Sedientas van las bestias

El pueblo de la metrópoli está asustado, temeroso. Los arlequines del miedo han hecho bien su trabajo, destilado tanto odio, les han servido en mano tanto veneno que las masas no pueden más que responder con agravios, gritos y alaridos casi animales ante cada repetición del coctel de miedo. Se fantasea con los rasgos de los que amenazan la confortable vida de los nobles ciudadanos, se cuentan historias que se repiten hasta el hartazgo cada vez más fabulosas, cada vez más sangrientas. ¡Pero cuidado! Estas criaturas son reales y están más cerca de lo imaginable, en esas jaulas que se agitan ante los ojos pavorosos de damas y caballeros.

Como en la antigua Roma se ha montado un coliseo, el emperador convoca al pueblo a una faena de carnes casi sin precedente. ¡El banquete está servido! Esas criaturas, esos otros, pondrán sus cuerpos al servicio de la hipnosis del pueblo.

Y allá van, señoras y señoritos tan civilizados llenos de un odio pestilente con el diferente acuden a las gradas de un espectáculo miserable, llenos de sed, faltos de sangre. Las multitudes vibran, la arena se calienta y los arlequines muestran una vez más sus dotes de grandes animadores. La hora cúlmine se acerca.

Qué importan sus rostros o sus historias, sus débiles cuerpos, si son ellos los culpables de todos los males. Si en esas carnes mal nutridas están los que pretenden arrebatar sus privilegios…

Y entonces se deja ver a la muchedumbre enajenada la silueta de las criaturas, no eran tan grandes ni tan rudas, si hasta alguna era tan debilucha que apenas se aferraba a lo que había conseguido para defenderse. Pero qué importan sus rostros o sus historias, sus débiles cuerpos sosteniéndolos en la arena si son ellos los culpables de todos los males. Si en esas carnes mal nutridas están los que pretenden arrebatar sus privilegios.

La carnicería se desata, el emperador tan impoluto se regocija, una vez más el enemigo tuvo rostro y derramó su sangre para calmar la sed de las bestias.

Todavía repletos de adrenalina, un tanto sobresaltados por la espectacularidad de la barbarie los ciudadanos reposan sus cuerpos en cálidos aposentos con la sensación de sentirse más seguros.

A algunos les costará conciliar el sueño amenazado por la repetición de imágenes espectacularmente desagradables.

A otros por la certeza de ser los próximos designados para encarnar el papel de victimario.

 

Andres Lanaro Lutz

Andres Lanaro Lutz

Militante socialista en la seccional 18 de Rosario. Fue miembro de la Junta Ejecutiva Provincial y Presidente de la Federación Universitaria de Rosario por el MNR.

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