Cambiemos o el valor en la continuidad: el recuerdo de los héroes del ‘50

David Fernández recuerda a la gloriosa selección de básquet del ’50 y hace un llamado de atención

los_campeones_mundiales_de_basquetbolRecientemente fueron noticia o, más bien, rebotaron por distintos medios, las declaraciones del Secretario de Deportes de la Nación, el ex jugador de fútbol Carlos Mac Allister. En ellas comentaba sobre las chances de que se le retirasen sus becas a los seis maratonistas -récord para Argentina- que representaron al país en los últimos Juegos Olímpicos, al mismo tiempo que cuestionaba su rendimiento en esta competición.

Que se baraje la posibilidad de retirar el apoyo estatal a una disciplina de esta manera demuestra una clara ignorancia del funcionamiento del desarrollo en los deportes de alto rendimiento. El progreso y el éxito en estos se construye como una cadena, manteniendo procesos como si de eslabones se tratase. Un corte en este ciclo puede ocasionar que la situación de la disciplina retroceda de forma brusca.

En ese sentido el señor Secretario bien haría de recordar la historia de uno de los deportes más emblemáticos de la actualidad en el país: el básquet.

Hasta mediados de los ‘50, Argentina podía vanagloriarse de encontrarse cara a cara, en cuanto a preparación y talento, con las principales potencias basquetbolísticas del mundo. Esto se debía, entre otras cosas, a una línea que podía trazarse entre las grandes figuras del deporte nacional. Jorge Canavesi había sido el primer prócer del baloncesto argentino, descollando en Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque. Este club era toda una potencia en el deporte porteño. Miembro de la difunta Federación Argentina de Básquet, había sido uno de los pocos del medio local en construir una cancha específicamente para la práctica de este deporte. En aquel entonces los torneos de la liga se jugaban en canchas de tenis de polvo de ladrillo, algo hoy extraño pero que era tan común que había ocurrido en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

Luego de su retiro, Canavesi había tomado las riendas del club porteño y de la selección nacional, viajando incluso a Europa durante un tiempo a estudiar distintos tipos de entrenamiento y tácticas. Y en ambos lugares, en el combinado nacional y en el equipo de barrio, tuvo la suerte de descubrir y entrenar a su heredero: un pivot descendiente de irlandeses nacido en 1927 llamado Oscar Furlong.

Furlong se transformó en la gran figura de una generación notable de jugadores que poblarían la selección nacional en los años siguientes. Canavesi, conociéndolo del club, lo llevó a los Juegos Olímpicos de Londres 1948 con tan solo 21 años de edad.

Allí deslumbró al mundo, especialmente en el partido en que Argentina se encargó de hacerle la vida imposible a los Estados Unidos: los claros favoritos a ganar el torneo. Aprovechando una gran capacidad para mover el balón entre los distintos jugadores, el cuadro nacional consiguió llenar de faltas tempranamente al quinteto inicial estadounidense, por lo que tuvieron que recurrir más de lo deseado a sus jugadores suplentes. Los sudamericanos atacaban de forma coordinada, mientras que su rival tenía cada vez más problemas a la hora de ordenar su rotación. La estrategia de los EEUU era realizar sustituciones por unidades. En lugar de reemplazar solamente al jugador cargado de faltas o a quien estuviese cansado, ubicaban en cancha formaciones completas, quitando así del juego a todos los que estuvieran disputando el encuentro antes. Esta rigidez táctica les complicaba las cosas en una situación así. Los favoritos tampoco estaban acostumbrados a que sus rivales magnificaran cada foul, fingieran recibir agresiones y cuestionaran absolutamente cada una de las decisiones arbitrales como hacían los argentinos.

Faltando tan solo tres minutos para la finalización del partido, el resultado era un empate en 55. Pero Estados Unidos consiguió anotar cuatro puntos seguidos y a partir de allí solamente hicieron la plancha para conseguir una victoria ajustada por 59 a 57. Los argentinos habían quedado a tan solo una canasta de empatar con el mejor equipo del mundo.

Tras esta competición, a Furlong le llovieron ofertas para jugar en la principal liga profesional norteamericana, la incipiente NBA. Los Minneapolis Lakers le llegaron a enviar un contrato para que firme y se sume a su plantilla. Sin embargo, volverse profesional significaba no jugar ni en Villa del Parque ni en su selección nunca más, por lo que prefirió volver al país. Esa decisión, junto al apoyo oficial, lograron construir la tan mentada continuidad.

Esta se vio premiada en 1950. La FIBA decidió crear un Campeonato Mundial propio, por fuera de los Juegos Olímpicos que se disputaban cada cuatro años. Por la cercanía de la Segunda Guerra Mundial se decidió que el primer Mundobasket se disputase en América. Y como Argentina había realizado un gran papel en los Juegos de Londres, y contaba con una política de fuerte apoyo al deporte, se le dio la posibilidad de organizar el evento. Allí el seleccionado local dio la sorpresa al vencer en la final a los Estados Unidos. El equipo norteamericano no era en sí un seleccionado como los que iban a los Juegos. En su lugar habían enviado al plantel de los Denver Chevrolets de la AAU, es decir uno de los mejores equipos del país, pero así y todo era un momento fundacional para el baloncesto internacional. Y en el campeón, el jugador más destacado fue Furlong, quien fue goleador y jugador más valioso de la competición. Luego de esto, Argentina conseguiría dos platas en los Juegos Panamericanos del ‘51 y el ’55.

Como campeones mundiales, Furlong y compañía clasificaron directamente a los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Allí consiguieron un destacado cuarto lugar. Quedó para la anécdota en parte el partido por el bronce entre Argentina y Uruguay. El clásico rioplatense fue todo lo picante que se esperaba. Disconformes en general por los arbitrajes (Uruguay tenía dos jugadores sancionados por golpear a un referí), fue un encuentro con mucho más roce del que permitía el reglamento. Esto era sorprendente para el público europeo, aunque no parecía nada extraño a quien estaba acostumbrado a los enfrentamientos entre ambos en otro tipo de competiciones como el fútbol. En varios momentos, incluso, los jugadores estuvieron a punto de terminar a los golpes, teniendo que intervenir la policía finesa para separarlos. En el final, Uruguay terminó asegurándose el bronce con una victoria por 68 a 59.

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Como decíamos, Argentina se había transformado en una potencia en parte gracias a la continuidad de talento que a su vez se encargaba de transmitir enseñanzas generación a generación, como había ocurrido con Canavesi y Furlong. Lamentablemente este círculo virtuoso se cortó luego del golpe de estado de 1955. El gobierno militar decidió castigar a los miembros del plantel campeón de 1950, incluyendo a Furlong. Interpretaban que el equipo de baloncesto había manifestado cierta cercanía con el gobierno peronista, período durante el cual habían conseguido sus logros. La manera de castigarlos subrepticiamente fue denunciar que habían aceptado como premio una licencia para importar un auto, algo que era considerado un pago. Esta argucia provocó que los jugadores dejaran automáticamente de ser considerados amateurs: siendo “profesionales” ninguno pudo disputar ningún partido más en la selección.

Semejante boicot del gobierno al programa basquetbolístico nacional hirió al deporte al punto tal que la selección paso de estar en el primer nivel internacional a no volver a jugar unos Juegos Olímpicos hasta 1996. La expulsión de los jugadores derivó, por ejemplo, en que Furlong se decantase por la práctica del tenis, donde también tuvo una buena carrera a nivel nacional, y eventualmente se transformó en el capitán del equipo de Copa Davis del país entre 1966 y 1977, consiguiendo llegar a semifinales de esta competencia por primera vez en la historia.

Fue necesaria solamente una decisión del gobierno para borrar de un plumazo todo lo construido por Canavesi, Furlong y compañía.

Fueron necesarias cuatro décadas, una cantidad enorme de trabajo y la creación de la Liga Nacional, para que Argentina empezase a recuperar su lugar en el mundo, lo cual derivó, como todos sabemos, en la Generación Dorada y la medalla en Atenas 2004.

Esperemos que el señor Mac Allister tenga conciencia real de las consecuencias que pueden tener este tipo de decisiones.

Redactada en base al libro “Historia del Básquetbol en los Juegos Olímpicos” del autor

David Fernández Vinitzky

David Fernández Vinitzky

LICENCIADO EN CIENCIAS POLÍTICAS Y EDITOR DEL SITIO DEPORTIVO "NO INVENTAMOS NADA NUEVO"

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