Las vacaciones más cortas de mi vida

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El 19 y 20 de Diciembre de 2001 estuve en el lugar menos indicado: Punta del Este. Parece un chiste pero no lo es. Dada la situación del país, estaba trabajando a destajo como editor de la Revista Veintitrés y en televisión -todos los días- en el programa Detrás de las Noticias. Jorge Lanata había viajado al exterior y continuábamos al aire Ernesto Tenembaum, Marcelo Zlotogwiazda, Adrián Paenza y yo. La información era tan caliente y variada en ese fin de año que el programa que iba después del noticiero de América tenía un rating inusitado para un ciclo de periodismo político. Yo no había tomado vacaciones ese año y, de acuerdo con mis compañeros, decidí irme una semana en Uruguay ese diciembre. Vi el estallido social por televisión, y luego la represión. Parecía una película. Los pocos turistas que estaban en el hotel estaban aterrados. Fueron las vacaciones más cortas de mi vida. Regresé a Buenos Aires dónde se desarrollaba el acto final del gobierno de Fernando De la Rúa.

Contar sucesos tan violentos -murieron 30 personas en la represión policial, hubo innumerables saqueos y desmanes- es muy triste. Ya me había tocado como cronista de radio narrar el estallido que precipitó el traspaso de mando anticipado entre Raúl Alfonsín y Carlos Menem. Otra vez políticas equivocadas, operadores irresponsables, funcionarios venales e ineptos, conspiradores de toda calaña, los mismos financistas de la crisis y las mismas víctimas. Hoy algunos funcionarios claves de aquel gobierno que forman parte del actual gabinete nacional. También algunos referentes de la oposición que tuvieron roles relevantes en esos días. Algunos ejecutores del desorden siguen con su capacidad intacta. Pueden mover sus músculos al mejor postor. Eduardo Duhalde, que luego se convertiría en Presidente, aseguró que en esas jornadas el país estuvo a punto de una guerra civil. No lo sé. Lo que es indudable es que se impuso -y no sólo en Argentina- una nueva manera de desalojar del poder a un presidente con mandato constitucional: la agitación callejera. Fernando De la Rúa carecía de virtudes de mando. Ya le había entregado su gobierno a Domingo Cavallo y aceptado aplicar un feroz plan de ajuste, con recortes y endeudamiento. Su renuncia reveló que ya no eran los militares, en exclusividad, los que podían desalojar a un presidente del poder. El gran desprestigio se los impedía. Todavía hoy cargan con una sombra de sangre.

Los que ganan con las crisis económicas y sociales siempre son los mismos. Los sectores más perjudicados y las víctimas siempre salen del mismo lugar.

Quince años después del diciembre rojo se extendieron los llamados golpes blandos en base a decisiones parlamentarias en procesos de cuestionable transparencia. Cambian los modos pero no los actores. Los que ganan con las crisis económicas y sociales -aunque no tenga aquella magnitud- siempre son los mismos. Los sectores más perjudicados y las víctimas siempre salen del mismo lugar. Profundizar la justicia social, la equidad y la libertad es el mejor antídoto que una democracia puede ofrecer para que los fantasmas del pasado se diluyan en el aire.

Reynaldo Sietecase

Reynaldo Sietecase

Poeta, narrador y periodista. Conduce Guetap en Vorterix y es analista político en Telefe. Obtuvo seis premios Martín Fierro por su labor periodística, dos premios Éter y el premio Tato por su tarea en televisión. Es autor de las novelas "Un crimen argentino" (Alfaguara, 2002) y "A cuántos hay que matar" (Alfaguara, 2010) y el libro de relatos "Pendejos" (Alfaguara, 2007).

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