentaje duplica los promedios de los países desarrollados, aunque muestra una pequeña baja desde 2013, en que llegó al 30 por ciento del PBI.

La estimación sobre el peso de la “economía en las sombras” en la Argentina es de Friedrich Schneider, investigador del department de Economía de la Universidad Johannes Kepler de Linz. La comparación de los datos y la consulta al especialista surgen a raíz de un informe del Institute for Applied Economic Research (IAW) de la Universidad de Tübingen, Alemania y que publicó esta semana la revista Forbes.

Con esa cifra, se ubica casi diez puntos por arriba de España y supera cómodamente al país con más economía en negro del mundo desarrollado: Grecia, que tiene 21,8 por ciento de su PBI en las sombras según el informe.

Además de España y Grecia, Italia es otro de los países desarrollados con mayor participación de la informalidad, con un 19,8 por ciento. La “economía en las sombras” (shadow economy en inglés) es definida por el estudio como “la parte de una economía que involucra bienes y servicios que son pagados en efectivo, sin declaración de impuestos y que por lo tanto no son parte del PBI”.

En el otro extremo del cálculo del IAW, Estados Unidos es uno de los países con mayor nivel de declaración. Sólo el 6 por ciento de la economía está en las sombras, según este estudio, que lo deja mejor posicionado incluso que Suiza y Holanda.

«Economía en las sombras»: involucra bienes y servicios que son pagados en efectivo, sin declaración de impuestos y que por lo tanto no son parte del PBI.

LA ARGENTINA SOMBRÍA

Ante la consulta de Perfil, Schneider detalló que en la Argentina “hay una economía subterránea importante. Por lo tanto, se necesitan políticas con urgencia para reducir el tamaño y el desarrollo de la economía en negro”.

Así, un tercio del producto estaría en negro, una estimación que coincide con los cálculos que impulsaron, por ejemplo, el blanqueo de capitales. Según las últimas estimaciones que manejan en el Gobierno, para fin de marzo -cuando venza la tercera etapa de declaración de inmuebles- podrían haberse declarado 120.000 millones de dólares, un 20 por ciento del PBI real, lo que podría alinear a la Argentina con los países de peor desempeño del mundo desarrollado.

“Es extremadamente difícil obtener información precisa sobre las actividades de la economía en negro en términos de valor agregado, porque los individuos que participan en estas actividades no quieren ser identificados. Esto es especialmente cierto en países sudamericanos como la Argentina”, indicó Schneider.

Esa dificultad para obtener cifras confiables la encuentran incluso organismos como el Banco Mundial, que en 2015 presentó una serie de datos en base a la década anterior, donde la Argentina se ubicaba en el puesto 107, con un 25,3 por ciento del PBI en negro, por arriba que Chile, que tenía un 19,3 por ciento, pero mejor que Brasil, que para entonces ostentaba un 39 por ciento de su economía en negro.

En 2015 la Argentina tenía un 25,3 por ciento del PBI en negro, peor que Chile (19,3) pero mejor que Brasil, que ostentaba un 39 por ciento de su economía en negro.

ARGUMENTOS PARA ACHICAR EL ESTADO

En general las explicaciones de los especialistas que reproducen los argumentos ortodoxos relacionan los altos porcentajes de economía en negro con el nivel de impuestos, razonamiento que suelen replicar los empresarios cuando demandan la baja de costos laborales, y que gobiernos de derecha como el de Cambiemos, rápidamente hacen propios, por ejemplo para impulsar la reforma impositiva que el ministro Nicolás Dujovne impulsa desde Hacienda.

Sin embargo, los datos dicen otra cosa, y se puede ver cómo entre los países con menor porcentaje de economía informal, aparecen algunos de los que poseen legislaciones laborales más protectoras y eficaces (como Dinamarca, Uruguay, Australia, Suiza, Noruega o Gran Bretaña).

Por otro lado, el propio FMI contradice en cierto sentido ese mito neoliberal: asegura que las economías sumergidas y la corrupción son un fenómeno de menor alcance en los países con instituciones gubernamentales fuertes, bien reguladas y eficientes. En cambio en economías muy reguladas pero con administraciones ineficaces o débiles, el fenómeno crece. El caso más citado es el de los países ex soviéticos a finales de los 90, con un promedio de economía sumergida que superaba el 50 por ciento del PBI, con niveles récord en el 64 por ciento de Georgia.

El propio FMI contradice el mito neoliberal: asegura que las economías sumergidas y la corrupción son menores cuando hay instituciones gubernamentales fuertes, bien reguladas y eficientes.

LA MITAD TRABAJA EN NEGRO

Por otro lado, también es notable cómo las coberturas periodísticas de los medios principales sobre la economía informal (incluida la de Perfil), soslayan los datos vinculados con el trabajo, que muestra cifras alarmantes si se quiere hablar de economía «en las sombras».

En la Argentina, según los datos oficiales surgidos de las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC), más de 4 millones de personas realizan tareas informales y no cuentan con protección de salud ni aportes jubilatorios.

Sobre unos 12 millones de asalariados privados y del sector público, se estima que uno de cada tres empleados –el 33,1 por ciento de la población laboral– trabaja en la informalidad o «en negro». Y ese porcentaje se eleva a cerca del 50 por ciento si se suman autónomos: según señala el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) un 70 por ciento de quienes trabajan en forma independiente, autónomos y monotributistas no realizan aportes. Así se llega a que casi un 50 por ciento de la fuerza laboral lo hace de manera informal.

«Esta situación se agravó a partir de la década del 90, cuando crecieron los empleos y trabajos informales», explica Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la UCA. El investigador resalta que aquellos que trabajan de esta manera «están desprotegidos tanto en este tiempo actual como en el futuro. No tienen aportes para su jubilación, ante un ajuste son a quienes primeros despiden, pierden aguinaldos y vacaciones».

Entre los sectores más desprotegidos aparecen quienes realizan servicio en hogares y trabajo doméstico. «Si bien se hizo mucho en los últimos años para darle cobertura, pasamos de un 95 por ciento de personas que no estaban registradas a un 80 por ciento que siguen aún sin estar formalizadas».

Donza agrega que también se ve trabajo en «negro» en sectores como la gastronomía, hotelería, comercios, confección textil. «En este último caso se han conocido historias que rozan casi la esclavitud», acota el investigador. Los jóvenes y los adultos mayores son quienes están más expuestos a la informalidad. También las mujeres suelen padecer las implicancias del trabajo en negro, ya que conforman un importante porcentaje de quienes desempeñan tareas en hogares.

“La persistencia de una importante cantidad de trabajadores afectados por esta problemática convierte a la informalidad en el mayor desafío para la gestión de políticas públicas en los próximos años en materia laboral y productiva en la Argentina”, aseguró en un informe reciente la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Los medios principales hablan sobre el tema pero soslayan los datos vinculados con el trabajo, cifras alarmantes si se habla de economía «en las sombras».

MÁS EMPLEO EN NEGRO EN EL PRIMER AÑO DE MACRI

Durante el primer semestre del 2016, según un informe del Instituto de Estudios de Consumo Masivo (Indecom) el empleo en negro creció un 40 por ciento en las pymes y en relación con el año anterior. Los datos surgen de la comparación interanual en un estudio realizado sobre la base de un cuestionario a 816 pequeñas y medianas empresas ubicadas en cinco provincias distintas, incluida la ciudad de Buenos Aires.

El informe muestra que un 29,30 por ciento de las pymes consultadas «reconocieron que durante los últimos seis meses pasaron entre tres y cinco empleados promedio al régimen informal, eliminando las cargas impositivas y tributarias que les correspondían cuando esos trabajadores estaban incluidos en el régimen laboral».

«Además, el 13,30 por ciento de las pymes afirmaron que celebraron con ese mismo promedio de empleados contratos de prestación de servicios trimestrales o semestrales a cambio de exigirles la inscripción en el régimen del monotributo», agregó. El informe puntualizó que «el 32,20 por ciento afirmó que lo hizo para evitar la suspensión de los trabajadores, el 47,60 por ciento para no despedirlos y 20,20 por ciento restante para no llegar al quiebre definitivo».

El titular del Instituto agregó que la sanción de la Ley de incentivo Pyme, que pregona importantes beneficios para ese sector, solo podría ayudar a una mejoría “siempre y cuando esa norma sea acompañada por políticas del Estado que comiencen a despegar los indicativos económicos y fomenten un escenario con menor inflación y mayor consumo que devuelva la confianza y la previsibilidad al mercado laboral».

Lo cual, como es evidente, no parece ser prioridad del Gobierno de Cambiemos, que –como acaba de asegurar el titular del socialismo, Antonio Bonfatti– siempre parecer equivocarse para el mismo lado, y nunca para el lado de las pymes y los trabajadores.

 

En base a Forbes, Chequeado, La Prensa, Política Argentina y Perfil

Foto: Tom Saunders

Redacción de La Vanguardia

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