Macri miente, el relato simplifica

Una pequeña crónica de las mentiritas presidenciales en tierra entrerriana.

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El viernes pasado, alrededor de las diez de la mañana, el presidente Mauricio Macri llegó en helicóptero al balneario municipal Arenas Blancas, en Urdinarrain. Allí inauguraría un puente con el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet (Frente para la Victoria) y el intendente de la ciudad, Alberto Mornacco. El jefe comunal pertenece a Intransigencia Popular, un partido vecinal descendiente del ya extinto Partido Intransigente.

No había nadie en las playas aparte de los custodios presidenciales y de la policía entrerriana. Llegó en trafic hasta el puente a inaugurar (“el más largo de la provincia”) y se encaminó hacia donde lo aguardaban las autoridades provinciales, con todo preparado para el acto. Detrás de una valla, intendentes, funcionarios entrerrianos y periodistas a los que no se les permitió el acceso “por estrictas razones de seguridad”. Un poco más atrás estaban los concejales de Urdinarrain y, detrás de ellos, el público que había llegado tempranito.

En la breve ceremonia hablaron el Presidente (apenas cinco minutos) y el gobernador, que estaba parado a su derecha, mientras a su izquierda, se quedó sin hablar el intendente de la ciudad cuyo nombre, Urdinarrain, le costó horrores a Macri pronunciarlo.

“Hemos puesto lo que hay que poner, buena fe, vocación, honestidad, la verdad como un valor fundamental para impulsar lo que estamos haciendo”, dijo Macri.

Un valor fundamental, dijo. La verdad.

ALUMNO APLICADO

El Presidente sigue demostrando ser un alumno modelo de Jaime Durán Barba, el ideólogo de campaña con sus recomendaciones para candidatos. En el manual que distribuyó en las elecciones, podía leerse entre los primeros puntos: “Contar historias (con nombre, apellido y localidad) de gente común que haya conocido durante la campaña”.

Macri, ya como Presidente, sigue fiel a las consignas de su consejero:

“Hoy Miguel, experto en nueces pecán, que son las más ricas de todas, o Roberto, o Luis, o Leonardo que están en agricultura, en ganadería o en lácteos, me decían que (gracias a este puente) van a poder pasar su producción y en ese camino podremos ir hacia la pobreza cero”.

Pero el dato no pasó desapercibido: ¿cómo hizo Macri para hablar con Miguel, Roberto o Luis, si del helicóptero fue directo al puente, sin desvío ni demoras?

¿Cómo era eso de “la verdad, un valor fundamental”? Bueeeeeno. Son mentiritas piadosas.

Otra recomendación del manual: “No importa hablar de propuestas, importa emocionar a la gente que está escuchando, mostrar a los candidatos humanos, cercanos.”

“El futuro pasa por el desarrollo de cada pequeño y mediano productor, así va a crecer la Argentina, si cada pequeño se transforma en mediano, y cada mediano se transforma en grande, y ahí nos van a ayudar a crecer a todos”. Así, mágicamente. Eximiendo de impuestos a las grandes mineras, reduciendo retenciones, liberando importaciones, como en una suerte de relato mágico, se producirá la felicidad de todos.

Cualquier parecido con la teoría del derrame de los años neoliberales, corre por cuenta del relato macrista.

“Acabamos con los años de las mentiras. Lo más importante que hoy estamos recuperando, es que una obra se empieza y se termina. La empezamos juntos y la terminamos juntos”.  El intendente Mornacco, que empezó las gestiones por el puente doce años atrás, no podía creer lo que escuchaba. Pero no pudo aclarar: ni siquiera lo dejaron hablar.

De nuevo, un valor fundamental… a veces.

La obra se inició en 2013, une dos departamentos entrerrianos (Gualeguaychú y Tala) e incluye el enripiado de 50 kilómetros, alcantarillas, badenes, entre otros.

Tras la breve ceremonia, el presidente abordó la trafic. Sentado en el asiento delantero, y acompañado por algunos de sus funcionarios, apenas levantó la mano para saludar a una veintena de simpatizantes de Cambiemos que tampoco pudieron llegar hasta el lugar del acto.

Las mentiritas de Macri no tienen importancia, porque lo verdaderamente relevante es lo otro: el derrame que viene, la felicidad que el neodesarollipopuextractivismo macrista nos promete.

Las mentiritas de Macri son piadosas, no son graves como las del kirchnerismo, relativizan sus seguidores. No tiene importancia, dicen, que ningún productor pueda haberle dicho nada de eso al Presidente porque no habló con nadie desde el helicóptero hasta el acto. Tampoco tiene importancia, dicen, que a la obra no “la empezamos y terminamos juntos” sino que empezó en 2013, cuando Macri aún era candidato, y tras años de gestiones del intendente, que no pudo abrir la boca.

No tiene importancia, porque lo verdaderamente importante es lo otro: el derrame que viene, la felicidad que el neodesarollipopuextractivismo macrista nos promete.

Eso sí: en el peronismo gobernante hubo algo de polémica porque Macri agradeció a Bordet (el más macristas de los ex kirchneristas que gobiernan provincias argentinas) diciendo: “Gracias Gustavo por el esfuerzo que hacés en tu gestión como gobernador, no te ha tocado una fácil, yo siempre hablo de que recibimos un país quebrado, y lamentablemente vos como gobernador recibiste una provincia en la misma situación”.

El ex kirchnerista Bordet, que “recibió una provincia en la misma situación”, asintió con la cabeza. Resulta que el que le dejó “una provincia en la misma situación”, Sergio Urribarri, preside la Cámara de Diputados, y su hijo, Mauro, es ministro de Gobierno de Bordet. Urribarri y su familia, paradojas del peronismo entrerriano, son parte de la herencia kirchnerista recibida por el más macrista de los kirchneristas.

PAREN DE FUMIGAR

Macri se fue rápidamente de Urdinarrain, esa ciudad de nombre impronunciable según el primer mandatario. Al día siguiente el helicóptero presidencial descendió a unos 40 kilómetros, en Larroque, ciudad más conocida, por ser el pago chico de Yabrán. Cerca de las 10 de la mañana los vecinos del club Central Larroque lo vieron bajar en la cancha.

Mientras la aeronave se reabastecía de combustible, Macri, con dos custodios, recorrió algunas calles de Larroque. Se detuvo en un kiosco a comprar caramelos y luego realizó un timbreo para tomar contacto con los vecinos y preguntarles “qué podemos hacer para mejorar nuestro gobierno”. Algún vecino sorprendido alcanzó a tomarse una selfie.

Otro vecino, integrante de un grupo ambiental local, improvisó una protesta: Luis Andreatta, joven chef larroquense, preparó un cartelito en contra del monocultivo de soja e increpó al Presidente. “Le caí con una pancarta a encararlo y manifestarle que paren de fumigarnos que nos estábamos muriendo de cáncer. No estuvo ni un minuto sacándose fotos y escuchándome cómo lo agitaba… con diplomacia pero con bastante ira a la vez. Se subió a la camioneta y se fue. Y en ese momento yo toqué la banda también porque se me acercaban unos lindos monigotes”, contó Luis.

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Pero tampoco tiene importancia, dirán los asesores del Presidente. Esas son exageraciones de algunos fundamentalistas, dirán. Con un poco de buen uso se corrige, dirán. También la lavandina tiene sus riesgos si se abusa, dirán. Y siempre habrá algunos efectos colaterales del derrame, dirán.

Y en eso también son tan pero tan parecidos a los anteriores.

Aunque esas mentiras, de piadosas, no tengan nada.

Igual que las anteriores.

 

Foto: Diario El Argentino

 

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Director de La Vanguardia. Licenciado en Filosofía. Periodista. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013).

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