Un año de Macri: hasta los economistas de la derecha reconocen que los trabajadores perdieron

Un informe en el tradicional diario conservador La Nación refleja quiénes ganaron y quiénes perdieron en el primer año de Macri.

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En un informe titulado «El modelo cumple un año: quién ganó y quién perdió con Macri en el poder», se refleja la concepción que impera en el Gobierno, que basa su «éxito» en algo que ya conocemos bien: la teoría del derrame.

La nota lleva la firma de Pablo Fernández Blanco y describe las principales medidas tomadas por Mauricio Macri cuando faltan horas para que se cumpla un año de gestión.

Tras reseñar las posiciones favorables y las palabras laudatorias, pero también algun reclamo de los representantes de los sectores concentrados del capital, como lo son el presidente de la Sociedad Rural (SRA), Luis Miguel Etchevehere, y el referente de la Unión Industrial Argentina (UIA) Juan Urtubey (hermano del gobernador ex kirchnerista y hoy en proceso de mutación), la nota de Fernández Blanco sugiere «armar una lista de ganadores y perdedores».

El el primer campo, el de los ganadores, anota a la minería, «el campo» (así, en general como si en la ruralidad todo fuera lo mismo), las empresas a cargo de los servicios públicos y la venta de inmuebles, a los que suma las energías renovables, calificándola como «el primer boom inversor de la actual gestión», sin ningún dato que respalde esta última afirmación.

Del otro lado, entre los perdedores, «hay una nómina que se puede resumir en un denominador: todas las actividades que dependen del poder adquisitivo del salario, quizás el indicador más universal de la economía que fue afectado negativamente en la gestión de Macri».

A continuación el informe comienza a reseñar opiniones de diferentes voceros, todos ellos proclives a la mirada de los sectores del poder, como Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein (quien era, recuérdese, el asesor principal en economía del frustrado candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli). Dice esta economista: «La decisión política fue favorecer la inversión; la contracara fue desfavorecer el consumo. Hasta el año pasado el consumo se sostenía por el desbarajuste de precios relativos y con el ancla en las tarifas. La inflación estaba por debajo de los aumentos salariales. Este año ocurrió lo opuesto», explica.

Etchevehere, por su parte, esquiva el mote de «el gran beneficiado de la era Macri»: «No nos beneficiaron. Nos pusieron en igualdad de condiciones con otros sectores. ¿O la industria, los bancos y el comercio pagan retenciones?», se defendió.

Una de las primeras medidas del Gobierno, en diciembre del año pasado, fue la eliminación de retenciones a las exportaciones de trigo, maíz, girasol, carne y productos de economías regionales (las de la soja bajaron de 35 a 30%). Sumada a la quita de cupos para exportar y a otras decisiones macroeconómicas como la caída del cepo cambiario, esa medida le dio impulso al sector y este año habrá casi un millón de hectáreas más de trigo y otras 800.000 de maíz. Según Etchevehere, el campo beneficia a otros sectores. A modo de ejemplo, sostuvo que «el vehículo más vendido del año es la Toyota Hilux, más que el Gol». Otro dato que no mencionó el periodista de La Nación ni tampoco recordó el ruralista –acusado judicialmente de tener mano de obra semiesclava en su producción– es que uno de los pocos rubros cuyas ventas crecieron en 2016:  según el Indec, entre julio y septiembre, la facturación del sector alcanzó los 5.147,6 millones de pesos, lo que significa un incremento del 148,2 por ciento en comparación con el mismo lapso de 2015.

También generó polémica la eliminación total de retenciones para el sector minero, al que en febrero se le quitaron los derechos de exportación. La nota incluye la precaria defensa de Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara de Empresarios Mineros (CAEM): «La quita de retenciones le devolvió competitividad a la Argentina y el mensaje del Presidente de incorporar a la minería como uno de los pilares productivos generó en los inversores internacionales una expectativa muy grande», sostuvo. Lo cierto es que esa expectativa no se tradujo en nuevas inversiones hasta el momento, en un rubro que genera gran resistencia no solo por el hecho de que no genera ingresos relevantes para la sociedad argentina, sino también porque no se tiene presente el enorme, incalculable costo a futuro que implica el daño ambiental que produce, costo que de tenerse en cuenta haría insignificantes los supuestos «beneficios» por mano de obra, e incluso por retenciones si se repusieran (como lo establece el proyecto de modificación de Ganancias recién aprobado en Diputados). El macrismo, en este aspecto, corrió totalmente el arco: si hasta 2015 los pueblos y ciudades afectados por la mega minería contaminante habían comenzado a logar hacer pública la discusión acerca de la necesidad de que las poblaciones sean quienes decidan acerca de la instalación de estas multinacionales, ahora hemos retrocedido a un punto en el que el debate es meramente si deben pagar retenciones…

Otros de los ganadores del primer año de Macri son las empresas multinacionales que tienen a su cargo los servicios públicos. Empresas como Edenor, Edesur, Gas Natural Fenosa o Metrogas, mejoraron sus ingresos y corroboraron la voluntad del Gobierno de recomponer su ecuación económica, incluso condonándoles millonarias deudas a cambio de promesas de inversión.

El sector energético, en el área de las energías renovables –segmento al que no se le dio ninguna relevancia durante los periodos de la presidencia de Cristina Kirchner– fue relanzado con la puesta en marcha de una megalicitación, que se promete como «boom de negocios», cuyos ganadores tendrán un contrato en dólares a 20 años, un ajuste de 1,7% interanual y garantías.

La nota de La Nación también incluye al sector inmobiliario entre los que tienen motivos para celebrar. La salida del cepo cambiario, en diciembre del año pasado, liberó el acceso a la moneda de cambio con la que se opera en el sector de real estate. En agosto, por caso, la cantidad de escrituras creció 43,9%.

«El saldo desfavorable con el que quedaron varios sectores de la economía está vinculado con la caída de la capacidad de compra del salario, el gran vapuleado del año», dice la nota.

LOS PERDEDORES

En cambio «el saldo desfavorable con el que quedaron varios sectores de la economía está vinculado con la caída de la capacidad de compra del salario, el gran vapuleado del año», dice la nota. Y agrega, mostrando la nula importancia que tiene la calidad de vida de los trabajadores y jubilados para los economistas del establishment: «Es que el bolsillo es uno de los grandes satélites que mueven las aguas de la economía. Las billeteras flacas golpearon las ventas de productos de consumo masivo y de electrodomésticos. Los empresarios del rubro se lo plantearon al ministro de Producción, Francisco Cabrera y a su equipo. Les respondieron con una pregunta: «¿Prefieren tener un consumo real o ficticio?», en referencia a los hilos de la economía que solía mover con mayor frecuencia el kirchnerismo. Aún están pensando la respuesta».

Para los economistas del sistema, salarios y jubilaciones solamente tienen jerarquia en función de «mover las aguas de la economía».

«Los primeros tres trimestres fueron atípicos. Las ventas en volúmenes cayeron entre 6 y 7%, pero las consultoras hablan de caídas de entre 3 y 4% en lo que llamo la leche y el pan [el rubro alimentos y bebidas]. En un año recesivo, la brecha entre consumo masivo y de bienes durables es corta», explicó el presidente de Frávega, Marcelo Padovani.

Los supermercados se quejan más fuerte. En las jornadas del sector que se hicieron el 16 de noviembre en La Rural, el presidente de La Anónima, Federico Braun, lo resumió en una frase: «Es un mal momento para el supermercadismo. El balance del tercer trimestre está entre los peores de los últimos cuatro años». Los números lo avalan: en septiembre, las ventas de alimentos, bebidas y otros artículos de uso cotidiano se derrumbaron 7,3% en unidades respecto del mismo período de 2015, por lo que el consumo masivo acumuló nueve meses seguidos con números en rojo, según datos de la consultora CCR, especializada en consumo.

«La caída del salario real les molesta más a los sindicalistas», dice el autor de la nota. El secretario del Sindicato del Seguro y miembro del Observatorio Económico y Social de la CGT, Jorge Sola, repasó los números que maneja la central gremial. «Hasta fines del gobierno de Cristina [Kirchner] los asalariados participaban del 31% del PBI. El otro 69% se lo repartían entre propietarios de tierra y del capital. El famoso 50/50 del que hablaba Moreno [Guillermo, ex secretario de Comercio Interior], nunca existió y cada vez se iba deteriorando más. Hoy, la participación ha caído notablemente».

Sola menciona como gran problema la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, porque «las paritarias no pueden alcanzar lo que la inflación va comiendo de forma notable. Tenemos la inflación más alta de los últimos 10 años». Según el dirigente, «el promedio de la paritarias cerró en 35% [se firmó en tramos, por lo que el aumento anualizado es menor]. Si proyectamos la inflación, tenemos que el salario perdió 11,5% del poder adquisitivo [esa cifra es mucho mayor que los cálculos de consultoras privadas y del Gobierno]».

BALANCES TUERTOS

El problema central, se haga el balance que se haga, son aquellos aspectos que claramente no son errores del Gobierno de Macri sino clara evidencia de su concepción de las cosas. Es decir, el eje de su pensamiento: la idea de que hay que lograr es que las grandes empresas concentradas ganen mucho (mucho más incluso que lo que se llevaban con el kirchnerismo, que ya era mucho) porque de ahí derivará un «derrame» que «ayudará a todos».

Esa concepción es la que explica que sus primeras medidas fueran liberar las retenciones de las mineras, «aflojar la presión» tributaria a las corporaciones, condonarles deudas a las multinacionales que tienen en sus manos los servicios públicos, todo eso mientras todas ellas (y el propio Gobierno) ajustan para abajo. Eso, sumado a la descontrolada toma de deuda, que, como acaba de advertirlo Lavagna y hasta Melconian (que es funcionario de este gobierno) «si se sigue tomando deuda a lo loco», termina en colapso.

A esa película, para usar un lugar común, ya la vimos varias veces, y ya sospechamos cómo puede terminar.  Por eso el problema con el macrismo no son sus errores o su improvisación, sino su cosmovisión.

 

Américo Schvartzman

Américo Schvartzman

Licenciado en Filosofía y Periodista. Integra la cooperativa periodístico cultural El Miércoles, en Entre Ríos. Autor de "Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa" (Prometeo 2013). Fue director de La Vanguardia.

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