A 129 años del nacimiento de Srinivasa Ramanujan

Se cumplen 129 años del nacimiento del célebre matemático indio.

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Srinivāsa Aiyangār Rāmānujan nació en Erode, India, que en ese momento era un Raj británico, hace 129 años, un día de diciembre -el 22, para ser precisos-  de 1887. Aunque quizás  desconocido por el gran público, fue un matemático autodidacta indio que con una educación académica sumamente heterodoxa, si no prácticamente nula, hizo contribuciones extraordinarias a varias áreas de las matemáticas: análisis matemático,  teoría de números, series y  fracciones continuas, entre otras. Ramanujan desarrolló inicialmente su propia investigación matemática en forma aislada: cuando contaba con alrededor de 11 años le prestaron un libro de trigonometría escrito por S. L. Loney, que llegó a leer y entender por completo con 13 años de edad. En 1903, a sus 16 años, un amigo le prestó una copia de un libro de G. S. Carr, titulado Synopsis of Pure Mathematics, que era una colección de 5000 teoremas y que Ramanujan estudió en detalle. Varios biógrafos atribuyen a este libro haberle despertado el genio matemático a Ramanujan.

A pesar de optar por el autodidactismo,  sus conocimientos fueron igualmente reconocidos: cuando se graduó de la escuela recibió un premio de matemáticas que le entregó el director de la institución, recibió las notas más altas y ganó una beca para estudiar en Kumbakonam, que luego perdió por no ocuparse del asunto. Dedicaba todo su tiempo a las matemáticas. Tras intentar nuevamente ingresar en la universidad, esta vez en Madrás, volvió a fallar -en dos oportunidades- pues, a pesar de destacar en matemáticas, no pudo aprobar el resto de las asignaturas. Esto lo obligó a continuar sus investigaciones por cuenta propia y buscar un trabajo de oficina, que finalmente consiguió tras la gestión de amigos, conocidos y otros matemáticos indios. Es que Ramanujan, a  pesar de trabajar de forma autónoma, nunca perdió contacto con sus colegas: había hecho amistad con un alto funcionario de la Sociedad Matemática de la India y, a raíz de ello, tuvo oportunidad de publicar varias veces en el Diario de la Sociedad Matemática de la India. Este hecho  le granjeó tanto admiradores como detractores. No obstante ello, el clima general era de reconocimiento y sorpresa por parte de la mayoría de sus colegas, que sabían que estaban ante un caso fuera de lo común.

CONTACTO CON LOS BRITÁNICOS

A partir de 1913, Ramanujan comenzó una serie de intentos para contactarse con matemáticos británicos, que ya en ese momento era un importante centro de investigación matemática. Tras algunos primeros escarceos más bien agridulces, donde por ejemplo un profesor de la University College of London, M.J.M. Hill, calificó su trabajo como “lleno de agujeros” (si bien, para ser justos, también tuvo la gentileza de asesorarlo tanto profesional  como formalmente), sus trabajos llegaron a manos de G.H. Hardy.  Hardy,  aunque sospechaba que existía algún tipo fraude en los trabajos de Ramanujan, descubrió rápidamente que había verdadero valor en ellos. Según Hardy: “Estas fórmulas me derrotaron completamente. Yo no había visto antes nada como esto. Una simple mirada resulta suficiente para darse cuenta de que solamente las podría haber escrito un matemático de primera clase. Deben ser verdad, porque nadie puede tener la imaginación suficiente para inventárselas”. Tras examinar los cuadernos que le había enviado Ramanujan, consultó la opinión de su colega Littlewood y, tras quedar convencidos de que se trataba de un genio singular, decidió invitarlo a Cambridge. Tras algunas idas y vueltas (generadas principalmente por la oposición de sus padres), Ramanujan aceptó viajar a Cambridge, lo cual abrió uno de los capítulos más bellos de la historia de las matemáticas, tanto por la fructífera colaboración profesional, como por la amistad que se generó entre ambos. Tanto es así que el propio Hardy declararía años más tarde que su mayor aporte a las matemáticas había sido descubrir a Ramanujan, lo cual significó también -según sus propias palabras- “el único incidente romántico de mi vida”.

Ramanujan pasó casi cinco años en Cambridge colaborando con Hardy y Littlewood, y publicó una parte de sus hallazgos allí. Ramanujan es famoso por registrar sus descubrimientos en unos cuadernos,  que aún se conservan: dos de sus cuadernos los escribió en Madrás, India.  El primero, con 351 páginas; el segundo, con 56 páginas. Existen también un tercero, con 33 páginas y un cuarto, descubierto años después. Hardy y Ramanujan tenían personalidades totalmente contrapuestas. Hardy era ateo y un férreo defensor de la prueba y el rigor matemático, al punto que se le atribuye haber introducido el rigor en la matemática británica, mientras que Ramanujan era un hombre profundamente religioso y se apoyaba fuertemente en su intuición. Durante la estadía de Ramanujan en Inglaterra, Hardy lo ayudó a llenar las lagunas de su educación sin romper su inspiración, ni interferir con su estilo de trabajo. Y obtuvo resultados: fue galardonado con lo que hoy llamaríamos un PhD, sus investigaciones fueron publicadas como documentos en las actas de la London Mathematical Society, fue el segundo indio en ser nombrado miembro de la Royal Society, en 1918, y también en ese mismo año, fue elegido miembro del Trinity College, esta vez, siendo el primer indio en lograr tal mérito.

Durante su corta vida, Ramanujan fue capaz de compilar casi 3900 resultados. Casi todos sus hallazgos se han demostrado válidos -Hardy demostró varios de ellos-,   si bien algunos ya eran previamente conocidos y, otros, incorrectos.

Aquejado de problemas de salud durante toda su vida y lejos de su hogar, el estado de Ramanujan empeoró en Inglaterra, hecho que algunos atribuyen al estrés, la escasez de su dieta vegetariana durante la Primera Guerra Mundial y una disentería contraída en su India natal y probablemente no bien tratada. Fue diagnosticado de tuberculosis y de una deficiencia vitamínica grave, y fue internado en un sanatorio, en Kumbakonam, en 1919, donde murió poco después a la edad de 32 años en 1920.

En 2015 se estrenó una película basada en la vida de Ramanujan, “El hombre que conocía el infinito”, basada, a su vez, en un libro homónimo de 1991 de Robert Kanigel.

 

 

 

Esteban Sargiotto

Esteban Sargiotto

Licenciado en Letras y periodista. Es colaborador especial de La Vanguardia.

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