Kuczynski solo conserva media sonrisa

Diversos escándalos complican al presidente peruano. El fujimorismo aprovecha. 

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Pedro Pablo Kuczynski, el presidente de Perú, ya no sonríe tanto. Triunfó, lo recordarán, por un exiguo margen sobre Keiko Fujimori, sin generar ninguna otra expectativa que la que ya planteaba: un gobierno tecnocrático, ubicado a la derecha pero que no ofrecería respuestas positivas para las grandes mayorías ciudadanas. Se preveía, sí, un gobierno menos corrupto que el que podía llevar a cabo Keiko, hija del célebre Alberto Fujimori, el hombre que, durante la década del noventa, hizo de Perú un país enchastrado -no solo de corruptelas sino también de la sangre vertida en la llamada «lucha antiterrorista»-.

El triunfo de Kuczynski en segunda vuelta electoral por un escaso 0,25% de los votos, le permitió la sonrisa momentánea. Después, claro, llegó la hora de gobernar. Y allí cuentan las mayorías parlamentarias. La señorita Keiko tiene 73 de los 130 parlamentarios, es decir, cuenta con una mayoría suficiente para trabar diversas propuestas gubernamentales.

El triunfo de Kuczynski en segunda vuelta electoral por un escaso 0,25% de los votos, solo le permitió la sonrisa momentánea.

En un principio todo pareció marchar muy bien. Los fujimoristas, que habían empezado criticando duramente el resultado electoral pretendiendo desconocerlo, comenzaron a mostrarse más pactistas. Aprobaron el gabinete ministerial de Kuczynski y dieron el buen visto al pedido de facultades extraordinarias del gobierno para legislar sobre algunas materias sensibles.

Ahora, sin embargo, el millonario banquero que maneja los destinos de Perú, está complicado. El fujimorismo empieza a arremeter contra él, contra sus errores y contra los desaciertos de su gestión.

Primero, se descubrieron conversaciones telefónicas de Carlos Moreno, un asesor de Kuczynski, quien afirmaba que estaba a punto de hacer un «negociazo» con el Servicio Integral de Salud.

Después, salió a la luz el escándalo del Ministro de Defensa, Mariano González. ¿Su error? Él lo explica mejor que cualquiera: «Contraté a mi mujer como asesora pero no he cometido un acto de corrupción sino un hecho de amor».  Está todo dicho.

Ahora, ha llegado el turno de la cartera de educación. El ministro Jaime Saavedra está en el punto de mira de la oposición fujimorista y del Apra, que lo acusan de ineficiente y deslizan posibles hechos de corrupción. Entre las críticas está su papel en la Ley Universitaria de 2014, que planteó una nueva política en torno a las exigencias de calidad. Pese a que el gobierno de Kuczynski está claramente escorado en el centro-derecha, no son pocos los que apuntan que las críticas del fujimorismo en esta materia se vincula a fortalecer una óptica neoliberal en el terreno educativo. El lobby de las universidades privadas puede estar detrás de este intento de tumbar al ministro Saavedra.

Asesdiado por la oposición, Kuczynski tiene que tomar definiciones. Puede plantear una moción de confianza para su ministro, o bien puede cambiarlo y comenzar a establecer modificaciones en el gabinete. Si el Congreso se negase a apoyar el pedido de confianza para Saavedra, el presidente puede disolver el Parlamento y convocar, una vez más, a elecciones legislativas.

Por ahora, lo único claro es que Kuczynski está en problemas. Y a la oposición fujimorista se le dibuja una sonrisa.

 

Información en base a Terra y El País.

Mariano Schuster

Mariano Schuster

Jefe de Redacción de La Vanguardia y editor en Nueva Sociedad (www.nuso.org). Es columnista del suplemento ideas del diario La Nación y colaborador de Panamá Revista.

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