Trump: entre la demagogia, el racismo y las protestas

Donald Trump asumió como presidente con un discurso demagógico y entre protestas ciudadanas.

 

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Haciendo gala de su clásico discurso nacionalista y de su retórica antielitista, Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos. El magnate, decidido a exhibir la histriónica personalidad que lo llevó a la Casa Blanca, repitió el mantra de su campaña: América First (América Primero). Con dicho eslogan, quedó claro que su presidencia arremeterá contra los inmigrantes y los trabajadores, aunque el se haya proclamado representante de los perdedores del proceso de globalización y crítico de las élites políticas.

En lo que es considerado por todo el mundo como un hecho histórico, Trump realzó un discurso proteccionista y fuertemente demagógico. «El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a ser el gobernante de esta nación» – afirmó el nuevo mandatario norteamericano. Con escenas y gesticulaciones dignas de una tragicomedia, el multimillonario presidente prometió ocuparse de los olvidados del país: «Nunca volveréis a ser ignorados» – sostuvo, combinando gestos adustos y sonrisas.

El magnate, ahora presidente, realzó un discurso proteccionista y fuertemente demagógico

Trump prometió defender las fronteras americanas y priorizar a los trabajadores del país frente a los extranjeros. Además prometió acabar con la «carnicería estadounidense», en referencia a los crimenes cometidos por «pandillas» que, según él, dejaron ciudades americanas «llenas de crimen, pandillas y drogas». Con ello, Trump parece apostar a una política de fortalecimiento de los elementos represivos del Estado.

Además de comprometerse a erradicar el «radicalismo islámico», Trump afirmó estar decidido a combatir a la clase política del país a la que, paradójicamente, ahora pertenece. «Vamos a quitarle el poder a Washington y devolvérselo a ustedes, el pueblo americano» – dijo, incendiando a la población.

Trump prometió defender las fronteras americanas y priorizar a los trabajadores del país frente a los extranjeros.

Alrededor de 800.000 personas acudieron al acto de toma de posesión de Trump. El número es casi la mitad de los que acudieron en 2009 a la asunción Barack Obama.

Las protestas también colmaron las calles. Numerosos ciudadanos decidieron manifestarse contra el presidente electo de Estados Unidos considerándolo racista y xenófobo. La policía comenzó actuando al mejor estilo Trump: infundiendo miedo. Un centenar de personas fueron detenidas tras enfrentamientos con una policía que no dudó en utilizar la fuerza. Numerosos medios decidieron exhibir solo las imágenes de encapuchados, sin mostrar las de ciudadanos de a pie que salieron, con su rostro descubierto a criticar al nuevo presidente.

El de hoy ha sido, sin dudas, un día histórico. Una nueva época comienza para Estados Unidos. Trump ya es presidente. Constituye un verdadero peligro.

 

Información en base a agencias

Redacción de La Vanguardia

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